JOSÉ HERRERA: “EL JUGADOR URUGUAYO TIENE QUE JUGAR Y DEJAR EL RESTO”

Por Federico Zugarramurdi

 

A pesar de contar con una larga y exitosa trayectoria profesional, el “profe” de la selección uruguaya de fútbol, José Herrera, mantiene el perfil bajo. Entre sus logros más importantes se encuentran el ser campeón de América con Peñarol y Uruguay, y de Argentina con Boca cuando el xeneize atravesaba once años de sequía. Desde el Nasazzi hasta San Siro, ha recorrido los campos de Uruguay, Argentina, Colombia, España e Italia. Antes de viajar a Estados Unidos para vivir su cuarta Copa América conversó con Túnel sobre los cambios en la preparación física, el rol de la tecnología, y su relación con Óscar Washington Tabárez.

 

 

Nació en Paso de los Toros (Tacuarembó) hace sesenta años y aunque se vino a estudiar a la capital hace más de cuarenta no perdió el acento de su pueblo natal. “Me vine con dieciséis años a estudiar Educación Física siempre con la idea de volver. Pero después de recibirme empecé a trabajar en Montevideo y me quedé”, cuenta en tono calmo y pausado. No obstante, asegura que se sigue considerando “hombre del interior” y se identifica mucho con su pueblo.

Su cadencia al hablar y su mirada firme pero serena es muy similar a la del técnico de la selección nacional con quien comparte ruta hace más de treinta años. Siempre pensó en estar vinculado al fútbol y no se imagina haciendo otra cosa. Jugó en la Liga Isabelina incluso cuando estudiaba en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF). “Iba los fines de semana –que ya me permitía llevar ropa a lavar– y me ganaba algún pesito con los partidos”, recuerda.

 

¿Sigue manteniendo algún vínculo con el pueblo?

Sí. Ahora menos porque mis padres ya fallecieron. Pero tengo hermanos allá todavía a los que voy a visitar. La mayoría de los amigos ya los tengo acá [en Montevideo], aunque todavía me queda algún amigo de la infancia allá. Siempre que puedo voy. Tengo un vínculo con el entorno. Me gusta mucho el río, ir a pescar, a acampar. Entonces siempre que tengo la oportunidad nos juntamos y vamos para allá.

 

¿Cómo fue venir a la capital solo y tan chico?

Sentí el desarraigo que suelen tener los estudiantes del interior que vienen a estudiar a la capital. Tuve la suerte de venir a vivir a un hogar de estudiantes de Educación Física que venían del interior. Vivimos casi cuarenta estudiantes en una casa y nos autogestionábamos. Y como todos compartíamos la misma problemática del desarraigo el extrañar no se hizo tan duro.

 

Estudió en el ISEF justo al comienzo de la última dictadura. ¿Cómo fue? ¿Le tocó algún profesor militar?

No recuerdo haber tenido algún profesor militar. Había más que nada en la Comisión Nacional de Educación Física. Los profesores estaban muy controlados. Se sentía un ambiente de control, sobre todo, sobre los estudiantes. En el hogar de estudiantes sufrimos allanamientos nocturnos. El hecho de estar casi cuarenta estudiantes en una casa era motivo de sospecha y de control.

La casa que teníamos como hogar era la de Carlos Gardel que está en Carrasco, en la calle Pablo Podestá. Cuando llegábamos del ISEF éramos controlados porque en esa época cualquiera que anduviera con bolsito quedaba bajo sospecha.

 

¿Hay algún curso de preparador físico para fútbol o ya obtenía esos conocimientos en el ISEF?

Dentro de la carrera teníamos una especialización en un deporte a elección. Yo elegí fútbol y me especialicé en esa área. Al año siguiente de recibirme hice el curso de entrenador de fútbol.

 

¿Lo hizo pensando en ejercer como entrenador o como complemento a su formación de preparador físico?

Lo hice porque quería seguir especializándome en fútbol. Siempre me gustó la preparación física. Lo hice como una especialización más, como seguí haciendo luego muchos cursos, pero nunca pensé en dirigir.

 

¿Cómo fueron sus comienzos en el fútbol?

Mi primer trabajo fue en un club, en AEBU. Después trabajé en la filial de Carrasco de la ACJ y mi primera vinculación con el fútbol fue en las inferiores de Bella Vista cuando Washington [Tabárez] agarró de coordinador de las juveniles.

 

¿Lo conocía?

El técnico de la primera de Bella Vista era Miguel Basílico, un argentino que hizo una gran campaña, y el preparador físico era Jorge Paz, hijo de Aníbal Paz (arquero de Nacional y de la selección uruguaya, campeón del mundo en 1950). Jorge me conocía del Instituto, sabía que yo estaba especializado en fútbol, y me conocía del hogar de estudiantes. Y cómo Washington necesitaba un profe me fue a buscar.

Era el año 80. Teníamos la cuarta división, la quinta y la sexta. Washington era el coordinador de todas las juveniles. Fue mi primer vínculo con el fútbol y también la primera experiencia de Washington –que todavía seguía trabajando como maestro en esa época–.

 

Y esa dupla siguió en varios clubes…

Prácticamente siempre. Hubo algunos períodos que no. Por ejemplo, en Bella Vista llegó a la primera Raúl Betancur y yo estuve un período con él. Después se fue a Wanderers y me llevó al año siguiente. Es decir que en ese período no trabajamos con Washington. Pero después prácticamente siempre. Porque después él fue a Wanderers y nos volvimos a encontrar.

Después también en el período de la eliminatoria para el Mundial del 90, estábamos en Colombia y se vino a dirigir a la selección mayor.

 

¿Por qué no participó de ese proceso?

Estábamos en el Deportivo Cali y lo fueron a buscar para trabajar con el profe [Esteban] Gesto. Por la campaña que había hecho Gesto con las juveniles y Washington por la campaña que había hecho en Peñarol. Entonces en ese período nos separamos también.

 

¿No le dieron la opción de conformar su propio cuerpo técnico?

No. Cuando vino el profe ya estaba. Y él ya vino a trabajar con Gesto. No tenía opción de formar el cuerpo técnico.

 

¿En ese período se quedó en Colombia?

No. Terminamos el contrato y me vine. Trabajé unos meses con Osvaldo Giménez que había empezado a trabajar en Huracán Buceo. Hasta que me reencontré con Washington en Boca Juniors.

La última vez que no trabajamos juntos fue antes de agarrar en la Selección, que veníamos de dirigir un segundo período en Boca, cuando él se apartó un poco de la dirección y empezó a reflexionar sobre el fútbol uruguayo y a armar el proyecto.

Ahí me vino a buscar Gustavo Matosas, al que conocía de Peñarol de su época como jugador, y lo acompañé un par de meses en Rampla, después en Danubio hasta que en marzo de 2006 empezamos con el proyecto de la Selección.

 

¿Dónde les resultó más cómodo trabajar?

Nos sentíamos más cómodos trabajando con equipos. Después empezamos a adaptarnos y a aprender a trabajar con selecciones. Me sentí muy cómodo en Argentina: los dos períodos en Boca y uno en Vélez. Y en España. Más que nada porque no necesité adaptarme a otra lengua.

Cuando fui a Italia tuve que aprender a los golpes la lengua y me costó muchísimo la adaptación. Principalmente el primer año. En España, a pesar de que no nos fue bien deportivamente con el Oviedo –nos salvamos del descenso en la última fecha–, me sentí muy a gusto. Ellos querían que nos quedáramos. Pero Washington ya estaba con un vínculo en la FIFA; con un compromiso para ir a un mundial juvenil al año siguiente, y no seguimos.

 

Decía que se sentían más cómodos en equipos que en selección. ¿Cuál es la diferencia entre entrenar a uno y otro?

Es mucha. Yo les digo a los jugadores que ellos tienen que tener una comunicación permanente conmigo porque no les conozco la historia de entrenamiento. Y cuando vienen a la selección están una semana conmigo. En caso de torneos un poco más. El entrenamiento es un proceso, no podés hacer un entrenamiento si no sabés cómo viene cada jugador.

Mientras que en un equipo vos sabés la periodización, el proceso del entrenamiento, en qué período van, si vienen de una semana de carga... Acá me tengo que preocupar de saber la historia competitiva de cada uno de ellos. Sé los minutos que han jugado, la cantidad de partidos y si han tenido semanas normales. Me tengo que informar con ellos qué fue lo que hicieron, qué ejercicios trabajaron. Porque, de repente, les planteo un ejercicio nuevo que les puede traer algún dolor. Entonces es más difícil.

 

¿Les plantea ejercicios para que hagan cuando están en su club?

Eso también lo hacemos. Pero me refería a cuando planteo ejercicios en el complejo. De repente es algo nuevo y se sienten. Entonces hay que ser muy cautelosos en la carga del entrenamiento y tener una comunicación permanente con el jugador. Y acá día a día para saber cómo sintieron el trabajo.

 

¿El contacto es siempre con el jugador o también con los cuerpos técnicos de los clubes?

Ha habido algunos pero no siempre. Es más difícil con los cuerpos técnicos, a no ser que sea un cuerpo técnico conocido.

 

¿Como con el profesor Óscar Ortega del Atlético Madrid?

A Ortega lo conozco. Somos amigos desde hace muchos años. No habría dificultad. Pero, por ejemplo, previo a las Copas América, a los mundiales les mando un trabajo para hacer seis semanas antes. Porque considero que a fin de temporada, que es cuando tenemos los torneos más importantes para nosotros, el jugador ya viene con una temporada arriba y con una dinámica en la carga del entrenamiento que ha ido bajando. Se ocupan más por el mantenimiento de la forma para jugar el domingo. Pero no en seguir edificando o sosteniendo esa forma porque se termina la temporada y ellos quieren el máximo rendimiento ahí, lo que pase después no les importa.

El temor nuestro es que el jugador se nos caiga después del fin de temporada que es cuando lo agarramos. Entonces le planteamos algunos trabajos para mantener la forma deportiva en dos pilares: los trabajos aeróbicos y los de fuerza. Por supuesto que le decimos que se lo planteen a los cuerpos técnicos para que ellos les den el aval de realizar ese complemento. Sería poco ético que yo les mandara de acá un trabajo cuando ellos están jugando semana a semana partidos importantes.

 

¿Tuvo algún entredicho con los cuerpos técnicos por estos ejercicios?

No. He tenido distintos tipos de respuesta. Me ha pasado que algún profe le ha dicho que no “porque el entrenador quiere que estemos bien el domingo” y no quieren meterle ningún tipo de carga durante la semana. Otros me han dicho que ellos siguen trabajando en esos aspectos que les planteo. Y otros que sí, que lo hagan. Algunos no los pueden hacer porque están jugando domingo-miércoles-domingo sucesivamente y es imposible meter algún tipo de entrenamiento de los que les mando.

 

Y con algunos, por ejemplo Diego Forlán, que además tienen preparador físico propio ¿Habla con ellos?

No. Lo hablo con el jugador para saber qué hicieron. Con Diego teníamos una comunicación permanente y sabía lo que había hecho. Generalmente eran trabajos complementarios. Cuando se superponían los trabajos, por ejemplo, coincidían los trabajos de fuerza, yo le decía que no los hiciera acá.

 

¿Es común que los jugadores tengan su propio preparador físico o son casos excepcionales?

No. Lo que tienen ahora son algunos profes que los siguen en trabajos de recuperación o complementarios. Por ejemplo, hay algunos que tienen historia de lesiones, de operaciones, y tienen que hacer rutinas de tonificación permanentemente. Y en la dinámica de la preparación de un equipo se les puede dedicar poco tiempo cuando ellos necesitan más.

Pero no es lo más habitual. En general, los que tienen una rutina los hacemos venir antes del entrenamiento para que la hagan acá.

 

¿Hay diferencias en la preparación física según las características genéticas del jugador?

No. La preparación física específica para el fútbol es la misma. Ahora con las comunicaciones se ha globalizado la preparación, se sabe lo que se está haciendo en todos lados. En algunos lados trabajan más lo que es la fuerza. En Brasil le ponen una especial atención, por ejemplo. En otros lados lo dejan a criterio del jugador. En Europa, sobre todo los clubes que han seguido al Barcelona, están haciendo lo que se conoce como “periodización táctica” que hace hincapié en el trabajo de situaciones de juego.

 

Entonces, ¿también influye la idiosincrasia de los países?

Claro. En Colombia, por ejemplo, se trabaja mucho con situaciones de juego. No existe la preparación física sin pelota. En España, está esta movida de la periodización táctica pero hay algunos que se alinean a eso en forma radicalizada. Es decir, como que es lo único que existe. Y no. Hay tantos métodos de entrenamiento como preparadores físicos. Y todos son válidos.

Coincido en un montón de cosas con la periodización táctica y en otras no. Por ejemplo, en el hecho de no tener una sistematización de los trabajos de fuerza no estoy de acuerdo. Yo considero que tiene que haberla, por previsión, por preparación.

 

Mencionó que ahora se ha globalizado la preparación física, ¿por qué entonces a los equipos uruguayos les cuesta tanto la doble competencia?

Creo que es por nuestra posición geográfica. Estamos lejos de todo. Si fuera una doble competencia en que los partidos internacionales fueran en Argentina o en el sur de Brasil... Pero acá cada vez que tenemos que salir de visita son cinco horas a Perú; ni qué hablar Ecuador o Colombia que prácticamente te lleva un día entero.

 

Eso es igual para todos los clubes de Sudamérica…

Y les ha de costar también. Y me podrás decir “pero ahora los colombianos están en semifinales y son de Medellín”. Pero les tiene que costar también porque en esto no hay magia. Los tiempos de preparación, hoy por hoy, son en todos lados igual. Empezás la pretemporada y a los quince días estás jugando un torneo internacional.

 

En el resto del mundo se juegan en promedio cincuenta partidos. El Barcelona salió campeón de Europa y de la Liga en 2014-2015 casi sin rotar el plantel, mientras que acá parece que si juegan dos semanas seguidas de doble competencia ya tienen que elegir pelear por el torneo internacional o el local.

Creo que el jugador uruguayo no puede ahorrarse ningún partido. Tiene que jugar y dejar el resto en cada partido. A Nacional en esta oportunidad lo vi sortear muy bien la doble competencia.

 

Pero a costa de rotar mucho el plantel en el ámbito local, y cuando no lo hizo vinieron las lesiones.

Es cierto, coincidieron algunas lesiones últimamente. Ahora lo vemos en Nacional, pero en todos lados hay lesiones por la carga de la doble competencia. Inclusive en Europa. Basta mirar a los grandes equipos que tienen planteles riquísimos, con todos jugadores de selección –no sólo los once titulares–, y todos tienen jugadores lesionados.

 

Hablaba de que el jugador uruguayo no se ahorra nada en ningún partido. A nivel juvenil nos ha pasado de que hemos hecho primeras fases de campeonatos muy buenas pero el rendimiento merma en las etapas finales. ¿Tiene que ver con ese desgaste?

El futbolista se va adaptando a la densidad del partido pero en el fútbol uruguayo, en la interna, se juega muy poco. Vivimos del período de preparación. Tenemos uno a mitad de año y otro a fin de año. En todos lados nos duplican el número de partidos y jugar seguido requiere acostumbramiento. El futbolista juvenil juega aún menos que el mayor porque tiene menos competencia. Y menos competencia significativa, es decir, partidos internacionales o partidos importantes.

Acá los futbolistas juveniles, sacando los que están en la selección que juegan partidos internacionales, ¿cuántos partidos importantes juegan en el año? Incluso pasa con los cuadros grandes: Los partidos importantes son casi exclusivamente cuando juegan entre ellos. En los demás partidos se van acostumbrando a un ritmo de juego, de exigencia. Uno se exige en la medida que lo necesita. Uno no regala nada. Y si al futbolista le alcanza con ganar no se va a exigir más. Eso va poniéndole un techo, un límite, al rendimiento.

 

En los últimos años se ve mayor prevalencia de lo físico, se están extinguiendo los creadores de juego que jugaban casi parados.

Creo que el fútbol cambió mucho. Es más intenso, más veloz.

 

¿Fue a raíz de un cambio en la preparación física?

En parte fue la preparación física. Pero también ahora se juega con mucha intensidad.

 

Da la impresión de que se corre más ahora que antes.

No. La media se mantiene entre los diez-doce kilómetros por partido que eran los mismos que corrían hace veinte años. La diferencia está en las carreras de alta intensidad, en el ritmo. Las carreras de alta intensidad han aumentado y se juega a mucha más velocidad. Pero el fútbol se está jugando así. Cambió el ritmo con el que se juega y se tiene que entrenar de esa forma. Ahora se marca muchísimo más.

 

La selección uruguaya se caracteriza por un juego de gran despliegue físico, intenso, de presión, a diferencia de otros equipos que tienen mayor posesión. ¿Cambia la preparación de acuerdo a cómo juegue el equipo?

En el fútbol mundial hay dos valencias principales: la velocidad y la potencia. Y cada vez tienen más predominio. No digo que jugadores que no sean veloces, potentes o resistentes a la alta intensidad no puedan jugar al fútbol porque hay muchos talentosos que lo hacen. Pero cada vez les va a costar más.

La alta intensidad, la velocidad y la potencia son aspectos decisivos en nuestro perfil de futbolista para la selección, en lo que refiere a la parte física. Porque por supuesto que lo principal es el futbolista, su riqueza técnica, su capacidad de adaptación táctica. Pero dentro del área física, esas tres cosas están muy por encima de otras que se consideraban antiguamente como la altura o la fuerza cuando te decían “mirá que es grandote” o “no sabés cómo mete pata ahí en el medio”.

 

¿Qué papel juega la tecnología en la preparación física?

Hay dos aspectos. Uno es el seguimiento que hacemos en competencia. Durante los partidos evaluamos las carreras de alta intensidad de los jugadores. Son un parámetro del nivel de la forma física en que se encuentran. Que el jugador empiece a perder forma no significa que de los doce kilómetros que corría, corre diez u ocho. Sino que de los tres que corría a alta intensidad, ahora está corriendo menos. Puede que siga corriendo los doce pero en vez de correr tres a alta intensidad está corriendo 1.500 metros.

Controlamos eso porque nos da una idea del estado del jugador en ese momento y del estado de forma para el siguiente partido. Porque en las Eliminatorias tenemos dos partidos en pocos días.

Otro aspecto: aparte del seguimiento de las carreras de alta intensidad que hacemos partido a partido, los que hacen los reportes nos dicen en los entretiempos cómo está corriendo cada jugador. Es decir, si un jugador tiene una media de tres mil metros –porque ya tenemos una historia de seguimiento– y en el entretiempo nos dicen que ya se comió dos mil, tenemos que abrir los ojos. Es un dato que tenemos que avisarle al entrenador: “Mirá que tal jugador posiblemente en el segundo tiempo se nos quede”. O capaz que está en un estado de forma en que supera su promedio o haga un récord propio. Pero es un elemento de información a tener en cuenta.

 

¿De dónde obtienen esa información?

Nos la dan en un reporte unos profes argentinos que vienen para los partidos. Es importante para ese partido pero también para el siguiente. Porque podemos saber si está corriendo dentro de su media o mucho menos y posiblemente para el próximo partido por eliminatoria a los cinco días esté en un declive físico.

Ahora con los GPS también tenemos la posibilidad de saber esos datos en los entrenamientos y nos ayuda a manejar la carga de trabajo. Si planteamos un trabajo y vemos que nos pasamos un poquito, al día siguiente podemos regularlo.

 

 

 

“El pan mío de todos los días”

 

¿Cómo es la relación con Tabárez después de tantos años trabajando juntos? ¿Se limita sólo a lo profesional?

Hace 35 años que trabajamos juntos. Hay una gran afinidad personal, de afecto, de muchos años. Conozco a su familia y él a la mía. Yo era soltero cuando lo conocí y ahora tengo más de treinta años de casado y tres hijos. Pasaron cosas que son importantes en la vida de una persona y de las que hemos sido testigo uno del otro a pesar de que no nos vemos nunca fuera de lo que es el ámbito de trabajo, o muy pocas veces.

 

¿Que los dos fueran docentes ayudó en algo al trabajar juntos?

Sí. Porque en lo que es la conducción del grupo manejamos los mismos criterios: tratar de convencer y no imponer, el respeto hacia el jugador o hacia el educando. Hemos coincidido en esos valores de docente.

 

¿Se limita a asesorarlo sólo en la parte física o también opina sobre aspectos tácticos?

En la parte táctica no. Pero le doy toda mi opinión sobre cómo veo al jugador, cómo está mentalmente. En eso tengo absoluta libertad y me ha permitido, quizás, sentirme realizado. Porque todos tenemos un futbolista dentro y nos gusta el fútbol por encima de lo que es la preparación física en particular. Vivo del fútbol pero también me gusta mirar fútbol. Vivo mirando fútbol. No por interés profesional sino de disfrute, de recreación. Con Washington tengo esa libertad de opinar y de decirle lo que me parece. Por supuesto que generalmente no me da pelota [risas].

 

Durante el año, cuando no se entrena la selección o hay competencias, ¿qué hacen?

Siempre que hay una selección juvenil trabajando en el complejo estamos acá supervisando e intercambiando opiniones con los cuerpos técnicos. Estamos acá, en la convivencia diaria. Prácticamente no tenemos un período en que no nos veamos porque estamos siempre acá. En enero cuando no hay sudamericanos sub 20 –una vez cada dos años– es cuando hay un período en que está cerrado el complejo porque no viene nadie. Pero generalmente siempre hay actividad acá.

 

Mirando a futuro, ¿se imaginan cuándo o cómo va a terminar este proceso? ¿Manejan algún plazo?

Me lo han preguntado y siempre digo que estamos apuntando al Mundial de Rusia. Y estamos enfocados en clasificar al Mundial. Después de eso no lo tengo claro. Ya llevo más de treinta años en el fútbol profesional, ya tengo sesenta años… Pero por ahora sólo pienso hasta el 2018. Después veremos cómo estoy.

 

¿Tiene ganas de hacer otra cosa?

No. Otra cosa no. Me gusta esto. Me gusta estar en la cancha. Inclusive sufro cuando estamos acá haciendo otro tipo de actividades con los juveniles, mirando, supervisando. Me gusta estar dentro de la cancha y pensar el próximo entrenamiento. En cómo me fue en el de hoy. Ese es el pan mío de todos los días.

 

 

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