FÚTBOL Y TENDENCIAS

BISABUELO Y DECANO

Por Martín Otheguy

 

Hacía más de medio siglo que los socios y vecinos del club de bochas Uruguay tenían que soportar la discusión entre sus dos miembros más ancianos y ganadores. A la mayoría, que ya estaba harta, le tenía sin cuidado la verdad, pero no era ese el caso de los más recalcitrantes seguidores de los dos implicados: Francisco Reyes y Abdón González. Francisco era un caballero de origen inglés nacido supuestamente antes de comienzos del siglo XX, bajo el nombre de Frank Railways, mientras que Abdón era un viejo criollo que vio la luz algunos años después. O algunos antes, según de dónde se mirara el asunto. Los partidos entre ambos habían despertado en su época fanatismo dentro y fuera de fronteras, ya que su manejo sin igual de las bochas los había llevado a ser grandes exponentes en el continente. Ahora, la edad y el desgaste de un mundo que había avanzado más rápido que ellos los había limitado a los campeonatos internos, lo que no era precisamente lo que les insumía todas sus energías.

Ambos discutían por comprobar cuál era el más viejo, algo que los demás competidores –que hacían lo posible por disimular los años– no comprendían. Abdón aseguraba que Francisco no había nacido en el año en que decía y que usaba un documento de un primo inglés, el verdadero ganador de los primeros torneos de aquella época de la que ya no quedaba nadie vivo. Francisco decía que simplemente se había cambiado el nombre y mostraba documentos para probar su identidad. Los dos se habían hecho una camiseta que decía “Decano”. Los dos se enorgullecían por todos los medios posibles de su condición de ancianos decrépitos. Los dos llamaban a amenazar a los periódicos vecinales que osaban darles una u otra edad según las versiones de cada cual. Los dos se contactaron con el máximo organismo internacional de las bochas para que resolviera al respecto, que les comunicó que tenía cosas mucho más importantes que hacer, como evitar el procesamiento de toda su cúpula directiva por corrupción (incluyendo al ex presidente de la Asociación Uruguaya de Bochas).

Cuando Francisco tuvo al fin su casa propia (con cancha incluida) y un grupo de vecinos quiso poner una placa en la puerta reconociendo todos sus años de trayectoria deportiva, los simpatizantes de Abdón quisieron elevar el caso al Parlamento. En un país serio el tema de la vejez de dos deportistas jamás podría llegar a esta instancia, pero por suerte para Abdón y Francisco no era ese el caso de su nación, que dio curso a la petición.

Ambos hicieron todo para volverlo un tema de interés nacional. Vecinas que recién se enteraban del asunto querían entender de qué se trataba, y cuando les explicaban que dos ancianos centenarios se peleaban por comprobar quién era más viejo se daban vuelta y se iban a ver la telenovela de la tarde. En su afán por demostrar quién era más anciano se esforzaron por mostrar pruebas evidentes del paso del tiempo, como la demencia senil, sordera y miopía, que llevó a que los más chicos comenzaran a superarlos en el terreno que hasta entonces dominaban. Se olvidaron tanto de la salud que una buena mañana, en un enfrentamiento hipertenso, Francisco y Abdón cayeron secos sobre la cancha de bochas, víctimas de un infarto cerebral que puso fin a una época. Todos se alegraron aquel día de tener algunos años menos. Especialmente la nueva generación de apasionados de las bochas, que ese mismo día copó la cancha para dedicarse a jugar, lo único que realmente les interesaba.

 

 

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