ENTRE LA CÁBALA Y EL MITO

LA MAGIA EN LA CULTURA DEL FÚTBOL

Por José López Mercao

 

A los 43 años Fabricio Vomero sigue jugando al fútbol, una pasión que no lo abandona pese a su trabajo como psicólogo y a ser máster de antropología. Esto lo hace una figura apropiada para hablar del pensamiento en el fútbol, particularmente el que se expresa en las cábalas.

 

 

 

¿Además de tu actividad profesional, siempre has jugado al fútbol a nivel amateur?

Sí, empecé en el baby fútbol de Central de Montevideo y luego en Central de Tacuarembó en juveniles. Cuando vine a estudiar, jugué en el Rangers de la Liga Universitaria y hasta ahora en el fútbol de padres en la Liga Colegial.

Nunca trabajé sobre fútbol en materia antropológica a nivel universitario. Eso se debe a que soy un fanático, juego al fútbol a nivel senior, disfruto mucho, y creo que pensarlo en términos científicos me haría cuestionar ese goce. Lo quiero mantener como actividad de disfrute, no de pensamiento. Sigo prefiriendo el fútbol en su espíritu amateur. Allí está ausente la dimensión comercial y sus reglas, que evidentemente las impone.

 

¿Cómo funcionan las diferentes categorías de pensamiento en el fútbol? Nos preciamos de ser racionales, pero creo que el fútbol está impregnado de magia y de cábala. Es difícil que un jugador o un técnico no las tenga y en ese sentido es famoso Hugo Bagnulo.

Bagnulo era muy amigo de mi abuelo, incluso tenía una foto suya en una pared de su casa. Mi abuelo jugaba en Central, y Bagnulo estuvo vinculado a esa institución. La última vez que lo vi fue en la cancha de La Luz y don Hugo, que era una gloria del fútbol uruguayo, estaba sentado atrás de un arco, sobre una piedra, con un pañuelito en la cabeza porque había un sol tremendo. Sólo en Uruguay pasan esas cosas. Era un grande del fútbol, un gran estratega y a la vez un cabalista incomparable.

A propósito de esas particularidades de Uruguay, la gente de la FIFA hizo un informe sobre el baby fútbol y –por una circunstancia azarosa– pudimos dialogar. Cuando les dije que era psicólogo y antropólogo me propusieron hacer una nota para reflexionar sobre la dimensión futbolística de Uruguay, que es inexplicable para otros países, sobre todo teniendo en cuenta las dimensiones poblacionales, y para explicarse cómo el fútbol atraviesa las clases sociales, la política, atraviesa todo. Es que en Uruguay hay una enorme cultura de fútbol, que el niño recibe incluso desde antes de nacer, porque existe en los clubes la dimensión del hincha intrauterino. Aquí el niño nace y el primer regalo es una pelota, una camiseta de fútbol. La adhesión a un equipo de fútbol es algo que se le transmite al niño al nacer, como el nombre y la nacionalidad. Se puede cambiar en muchas cosas, pero es difícil que alguien cambie de club de fútbol.

 

¿Cómo se va generando esa cultura del fútbol?

Un padre que lleva a su hijo a practicar empieza a reprimir el uso de la mano y a estimular el uso del pie, de ciertos movimientos y articulación, que tienen que ver con el desarrollo de una musculatura propia para el fútbol. Pero no sólo eso, sino que le incorpora una serie de decisiones de carácter que el fútbol requiere. En nuestra cultura del fútbol hay cosas innegociables, como la actitud y las ganas. El jugador puede tener carencias en todas las áreas, tanto las técnicas como las físicas, pero no puede tener carencias temperamentales.

Cuando los turistas pasan frente a las canchas se paran a mirar, sacan fotografías, filman. Les debe parecer algo “bárbaro” hacer jugar así a niños pequeños. Pero ellos, ya desde muy chiquitos, adoptan el aprendizaje de cómo moverse dentro de la cancha, de la utilización de las reglas. Además, esa cultura del fútbol estimula y desarrolla una inteligencia especial y espacial, una particular forma de leer situaciones y tomar decisiones a gran velocidad. A su vez, esa cultura impone un lenguaje, una forma de hablar, un vocabulario y también una ética de comportamiento.

 

¿Esto es patrimonio de las clases populares o se da en todos los niveles?

En todos. Jugué años en la Liga Universitaria. Es una liga muy seria y por allí pasan jugadores que podrían haber jugado en primer nivel y en muchos casos no lo hicieron porque eran gente de clase alta o de clase media, sectores sociales para los que el fútbol es muy excluyente.

Cuando me recibí de psicólogo, tuve la oportunidad de trabajar en juveniles con la selección uruguaya, de 2000 a 2003, y allí conocí muchas cosas que pasan en el primer nivel y muchos técnicos con un pensamiento mágico enorme, cabalistas.

No recuerdo mucho al detalle sus cábalas pero sí el peso que tenía en ellos la noción de “mufa”. Había jugadores “mufa”, hinchas “mufa”, directivos “mufa”: los veían venir, los asociaban a perder y los querían alejar.

Muchos jugadores tenían objetos a los que asociaban con la suerte. Recuerdo uno que cuando jugaba llevaba sobre el pecho la foto de su padre, ya muerto. Había formas de entrar a la cancha, actitudes como tocarse un testículo o recurrir a ciertos gestos para conjurar la suerte. Cuando los zapatos eran nuevos, se escupían. Sin embargo, esto es algo de lo que nadie quiere hablar, porque divulgar los secretos de la magia le hace perder eficacia. Las cábalas son absolutamente personales, incluso algunas inconfesables. Hablar exorciza el efecto mágico. Incluso es de muy mal gusto indagar sobre las cábalas. No se acepta la interpelación de la lógica. Alcanza con que funcione.

 

¿Es efectiva la magia?

Creo que hasta cierto punto sí, ya que más allá que la realidad no funcione de acuerdo a la imposición de ese deseo, tiene efectos prácticos, en cuanto asegura al individuo que puede, de algún modo, interferir en la realidad.

Jacques Lacan, psicoanalista francés inspirado en el budismo, decía que el hombre tiene tres pasiones: el amor, el odio y la ignorancia. Como que de algún modo quiere ignorar lo real. El pensamiento mágico pretende controlar esa zona de la realidad. Desde el punto de vista racional nos dicen que lo real se impone al individuo más allá de sus deseos. O sea, que donde el pensamiento racional dice “no se puede hacer nada con lo real”, el pensamiento mágico dice: “Sí, se puede”.

 

¿Esto tiene que ver con algunas características del fútbol uruguayo?

Son mitos y es difícil detectar de dónde vienen, pero creo que deben estar en el origen de nuestro fútbol. En lo que fue su primera gesta, en los Juegos Olímpicos del 24, en semifinales, Uruguay estaba perdiendo con Holanda. El 9 de Uruguay* pateaba y el golero del rival sacaba todas las pelotas, hasta que descubren que tenía en el fondo del arco un conejo embalsamado. En un embate el 9 patea al conejo y lo destruye. A partir de ese momento vienen los goles uruguayos. El mito que se construyó a partir de eso es determinante. Le cortaron el ritual mágico al golero holandés. Me hago la película del holandés viendo al conejo destruido e imagino cómo se le vino el mundo abajo, porque si lo tenía allí es porque le otorgaba un valor mágico. Sobre esas historias se construyen los mitos, que siguen operando a lo largo del tiempo.

Empecé a estudiar antropología después que leí a Lévi-Strauss y me pareció impactante. Siempre tomé de él la idea de cómo determinadas instituciones permiten que cada individuo defina su humanidad a través de ellas. No importa si es el Barcelona o es un club de barrio. Allí se van a trazar un montón de vidas, de humanidades, de subjetividades, que hacen que no importe que sea un partido de altísimo nivel o uno de campito. Para esa gente, ese partido es de máxima importancia subjetiva.

 

El pensamiento cabalístico también personaliza la mala o la buena suerte…

Sí, y te pongo un claro ejemplo: Héctor Tuja. Salió campeón en el 84 con Central, pasó a Defensor y también fue campeón. Ascendió con Racing de la B y tuvo una brillante campaña en Rampla Juniors. Estuvo en el quinquenio de Peñarol, que lo llevó no sólo por sus condiciones –que las tenía– sino por su valor mágico especial: era un ganador.

En cuanto a lo que llamamos “mufa” también hay ejemplos. A nivel mundial, pese a que ganó todo, ahora se dice que Maradona es “mufa”. Si a un cuadro le va bien y Maradona va a verlo, pierde. Por una cuestión familiar, a mí me gusta el Nápoli. El año pasado lo fue a ver Maradona y perdió. Pero esa generación argentina del 86 me resulta admirable. Eran unos “reos”, unos guerreros y unos cabalistas de primer nivel. Además tenían un técnico acorde con ellos, porque si hay un director técnico que manejó en Argentina la cábala y las fórmulas mágicas, ese fue Bilardo.

 

En otras palabras, el pensamiento mágico no intenta comprender lo real, sino someterlo a sus designios.

El pensamiento mágico busca imponerle sus reglas a la realidad. En cuanto a su efectividad, evidentemente que tiene que haber un logro, de otra manera no se apelaría a él. No sé si leíste ‘El hechicero y su magia’ y ‘La eficacia simbólica’, de Lévi-Strauss. Son dos artículos de la antropología estructural fundamentales para entender esto. En ellos trata de cómo la magia produce ciertos efectos reales. En esos textos habla de un individuo al que su pueblo comienza a considerar responsable de acciones que tienen efectos maléficos. Entonces la comunidad lo convoca, lo condena a muerte y a los pocos días muere, sin que le hagan otra cosa que condenarlo socialmente. A partir de eso, Lévi-Strauss reflexiona sobre cómo se produce cierta eficacia en algunos procesos. Creo que en el fútbol esto es muy común ya que lo que se busca es esta eficacia simbólica, mediante ciertos mecanismos que permiten que en la realidad sucedan cosas a través de la creencia, lo que termina teniendo un cierto efecto performativo que tiene efectos de realidad.

 

¿Existe también en nuestro fútbol un espacio donde la magia se desdobla en el mito?

En el Mundial del cincuenta, Uruguay iba perdiendo y le asigna a un par de incidentes las claves del partido: el sopapo que Obdulio Varela le da a Bigode y la pelota bajo el brazo, hablándole Obdulio en español a un juez que hablaba inglés. En la reconstrucción de ese acontecimiento, el uruguayo pone eso por encima de los goles, porque tuvieron una incidencia emocional en el partido. Los propios brasileños los consideran fundamentales, pero nosotros los enaltecemos y lo ponemos a la altura del gol de Ghiggia. En la propia frase “los de afuera son de palo” había mucho de magia. Una de las cosas que más me gusta de esa generación de jugadores es que todos provenían de clases populares, no eran señoritos, será porque yo provengo también de allí. Uno de mis abuelos era pintor de casas y el otro obrero metalúrgico.

 

¿En las clases populares hay cierta consustanciación con lo cabalístico?

Mi abuelo paterno de chico me llevaba a ver a Central; el materno era hincha de Rampla y fanático del fútbol. Cabalista de primera, veía el partido siempre en el mismo lugar, del mismo modo. Era otra dimensión futbolística porque mi abuelo paterno, además de hincha, fue jugador, técnico y tomaba cierta distancia del hincha. Pero mi abuelo materno era hincha a morir, amaba a Rampla y siempre tuvo esa dimensión más popular del fútbol, no tanto la visión dirigencial. Tal vez por eso me he resistido siempre a serlo. No quiero que esa perspectiva afecte mi condición de hincha. Es que no puedo olvidar el velatorio de mis abuelos, con sus respectivas banderas en el cajón. La bandera de mi abuelo es símbolo sagrado para mi familia, y ha de tapar a más de uno en el momento de la partida, tal vez como última protección.

Trabajé en Fénix y conocí un hombre que murió muy joven. Era el Negro Acosta, gran jugador de fútbol pero además canchero y utilero de la primera de Fénix. Tenía una cultura increíble, sabiduría de vestuario y conocía mucho de fútbol. Todos los que lo conocimos aprendimos con él mucho del fútbol y de la vida. Me contaba que todas las semanas iba gente a la cancha a depositar las cenizas de sus seres queridos. Es decir, esas gramillas son espacios sagrados. El último deseo de mi abuelo fue que tiráramos sus restos en el Palermo. Para alguien que tiene las cenizas de sus deudos en una cancha, ese espacio se vuelve sagrado. Aun para personas muy racionales.

 

 

*El partido se jugó el 6 de junio de 1924. Uruguay ganó 2-1 y los goles fueron convertidos por el Vasco José Pedro Cea y Héctor Scarone. El nueve de Uruguay al que se alude era Pedro Perucho Petrone.

 

 

 

LOS LÍMITES DE LA RAZÓN

 

Vomero cuenta que “Ernesto Sábato empezó con el pensamiento racional y estudiaba física, pero en determinado momento entendió que en el hombre había dos fuerzas paralelas, y que ninguna manda sobre la otra. Fue becado a París para especializarse en mecánica cuántica y terminó estudiando el pensamiento mágico. Y eso lo escribió Freud, que inauguró una narrativa que descentraba al sujeto como un yo racional para reconocer al deseo humano y pensamientos que van más allá de la conciencia. Sábato reconocía una influencia muy grande de Dostoievski y también lo hacía Nieztche, que llegó a decir que el único que le había enseñado algo de psicología humana fue Dostoievski, al tiempo que Freud decía que no lo leía para no sentirse invadido por sus ideas. Y todos esos genios universales reconocían que había modos de pensar y sentir que trascendían y trasvasaban lo estrictamente racional”.

 

 

 

 

“EL CUARTO DEL TERROR”

 

Prefirió omitir su nombre, pero aún milita en el fútbol del interior, habiendo jugado en uno de los equipos “grandes” de nuestro medio. Respecto a las cábalas refirió que “algunas de ellas son corrientes. Si nos fue bien en un partido difícil, volvemos a comer en el mismo lugar en que lo hicimos antes de jugar, comemos lo mismo, nos sentamos en el mismo orden y tratamos de repetir todo lo que hicimos anteriormente. Si se da lo contrario, cambiamos radicalmente la conducta en todos sus detalles. Los técnicos también participan de esas cábalas. Algunos, si un cambio en determinado minuto trajo suerte, lo repiten en el mismo minuto, aunque eso no parezca justificarse por el trámite del partido”. A diferencia del pensamiento religioso, que pide la intermediación de una fuerza superior para lograr efectos sobre la realidad, la magia se enfrenta a lo real sin mediaciones, en una suerte de “mano a mano”. En la cultura del fútbol coexisten y se intersectan ambas modalidades. Sobre ello, nuestro entrevistado expresa: “La conducta cabalística se mezcla con la religiosa y, por supuesto, las tácticas y las estrategias tienen un soporte lógico. Conocí a un grupo de jugadores de primer nivel que durante la semana iban a buscar agua a la Gruta de Lourdes y antes de cada partido se empapaban con ella. Pero las cábalas personales son múltiples y no se revelan”. En relación con la “mufa” dice: “Esa noción es muy fuerte. Tuve ocasión de jugar con un muchacho que tenía esa fama. Tan fuerte era que cuando cambió de club, nadie quería concentrar en la habitación que él ocupaba. Incluso una mano anónima escribió en la puerta: ‘el cuarto del terror’. Con eso está todo dicho”.

 

 

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