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FABIÁN CARINI, EL SACRIFICIO Y LAS GANAS

LA MISMA ILUSIÓN

Por Diego Martini

 

La pelota cae y Fabián la ve entrar, otra vez el gol. La mira, la va a buscar, y otra vez una lágrima asoma en sus ojos. Se la seca, tira la pelota hacia el medio, y todo vuelve a empezar. Su equipo, el Nuevo Amanecer de Carrasco, está perdiendo en la categoría 79 ante Flor de Maroñas. Piensa cómo debió de reaccionar para evitar el gol, o cómo colaborar con sus compañeros, pero otra vez vuelve la recarga, con Fernando Cañarte a la cabeza. De nuevo el gol. Aparece una lágrima y el más alto de todo el cuadro (Fabián) la vuelve a tirar hacia el centro de la cancha, esta vez con más furia.

 

 

Así arrancó Fabián Carini, que como todo arquero, primero arrancó jugando. Ya ni recuerda si fue de nueve o de zaguero, aunque prefiere asumir que estuvo en las dos posiciones. Las ganas, el sacrificio y el amor por el fútbol, lo hicieron llegar lejos. Desde Sub 15 en proceso de selecciones juveniles, sudamericanos, Copa América y un Mundial, todo lo que soñó. Esas mismas ganas y esa entrega son las mismas que tiene hoy en Juventud de Las Piedras, siendo uno de los referentes, y una cuota de gol en el equipo del floridense Jorge Giordano, pateando penales.

 

¿Te retirás en diciembre?

No, tengo contrato hasta el 31 de diciembre de 2017. La idea sería hacerlo el año que viene. En noviembre nace mi segundo hijo, Luca, que se suma a Alessandro. Mi idea era que él [Alessandro] me viera jugando, también quiero que el que viene me vea. Esperaremos y veremos, si no Luca va a tener videos y lo voy a aburrir con ellos. Pero todavía no sé.

 

En las notas que te hicieron durante tu carrera dijiste que tu edad límite era 35, ahora estás llegando a los 37...

Siempre lo dije. En el camino pasaron cosas. Hace un tiempo mi señora, estando embarazada, tuvo un problema de salud grave y con esa edad pensé en dejar el fútbol. Pero el físico me está dando, me siento bien, con ganas, voy a los entrenamientos con la misma pasión con la que arranqué a los ocho años. Mínimo hasta 2017 y luego veré. Creo que cuando cumpla 38 años es una buena edad para empezar a abandonar esta profesión que me dio tantas alegrías desde pequeño. Debuté con diecisiete años, son muchos años de fútbol. El ambiente del fútbol es complicado y hay ciertas cosas que cansan. Pero soy un agradecido de por vida.

 

¿Seguís teniendo algo de aquel pibe que arrancó en el Nuevo Amanecer de Carrasco?

La ilusión. Sigo teniendo las mismas ganas, me acuerdo de lo que sufrí para llegar a esta carrera. Tener a mi hijo, al que viene, a mi señora viva, son todas motivaciones extras. Tengo la ilusión de seguir entrenando y mejorando. Ahora por una cuestión de edad trato de ayudar a los más jóvenes y busco rumbearlos. Tuve muy buenos referentes y de ellos aprendí lo mejor, lo otro lo deseché. Algo que voy a volcar a mis hijos y a los más jóvenes.

 

¿Qué referentes?

Me tocó en Danubio el Zorro [Daniel] Revelez, el Pollo [Gonzalo] Madrid. En la selección estaba Paolo Montero, el Negro [Gustavo] Méndez, Gabriel Cedrés y algún otro que me puedo olvidar. De todos saqué algo: su forma de entrenar, su forma de manejarse en el vestuario, su forma de salir a la cancha, su temperamento y su determinación. Siempre trato de aprender, porque lo podés hacer del más grande y del más chico. Escucho a todos por igual y de todos aprendo.

 

Hablame del Nuevo Amanecer y del día que te mandaron al arco.

Está en Camino Carrasco y Cochabamba, yo vivía a dos cuadras. Me acuerdo de ir con los zapatos colgados en los hombros. Generalmente terminábamos segundos porque nos ganaba el Flor de Maroñas, de Fernando Cañarte y del Puchero [César] Pellegrín. Me acuerdo de un cuadrangular en que vino Danubio, Chacarita y alguno más. Ahí me vieron de Danubio y me llevaron a probarme. Yo iba a jugar al Nuevo Amanecer porque estaba todo el día en la calle con la pelota, dejábamos de jugar cuando la madre de Andrés, un amigo, nos llamaba a tomar la leche. Jugaba de nueve y después me pasaron de central. Un día faltó el arquero y me pusieron, creo que porque era de los más altos, de ahí no paré. Cada vez que me hacían un gol me ponía a llorar. Hacía montañitas de tierra con los delanteros rivales. Iba a divertirme y a ocupar un espacio. También jugué al básquetbol en Malvín, hasta que me coincidieron los horarios de prácticas y elegí el fútbol.

 

¿Qué vieron de vos en Danubio para llevarte? ¿Por qué es tan buena esa cantera danubiana?

Cuando pasé a Danubio, empecé a jugar con el arco grande, y me hacían todos los goles por arriba. En octava, novena y décima siempre nos ganaba la generación de Mauricio Nani y alguno más. Si te tengo que decir cualidades, la verdad no sé.

Danubio apuesta a sus juveniles. En mi época estaban Rafael Perrone y Gerardo Panizza, se captaba muy bien. Ese año que llegué a séptima, estuvimos las diez primeras fechas, todas las categorías ganando. Se trabajaba muy bien, buenas herramientas, te daban meriendas, había premios. Ya estaba el complejo de entrenamiento. Pasa por tener la misma idea futbolística, a pesar de que los técnicos cambien. Eso sale bien.

 

¿Dejaste de estudiar?

Estudié hasta primero de liceo, empecé segundo y lo dejé. Ahí empecé en la Sub 15

en las selecciones con Víctor Púa. Me obligaron a tener un trabajo. Al lado de casa había una fábrica de ataúdes y empecé ahí. Los lijaba, les ponía la masilla, los pintaba y los sacaba al sol. Una anécdota que tengo fue con un compañero, que me dijo que en el Mundial 2002 yo iba a tener 22 años y que iba a ser el arquero. Le dije que estaba loco, pero no le erró. Tenía más fe que yo. El trabajo lo hacía con ganas, no me molestaba.

 

Se te da todo muy rápido. Debutás joven en el primero, pegás el pase al exterior, la selección...

Debuté en Jardines contra Nacional a los diecisiete años, pero venía de las selecciones juveniles. Un día me agarró Ildo Maneiro y me dijo que iba a debutar y que si había faltas cerca de mi área le pegara yo, porque le pegaba bien. Concentramos en el Charrúa y la ansiedad era enorme, estaba nervioso. Fue un día precioso contra el Nacional de Recoba, de Gustavo Badell, que me hizo el gol. Fue un lindo debut, aunque perdimos.

Con veintiún años me fui a Juventus. Me podía haber ido antes pero Passarella habló con Francisco Casal para quedarme seis meses y estar en la eliminatoria. Fue un cambio; fue el cambio. Estaba Paolo Montero, [Daniel] Fonseca, [Fabián] O’Neill, y me la hicieron más fácil. Me hicieron sentir como en mi casa. Lo único que tenía que hacer era entrenar y estaba bien, no preocuparme por nada. Estuve un año y medio. Jugué campeonatos y partidos. Que hubiese uruguayos ayudó porque me decían por dónde manejarme. Eran muy escuchados. Fui un tiempo a la casa de Paolo, un tiempo a la casa de Fonseca y luego alquilé cerca del estadio. A veces iba caminando, otras veces en bicicleta. Me adapté bien a la ciudad. Me gustaba entrenar y luego estar en mi casa, en Danubio lo hacía.

 

¿Qué pasó en Italia?

Cuando llegué iba con la intención de entrenar y estar bien. Estaba Edwin Van der Sar y se fue a los seis meses. Al otro año vino Buffon. Hubo oportunidades y las aproveché. Tuve algún partido en Champions y Copa Italia. Me di cuenta de que estaba a la par y lo tomé como una experiencia. A nivel económico fue el cambio en mi vida. Fue una cifra descomunal para tener veintiún años y ser arquero uruguayo. Mi vida siguió siendo la misma, aunque compré la casa a mis padres y un apartamento para mí. Yo era el mismo, pero el teléfono de mi casa empezó a sonar mucho más. Llamaba gente a pedirme de todo y como era joven decía que sí. Luego me daba cuenta de que iban las cosas y no volvían. Me sirvió de experiencia; me di cuenta rápido, porque se me podría haber ido mucha más plata.

 

Jugaste con Fabián O’Neill y siempre cuenta cosas de Juventus, ¿cuánto hay de cierto?

Lo que es verdad, que tanto Del Piero como Zidane me decían: “El mejor jugador no soy yo, es aquel”, y era Fabián, que estaba a diez metros. Lo que pasa es que no le gusta correr, es vago para entrenar, me decían. En ese 2002, Marcello Lippi había armado el equipo para Fabián, 4-3-1-2 y él jugaba solo de enganche, con marca. Tenía a Zidane, Del Piero, Trezeguet. Estaba bien, luego se lesionó el gemelo. Yo sé que se juntaba con Paolo y Zidane. Si tomaba whisky o no, no sé. Fue el jugador más completo que vi. No sabías con cuál le pegaba mejor, era potente.

 

¿Te vas a jugar al Standard Lieja buscando minutos?

Veía que no iba a tener posibilidades, aunque los dirigentes me dijeron que querían que me quedara. Primero fui al Arsenal y entrené varios días. Estaba David Seaman, y se retiraba enseguida, entonces me dijeron que iba a quedar yo. Pero no quedé por un problema de cupo. Me llamaron del consulado italiano para decirme que faltaba una partida de nacimiento del año 1888 de mi abuelo que se fue de Génova a Buenos Aires, que lo inscribieron en una iglesia que luego se quemó. Entonces como era época que surgían pasaportes falsos, pensé que era eso. Me dijeron que no, pero que le habían dado un año a la persona que me tramitó el pasaporte para conseguir esa partida, como no lo hizo, debían sacarme el pasaporte. Cuando me dijeron eso me quería morir.

El último día que vencía el período de pases arreglé en Standard. Estuve dos años, fue en el país que me fue mejor en todo sentido.

 

Volvés a Italia y tenés una experiencia en el Inter. ¿Qué cosas había distinta con Juventus?

Con 24 años pensé que era una linda revancha, pero estaban Toldo y Julio César. No tuve la continuidad deseada. Creo que los equipos son muy parecidos: te dan todo y pueden comprar lo que quieren, entonces te exigen como equipo grande. En ese momento Juventus no tenía complejo deportivo. Ya si empatás se puede complicar. Quizá la impresión que me daba el Inter, al tener más sudamericanos, era que era más familiar.

 

Después viene Real Murcia, Atlético Mineiro y alguno más. ¿Siempre buscando minutos?

Sí, siempre. Me fui a España porque quería jugar, pero pasaron cosas raras. El entrenador que estaba tenía el mismo representante que el golero. Queda feo decirlo, pero tenía que jugar yo. Luego cuando se fue el DT jugué yo, pero nos fuimos a la B y me pasó lo mismo con otro entrenador que trajo sus jugadores. Me fui a Brasil por lo mismo. Jugué en el campeonato que llegué, luego vino de entrenador Luxemburgo y estaba en duda si iba a jugar. Justo se venía la citación para el Mundial de 2010 y yo tenía esperanzas de ir. Me desgarré el gemelo, atajó el otro arquero y se esfumó mi gran ilusión.

 

Hablando de eso, hiciste un proceso en selecciones: Sub 15, Sub 17, Sub 20 y la mayor. ¿Qué sentís?

Siempre fue lo máximo. Desde chico a grande. Me tocaba pelearme, yendo atrás de Paolo, con el presidente de Juventus para que nos dejaran ir. Para nosotros la selección es sagrada, no importa si en amistoso o lo que sea. Tuve problemas en Bélgica también, y me perdí una final de Copa en Inter. Mi sueño de chico era defender a Uruguay. Me hubiese encantado ser campeón, era la frutilla de la torta. Pero estar ahí, jugando, o en la tribuna, o con Minguta [Edgardo di Mayo, equipier], fue un sueño cumplido.

 

¿Cuán duró fue el golpe de aquella final perdida en Malasia 1997?

Fue duro ese golpe. No hay merecimientos, pero fuimos superiores en ese partido. Fue una gran selección que mereció ser campeona. Fueron años maravillosos con mucho tiempo de antelación en el trabajo. Pasamos las fiestas en el Charrúa. A la larga salió bien porque la gran mayoría de ese plantel, Malasia o Nigeria en el 99, le fue bien y se fue a otros países. Si bien ninguna selección fue campeona, hubo un levantamiento en la selección.

 

Apenas volvés de ese mundial de Nigeria te citan a la selección mayor.

Estaba Passarella con los del exterior en Maldonado y Púa armó una para el medio local para la copa América de Paraguay. Me citaron junto a Álvaro Núñez y Adrián Berbia. En ese momento no estaba jugando en Danubio, luego Fossati me puso y empecé a jugar en la selección. Tenía diecinueve años, a esa edad no pensás las cosas. Venía de Sudamericano, Mundial, y enseguida me pasó de ir a la mayor. Llegamos a la final y perdimos con Brasil. Me pasó todo tan rápido que ni lo pensé. En aquel momento, cuando pasó todo, dije si con diecinueve años jugué una final, capaz jugaba alguna otra. Nunca más jugué una.

 

Hubo muchos cambios en esa selección. ¿Cómo era?

Estaba lleno de referentes el plantel y era mi primera vez en la selección, era como Disneylandia. Concentrábamos en Punta del Este y entrenábamos allá. Había un bus, juntábamos a los jugadores que venían de Europa e íbamos. Los resultados medianamente acompañaron. El grupo estaba bien. Aunque la eliminatoria fue sufrida. Se cumplió el objetivo de clasificar a Corea-Japón.

 

De ese mundial también se habló mucho. ¿Cuánto hay de cierto?

Merecimos un poco más. Si nos decían que si le ganábamos a Senegal y pasábamos, lo hubiésemos firmado. El primer gol vino de un penal inexistente. Tengo la foto y cada vez que la veo me agarro cada calentura... Había una buena selección. Fueron cosas raras que pasaron. Por ejemplo lo de la camiseta que taparon la marca, fue un mamarracho. Teníamos un lugar de concentración muy alejado de todo. Lo del grupo estaba bien, pero cuando algunos no juegan se complica. Yo tenía veintidós y trataba de entrenar, de algunas cosas no me daba cuenta.

 

También era otro momento a nivel institucional.

Lo que pasa es que las condiciones de infraestructura no se comparan con las de ahora. Siempre hubo grandes jugadores, pero la organización no era la ideal. No fue una excusa haber quedado eliminados del Mundial de 2006 con Fossati. Cada vez que iba al complejo de Uruguay, veía a Paolo ir a pelear por cosas. Con Carrasco no estuve, fue cuando estaba jugando en Bélgica. Cuando vino Fossati volví a la selección. Mejoramos en la segunda ronda, llegamos al repechaje con Australia y luego lo que pasó. Cuando se tapan parches y no hay proceso, las cosas no salen bien.

 

¿Eso hace que este proceso de Tabárez sea exitoso?

Claro. Tabárez mantuvo una base y trajo jugadores de procesos juveniles. Arrancó bien el camino y varias veces se escuchó que lo querían bajar. Lo bueno fue mantenerlo y creer en los jugadores.

 

¿Merecías ir al Mundial de Sudáfrica?

En su momento pensé que merecía ir. Pero después creo que no. Traté de hacer todo lo posible para estar. Estaba en Murcia, me fui al Minero en busca de minutos. Tenía la ilusión de estar. A fines de 2008 fue mi última citación. Tabárez fue muy claro y me dijo que le preocupaba que yo no tuviera regularidad en mi equipo. Le dije que estaba haciendo todo lo posible para solucionarlo. Siempre me llamaba Celso Otero, un día me llamó para decirme que no iba a estar.

 

¿Cómo viviste todo lo que pasó?

Me puso muy contento todo. Se veía que la cosa iba a ir bien, se veía lo que había. Los resultados mandan. Me hubiese encantado poder estar, más allá de jugar. Pero el momento de la selección había pasado y me convertí en un hincha más. Siempre hubo grandes planteles en la selección. Tabárez tuvo un proceso. Cuando los procesos se respetan, las cosas salen bien. La selección es una etapa cerrada para mí.

 

Pero en un momento fuiste un ícono y sumaste 74 partidos con la selección. ¿Por qué?

Tuve mi momento. Cuando debuté en primera, cuando me fui, en eliminatorias, siempre a buen nivel. Me mantuve y fui muy profesional. Eso te lo valoran. Siempre traté de entrenar, de ser respetuoso, de cuidarme, de estar bien. Pasó por ahí. Si hubiese sido medio pelo, a los seis meses me cambiaban. Fui fiel a lo que quería, nunca defraudé a nadie. Siempre me manejé igual, hasta el día de hoy, trato de pasar inadvertido. Si en algún momento fui el ícono fue porque me maté entrenando. Yo entrenaba y me iba a casa. De joven sí salía. Pero sabía que si quería llegar a lo máximo, debía hacer el sacrificio y cuidarme. Si yo estaba bien, le iba a dar pelea a cualquiera. Traté de mantenerme en esa forma. Cuando no jugaba me entrenaba el doble para poder venir a la selección. Le pedía a compañeros definiciones, tiros centros, me quedaba con el entrenador de arqueros cuando no jugaba. No daba ventajas. Si no jugaba en Juventus, me preparaba para llegar de la mejor forma a la selección.

 

¿Cómo ves el partido que tomaron los jugadores por la oferta de Nike?

Me parece bien. No tengo idea de derechos de imagen, pero si hay una oferta de veinticuatro y otra de cinco todos vamos a querer la más alta, no importa de quién sea. Si va a favorecer a la selección, a los clubes, a las juveniles, no habría que pensarlo.

 

¿Es lo mismo Juventus que Juventud?

Para mí es lo mismo porque me preparo siempre de la misma forma, en todos los equipos que estuve ya sea con cinco atrás del arco, o con cien mil. Me preparé siempre igual. Para mí, jugar con Brasil o con Venezuela, o jugar en el Olímpico con Rampla, o con Peñarol en el Estadio, me lo tomo de la misma forma. Me entreno de la misma forma. Podrá salir bien o mal. No me cambia eso. El único secreto es entrenar.

 

¿Ya no llorás cuando te hacen los goles?

No, aunque me pongo un poco mal. Tratás de entrenar para estar bien y de minimizar los errores que pueden tener tus compañeros. A veces también los errores que tenemos los arqueros. Antes cuando mi equipo perdía quedaba muy caliente y mal conmigo. Por suerte lo pude empezar a cambiar, porque me duraba tres días el enojo. Sentía mucha amargura y desazón. Creo que el puesto del arquero no es ingrato. Si me hacen un gol tonto, tengo paciencia. Creo que tenés más cosas para terminar como héroe que como villano.