JESÚS CONO AGUIAR: TRAS EL FÚTBOL, EL ACTIVISMO SINDICAL EN EL SUNCA

CONVENCER, ESA CONSTRUCCIÓN

Por Emilio Martínez Muracciole

 

La cara es conocida, pero cambió el escenario. No hay césped sino tablas de encofrado, varillas, ladrillos y bloques. En la tele, en la radio, en los portales y en los diarios de Florida, en los últimos años empezó a aparecer Jesús Cono Aguiar hablando de condiciones de trabajo, de salarios impagos, de materiales de mala calidad y de paros.

 

Él y sus compañeros de la construcción de más de cien casas del programa de realojamiento del asentamiento Sitio Pintado fueron tomando medidas de lucha mientras surgían problemas con la empresa ejecutora de la obra convenida entre el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y la Intendencia de Florida. Paros, movilizaciones y notas en los medios locales tenían a Cono Aguiar en la primera línea. Ni la construcción ni la vida sindical le eran nuevas. En el primero de esos planos la experiencia se remonta a la adolescencia, tanto acompañando a su padre, albañil, como trabajando en la misma rama para la curtiembre floridense. En el plano sindical también tenía experiencia. “Estuve en la Mutual cuando ocurrió la aparición de Quique [Enrique] Saravia y la salida del Tajo [Fernando] Silva. Yo estuve en esa movida y en la comisión directiva. Digamos que estar involucrado en estas cosas es parte de mi vida, de mi manera de ser. Cuando vine a Florida encontré en el Sunca un sindicato fuerte, bien organizado. Yo había estado un par de años trabajando en cooperativas [de viviendas] y después entré en la del Sitio Pintado. Me invitaron a participar de la Mesa Departamental y por supuesto que dije que sí, aunque no sabía bien de qué se trataba”.

Cono Aguiar fue futbolista profesional durante más de quince años, con una carrera que tuvo su cumbre en el epílogo, después de convencerse de que su mejor momento había pasado. Aprendió a regenerar esperanzas, a recuperar sueños perdidos, y a sentir que estaba aprendiendo cosas nuevas como un adolescente de formativas. Le pasó fundamentalmente en Fénix, con Juan Ramón Carrasco, aunque sostiene que la cumbre en rendimiento fue en los primeros años de profesionalismo, jugando para Liverpool primero y para Defensor Sporting después. “El momento en el que mi nombre estaba más en la prensa, que la gente me conocía más, fue al final de la carrera. Fueron los años que más disfruté, y no por el hecho de ser más conocido, sino por la intensidad de lo vivido. Mis primeros años en Liverpool fueron muy buenos. También en Defensor, y después yendo a jugar a México [al Veracruz]. Esos años fueron, sin dudas, los mejores en lo deportivo. Después volví de México a Nacional. Ahí ya tenía como 29 años. Empecé a aparecer más, pese a que ya llevaba siete años de profesional. Vine a surgir en Nacional en el año del famoso quinquenio, y marca eso de ‘quién perdió el quinquenio’”.

 

Era como caer en el mejor lugar pero en el peor momento.

Exactamente. Yo soñaba jugar en Nacional, pero fue cuando Peñarol llegó al quinquenio.

 

Estuviste medio año en Nacional. Ya tenías treinta años. ¿Te quedaban esperanzas de tener un punto más alto en la carrera?

No. Sin dudas que el golpe de Nacional fue tremendo. De hecho cuando volví de Bolivia, donde había jugado en The Strongest tras un paso por China, como no salía nada terminé jugando en Fénix. Hacía diecisiete años que Fénix no ascendía. Ahí no había chances, porque no era un club candidato a subir. Yo me sentía profesional aún. Sentía que tenía cosas para dar, y como no salía nada fui a jugar a Fénix porque allí había un salario. El primer año fue así, sin una esperanza deportiva. Pero después se dio una casualidad, en la que estaban enrabados Fénix, Tenfield y [Jorge] Chijane. Hacía relativamente poco tiempo que Tenfield tenía los derechos de televisación, y Chijane era alguien muy cercano a Paco Casal. En ese contexto Fénix hizo un proyecto para ascender al otro año. Por el tema de la televisación se empezaba a ver distinta la posibilidad de ascender a la A, porque para los clubes era una buena plata. Fue un campeonato durísimo.

 

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Cono Aguiar tiene hermanas. Siete en total. Es el único varón de los ocho hijos de los Aguiar Moreira; y es de los menores. Estudió en la UTU, pero no la terminó. Pasó a ser el peón de su padre, en obras, en changas, y después surgió, gracias al fútbol, el trabajo en la curtiembre. Mientras tanto era jugador de fútbol en Candil, club al que había llegado después de hacer baby y formativas en Atlético y El Triángulo. De su infancia y adolescencia tiene todavía en las retinas los asados de los domingos. Los hacía su padre, en el suelo, “con las tablas de quince que requechaba en la construcción”. Recuerda el ambiente familiar, con todos reunidos, después de estar “cada cual en lo suyo” durante la semana. Y al asado “caían mis cuñados”. Estos, explica, fueron fundamentales en sus comienzos. “Con ellos empecé a hacer la cuadrilla del fútbol. Fueron los que me impulsaban y hasta cuidaban. Me decían ‘no vayas al baile que mañana tenés partido’, o ‘no vayas a pescar que mañana te vamos a ir a ver’”. En su casa el fútbol no pesaba “absolutamente nada”. Ni siquiera recuerda a su padre llevándolo a jugar al baby.

Tras unos años en la primera de Candil, llegó la selección albirroja y con ella el campeonato del Interior, en 1990 (el último obtenido por Florida), con la dirección técnica de Mario Patrón. En ese plantel estaban Jorge Giordano y Gustavo Iturburu, entre otros.

Su carrera profesional empezó a los 21 años de edad. Fueron más de quince años pasando por clubes de Uruguay, Ecuador, México, Bolivia y China. Jugó en la selección uruguaya, la de Juan Ramón Carrasco. Debutó con 35 años.

 

Decías que disfrutaste más la última etapa de tu carrera…

Sí, especialmente desde que empezó ese proyecto de Fénix hasta el final de mi carrera. Los objetivos deportivos, el sentirme profesional, ir a entrenar y demás. Para mí el fútbol mejoró a raíz de ese cambio. Me acuerdo de lo que fue en mis primeros años, en Liverpool, que a veces pasábamos meses sin cobrar, y era algo que pasaba en casi todos los clubes, salvo Nacional, Peñarol, Defensor y alguno más. Mejoraron además muchas canchas.

 

¿Te marcó mucho Carrasco?

Sí. Mucho. Si bien no generé una amistad con Juan, siempre tuve un vínculo de respeto muy grande desde el 97, cuando estuvimos en Nacional. Teníamos algunas cosas parecidas, como el carácter fuerte y algunos conceptos en cuanto al fútbol. Creo que la gente no nos entendía mucho. No es que lo que él planteaba fuera novedoso en el mundo, pero acá sí. También pasó que en Fénix tuvo mucha fortuna de encontrarse con jugadores predispuestos a hacer lo que él quería.

 

Eso comentaba Martín Ligüera: el nivel de convencimiento que tenían.

Absolutamente. Cuando se logra eso ocurre algo en el grupo, porque cuando uno se manda una cagada saliendo de atrás, muchas veces el compañero no te apoya, pero cuando se trabajó eso, cuando hay un convencimiento y el grupo sabe que salir jugando de tal o cual manera, incluso dribleando, es hasta parte de lo previsto dentro del juego colectivo, eso hace que tu compañero salga a salvarte como loco. Porque no era un invento de uno salir así. Era algo que estaba dentro de lo trabajado.

Incluso me acuerdo que había una jugada en la cual Juan le pedía al golero que saliera a descolgar la pelota con la mano en una zona del área bastante alejada del arco. Vos lo veías por televisión y te agarrabas la cabeza y te preguntabas para dónde va. Pero el golero llegaba y la agarraba porque el colectivo se movía sabiendo que el golero iba a salir ahí en esas circunstancias. Esa época fue extraordinaria, llena de cosas nuevas. Me acordaba de que antes siempre trabajaba táctico un día a la semana y hacíamos fútbol un día a la semana. Después era preparación física, o definición y fundamento. Cuando llegó Juan a Fénix nos encontramos que trabajaba todos los días en la cancha, y que trabajaba eso no media hora sino hasta tres y cuatro horas, planificando las jugadas y esperando que salieran. Eran entrenamientos diferentes y divertidos.

 

Uno se imagina que para alguien que sentía que estaba en la etapa final de su carrera, fue como regenerar muchas esperanzas.

Me sucedió eso. Llegué a la selección con 35 años. En 1995 había perdido la esperanza de la selección. En todo el período previo a la Copa América, Pichón Núñez hizo convocatorias muy amplias, con jugadores de todos los equipos. Yo venía de años muy buenos, ya estando en Defensor, y en esas convocatorias amplias no fui tomado en cuenta. Entonces pensé: “Si no estuve en esta, ya está, hay que olvidarse”. De ahí en más dejé de soñar con la posibilidad de la selección.

 

Volviendo a Fénix. De alguna manera estabas en la zona expuesta del juego de Carrasco, porque siempre el punto criticado ha sido el énfasis casi exclusivo en el ataque.

Estábamos tan convencidos, que nuestra meta, la de los zagueros y goleros, era cómo hacer goles. En Defensor nos hacían un gol y en la semana trabajábamos horas y más horas para corregir el error que llevó al gol. En Fénix nos hacían un gol y el trabajo era el mismo, allá [señala un imaginario arco contrario]. Teníamos, claro está, aspectos referidos a la posición, pero la preocupación del golero y del zaguero era que el cuadro hiciera un gol, hacerlo antes que el rival, y hacerle uno, y dos, y tres.

 

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Cono espera, fumando, en la vereda del local del Sunca en Florida. La idea era hacer algunas fotos en una obra, pero en ese momento no estaba en ninguna. Acaba de salir del seguro de paro tras la construcción de las viviendas de Sitio Pintado. No ser tomado en algún trabajo, dijo, es algo habitual para los dirigentes del Sunca en el interior del país. Ahora accedió, por su condición de miembro de la Mesa Departamental, a uno de los cinco puestos creados por un convenio entre el sindicato y la Intendencia de Florida. El día antes a la charla estuvo en Montevideo, en una movilización del Sunca por 18 de Julio. “Fue tremenda, y en medio de una alerta meteorológica”. Se hace complicado no terminar hablando de la capacidad de movilización del Sunca. “No por gusto el gobierno dejó a la construcción para lo último en la negociación colectiva”. Destaca que no es que el Sunca se aproveche de su capacidad para pedir cualquier cosa. “En las primeras plataformas no hablamos de plata. Sabemos que estamos en un momento más complicado que hace pocos años, pero tenemos reivindicaciones de salud, de cuidado en las obras”.  Cuando se llega al tema dinero, dice que no tienen que ser los trabajadores “los que tengan que estar pagando la inflación. El correctivo tiene que ser cada seis meses o, como mucho, cada un año”.

 

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Agradece al tiempo que le haya regalado la posibilidad de ser dirigido por Juan Ramón Carrasco en su madurez futbolística, para entenderlo. Fue “encontrar un diferente”. “Los que lo tuvimos a Juan lo disfrutamos y estamos convencidos de que era eso. Y es una secuencia, porque hablás con Juan y él te dice: a mí me convenció el profe [José Ricardo] De León, y sin embargo el fútbol del profe De León estaría en las antípodas del de Juan. Lo que hizo Juan, inteligentemente, fue tomar el aspecto del convencimiento. El tema no estaba en cómo jugaban sino en cómo hacía para que jugaran así”.

 

Jugaste un partido con la selección. Para ese partido Carrasco cambió casi todo el cuadro respecto al partido anterior, que habían ganado por goleada a Bolivia, y terminamos perdiendo por goleada ante Paraguay. ¿Nunca te quedaste con eso de “justo en ese partido vengo a jugar”?

No. El único partido en el que yo podría jugar en la selección sería en ese. Con 35 años y siendo mi fuerte el juego aéreo, no me iba a poner en un partido donde me pintaran la cara por abajo los brasileños o nos mataran a velocidad los argentinos. Éramos Sorondo y yo, y acá en Uruguay no había tantos que saltaran e hicieran el doble ritmo. ¿De qué hablaban? ¿Que fue un capricho de Juan? Nunca lo entendieron a Juan. Lo que le criticaban era la forma de ser, porque nunca miraron lo que hacía en sus entrenamientos, cómo era su forma de trabajar. En el primer tiempo íbamos 1-0 y tuvimos tres jugadas de gol. El primer tiempo era 4-0 a favor nuestro. Atrás se hizo lo planificado, aunque es claro que individualmente las piezas fallaron. Sabíamos que nos podían hacer dos o tres goles, por eso nunca se criticó eso adentro como se criticó afuera. La crítica más grande estaba en los goles que no hicimos.

Cristian González, [Gonzalo] Sorondo, yo y [Mario] Regueiro veníamos jugando como línea de cuatro desde que él agarró la selección, pero de suplentes. Aunque si Juan escucha esto de decir “suplentes” tenemos un lío bárbaro. Eso no existe para él. Hacía meses que estábamos entrenando juntos Sorondo y yo. Fuimos a jugar contra Paraguay, que tenía dos torres.

¿O a quién ponés?

 

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La Mesa Departamental del Sunca en Florida, de la cual es miembro Cono Aguiar, tiene varios temas en la agenda. Entre ellos está el conflicto de los trabajadores de la obra de refacción y reciclaje de la Escuela 8. A los tres meses de empezar ya les debían dos sueldos. “El público-privado ha generado un rompedero de cabeza acá en Florida. Tuvimos también mil problemas en la obra de Sitio Pintado. Es un tema difícil. Hoy en día cualquiera que pueda llenar un formulario y crear una empresa está en condiciones de ganar una licitación, derrumbar una escuela e irse a la mitad de la obra. Por eso [Óscar] Andrade ha estado trabajando en una ley de solvencia patronal”.

La figura de Andrade, se nota, le resulta digna de resaltar. Hoy es “insustituible”, dice, pero no cree que le vaya a ocurrir que, como ha pasado con figuras relevantes en otros ámbitos, termine por crecer a tal punto de ser más grande que la propia organización. “Un viejo sindicalista me decía que a veces pasa eso. Sí. Puede ser. No lo había visto así, pero no sé, no creo. Tiene muchísimo para dar todavía, y no sólo dentro del Sunca. Incluso creo que lo del Sunca va a ser un pasaje para otro ámbito en el que pueda seguir haciendo políticamente. Para mi gusto, está lejos de muchísimos. Es impresionante porque es un tipo muy sencillo y claro a la vez. Eso es muy difícil. Además es una figura que en nuestro sindicato ha unido muchísimo”.

 

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La marca de “los que perdieron el quinquenio” no es la única secuela de los del Nacional de 1997. Un partido en particular, contra Defensor, todavía enciende los ojos de Cono Aguiar cuando lo recuerda. Ganaron cuando, según el presidente Ceferino Rodríguez y muchos hinchas, tenían que perder para que Peñarol se quedara sin anual y sin posibilidades de quinquenio. “Aunque como hincha quiero que pierda, desde el momento en que me pongo la camiseta y entro a la cancha, quiero ganar. Si no fuera así, traicionaría al fútbol. Era perder por temor a enfrentar a Peñarol. Ahora entiendo más la postura de [Carlos] Nicola, que en su momento no entendí mucho. Fue el único que dijo ‘no quiero jugar ese partido’. Estuvo perfecto. Quizás ese era el camino que teníamos que haber tomado los demás”. Cono no volvió a saludar a Roberto Fleitas, que “puso jugadores para que pierdan”, y lamenta que a esos mismos futbolistas no les hayan dado la posibilidad de jugar luego contra Peñarol. “Muchos de ese plantel queríamos jugar la final con Peñarol. Yo prefiero quedar como un idiota antes que quedar como un cobarde”.

 

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No es fácil trabajar sindicalmente en algunos departamentos, especialmente en sociedades conservadoras donde la palabra “sindicato” genera rechazos a veces en no pocos trabajadores con discursos semejantes a los de sus empleadores. Con sus compañeros sindicalistas intentan atacar “los altos niveles de informalidad”, o seguir avanzando en materia de seguridad. “Recién se están dando pasitos en los cuales los patrones están empezando a entender que invertir en seguridad no es gastar plata”.

“Una de las cosas que cuesta más es organizarse para que el trabajador conozca sus derechos; ni si quiera para militar. Y hablamos de un derecho que el patrón acordó, que ya firmó, pero vas y le preguntás al trabajador y no sabe. O peor aún, vamos a una obra y hay algún obrero sin casco. Le preguntamos y dice ‘no importa, no lo quiero usar’, y entonces hay que explicarle que no es ‘quiero o no quiero’, sino que lo tiene que usar. Es un derecho logrado a través de una lucha histórica. Todas esas cosas en el interior parecen más difíciles”.

 

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Cono es el director técnico de Candil, un club de los chicos de Florida, que salió campeón de la divisional A por última vez en 1968, el año en el que él nació. De allí en más Candil ha andado deambulando entre la A y la B, con mayor inclinación a esta última. Cuando Cono Aguiar asumió, el plantel ya venía trabajando. Incluso venía del reciente ascenso. No descender fue la meta que transmitió en la primera charla con el plantel. Mientras hablaba empezó a ver gestos de disconformidad. Negaban en silencio, según narró en una entrevista con el programa Rompecabezas, del canal local TVF. Después algunos jugadores se le acercaron, de a uno, y también de a uno le fueron diciendo que no, que había material para pelear arriba, para salir campeones. Le parecía una locura, pero se convenció y logró un título en la A para Candil después de 48 años. Los jugadores lo convencieron a él.