FÚTBOL JUGADO POR MUJERES: ATLÉTICO VALDENSE CAMPEÓN

EL BOSQUE, MÁS ALLÁ DEL ÁRBOL

 

Por Emilio Martínez Muracciole

 

Atlético Valdense ganó la 15ª edición de la Copa Nacional de Clubes de la OFI de fútbol jugado por mujeres. Su periplo tal vez sirva como fotografía de la rama femenina del fútbol en la organización que abarca más del 99,2 por ciento del territorio nacional.

 

El partido

La segunda final fue el sábado 9 de setiembre en el Estadio Campeones Olímpicos de Florida, con una previa de tormenta eléctrica e intensos chaparrones. Pero el clima no espantó a la fiesta. Hubo parafernalia FIFA en el ingreso de los equipos a la cancha; un cortejo de fuegos artificiales desde la tribuna; bombos y tamboriles, y decenas de banderas en los tejidos. También hubo, claro está, gritos, goles, abrazos; festejo por el triunfo y llanto por la derrota.

Hubo fútbol.

Nacional de Florida y Atlético Valdense, de Colonia Valdense, definieron la 15ª Copa Nacional de Clubes de OFI en fútbol jugado por mujeres. Fue un partido intenso. De esos en los que ambos están al borde del gol que lo deje con la vuelta olímpica en las gateras. Hasta los ajenos terminamos devorándonos las uñas.

Independientemente de que por momentos Nacional logró el dominio del mediocampo y pareció ser el más claro en la generación de jugadas colectivas para acercarse al arco defendido por Karen Pérez, la solidez defensiva valdense evitó una y otra vez que su área fuera dominada. Fue bien soportado el asedio. Además, las albicelestes visitantes, pese a que –debido al asedio– durante buena del partido quedaron un poco encerradas en el fondo, hicieron lo posible para que las delanteras Micaela Suhr y Caryna Queiroz siempre recibieran balones y se las ingeniaran para inquietar. Suhr a fuerza de control, habilidad y velocidad con la pelota, y Queiroz administrando su potencia física y haciendo gala de su capacidad para pelear pelotas, medir tiempos aguantándolas hasta poblarse de apoyos y, además, siendo letal cuando le llegó el momento de inflar la red. Fue suyo el gol que hizo que el primer tiempo se cerrara con un triunfo parcial para las que hasta hace poco se hacían llamar Panteras, que llegaron a la última instancia tras derrotar a las bicampeonas del Unión sanducero. El segundo tiempo tuvo bastante más de lo mismo. Nacional atacó con jugadas que hilvanaron fundamentalmente Yoselín Aguirre, Manuela Sellanes, Piti González y Romina Alanís, aunque no eran las únicas. El engranaje creado por Fernando Urse estuvo aceitado, pero le faltó profundidad. Una de las excepciones fue el envío largo que Romina Alanís recibió cerca del punto penal cuando se coló entre las centrales y bajó la pelota con su pecho mucho mejor de lo que Tulio la bajó con un brazo hace veintidós años. Gracias a su virtud sólo le quedó girar el cuerpo, seguir la carrera y definir con sutileza para marcar el empate. Fue 1-1, como en la ida, y hubo que resolver en los penales. Nacional metió dos. Uno fue atajado y los otros dos se fueron por arriba del travesaño. A Valdense, Maleni Neves le atajó uno, mientras que otro pegó en el travesaño, contra el ángulo, pero picó antes de la línea de gol. Los otros tres fueron goles: el último de ellos de Suhr, que una semana antes había hecho un golazo digno de recorrer los resúmenes internacionales: desde afuera del área, con la pelota conectada en el aire y colocándola a media altura, contra el palo izquierdo de Neves.

Después del último penal, Suhr salió corriendo rumbo al banco, a encontrarse en un abrazo con Leonardo Machín –a quien el piso lo recibió repentinamente en la mitad de una corrida demasiado descontrolada para un césped tan resbaladizo–. En la previa, durante el calentamiento, Machín había estado concentrado en la arenga: “Este equipo no conoce el ‘no se puede’”. El festejo final fue emocionante hasta para los más lejanos. En el resumen que OFI cargó en su cuenta en YouTube se oye la voz desgarrada de una jugadora en medio del barullo, entre la exclamación y la pregunta atónita de quien cree estar en un sueño: “¡(¿)Somos campeonas(?)!”.

 

De cada pueblo

La 15ª Copa Nacional de Clubes arrancó en mayo, con 34 equipos representando a 16 departamentos. Cinco de esos clubes son de diferentes ciudades de Colonia, aunque uno de ellos (Palmirense, de Nueva Palmira) en realidad representa a Soriano porque la liga de esa localidad está en el departamento vecino. Marcos Bertino, que desde 2013 le pone esfuerzo y ‘pienso’ al proyecto de fútbol jugado por mujeres en Nacional de Nueva Helvecia, destaca que en el departamento hay “una gran cantidad de jugadoras”. Cree que desde el fútbol infantil se ha dado “una política de inclusión no formal” que ha sido consistente por la vía de los hechos. “Acá [en Colonia] desde hace muchos años se mechan niñas” en el fútbol infantil. “Nunca supe, aunque no quiero decir que no haya pasado, que a niñas les dijeran que no podían jugar porque eran nenas, sino todo lo contrario”. “Y así se fueron destacando muchas, y algunas después estuvieron en la selección [mixta]” de fútbol infantil de la liga.

La Copa Nacional de Clubes 2017 contó con el apoyo de organismos internacionales que intentan alimentar su desarrollo: el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF, por su sigla fundacional Cooperación Andina de Fomento) y ONU Mujeres. El apoyo de CAF es en materiales, y el de ONU Mujeres en viáticos para la primera fase.

El logro deportivo de pasar de fase y avanzar lo más posible también implica hacer crecer la torta de gastos. Sólo por dar una idea: viajar de Colonia Valdense a Paysandú (como tuvieron que hacer en semifinales las hoy campeonas) insume, en transporte, unos cuarenta mil pesos. Y para conseguirlos hay que vender rifas, tortas fritas y hacer cuanto beneficio se pueda. Y ese partido también lo juega el plantel, con el apoyo de familiares y amigos. Además, tienen que pagar los jueces y la seguridad. Y aquellos clubes que fueron formados exclusivamente como equipos de fútbol femenino y no tienen cancha deben alquilarla. “El esfuerzo económico muchas veces repele a uno de ir por más cosas”, comentó Leonardo Machín, el DT de Valdense, a Suplemento Deportivo del canal 3 de Colonia. Machín contó a Túnel que quince días antes de comenzar la copa organizaron una reunión entre jugadoras, cuerpo técnico y allegados (colaboradores, familiares y amigos) para ver si jugaban: “Debido a que los costos habían aumentado no era viable jugarla. Estuvimos a nada de no entrar. Decidimos jugar. Hicimos una rifa, se comprometió a los familiares a hacer cantina y cobrar las entradas, y las jugadoras se comprometieron a que si no alcanzaba el dinero ellas lo conseguían de alguna manera”.

 

Vengan todos

Las jugadoras de Valdense no salían de su asombro en la semifinal, cuando se encontraron con el estadio repleto de público para verlas ante el Unión de Paysandú. “Fue tremendo”, comentó a Túnel la mediocampista Natalia Vinkel.

“Y eso que no convocamos a nadie”, apuntó. Es que la costumbre para las futbolistas a lo largo y ancho del país es que vayan los familiares, personas cercanas y gente que ellas convocan. En el Campeones Olímpicos, por ejemplo, una docente contó que fue porque una alumna estuvo toda la semana: “Profe, tiene que ir a verme porque jugamos la final”. Y era claro que pese a que se jugaba la final del interior, no estaba ni por asomo el grueso de la hinchada tricolor ni la de Valdense. Hubo mucha gente, sí, que aguantó el chaparrón con o sin paraguas. Muchos de los que fueron admitieron que se acercaban por vez primera. Juan José, un espectador floridense, es un ejemplo. “No soy seguidor del fútbol femenino porque no me cierra la dureza del juego con la feminidad. Me acerqué porque me han dicho que ha progresado mucho el nivel, y de verdad me sorprendió. El partido tuvo pasajes mejores que los que vemos en cualquier partido de Primera en Florida”, comentó.

El motivo por el que se acercó Ignacio, otro espectador locatario, es de los que –fecha a fecha– parece haber más: “Me llevó a ver el partido el hecho de que mi sobrina es parte del plantel de Nacional. He visto otros partidos en este año y en años anteriores, tanto por el campeonato nacional como por el departamental. Hay un buen nivel técnico y sobre todo físico”.

“El apoyo de la hinchada es una suerte de apoyo paternal”, explicó, por su parte, el ingeniero Alejandro Nario, presidente de Atlético Valdense. “No tienen esa presión del tejido que sí tienen en el fútbol masculino”, añadió.

 

Para la ocasión

Para quien haya llegado en la hora previa al partido, una de las primeras imágenes que se podía encontrar en el estadio floridense era la de los zapatos bajos de la cuarta árbitra Nancy Ripoll hundidos en el césped empapado, intentando evitar chapotear, aunque fuera apenas un intento. Minifalda negra, camisa blanca y un pañuelo negro al cuello. Más allá de la lluvia, de los truenos y de algunos charcos en la cancha, aquello iba a ser una fiesta y Nancy fue vestida para la ocasión. Pero no fue sólo ella. La vestimenta de las juezas previo al partido era idéntica. “Estamos vestidas como merece la circunstancia”, dijo una de ellas mientras se fotografiaba junto a sus compañeras de cuaterna.

La central fue Luciana Aranda. Es paraguaya. Vive hace dos años en Uruguay. En este tiempo ha notado un crecimiento en el fútbol jugado por mujeres en Uruguay. “Tal vez no muy grande, porque son dos años, pero sí es notorio”. Le ha tocado pitar partidos de varones, y hasta una final en Carmelo. “A mí los varones dentro del campo me han respetado bastante. Tal vez alguno haya ido con intención de decir de todo, pero luego como que se contienen”. En Paraguay ser mujer árbitro le hubiese resultado imposible, comentó. “Esto es un sueño para mí”.

Ripoll, de una trayectoria más extensa en el arbitraje, cree que el fútbol jugado por mujeres “ha crecido muchísimo” en Uruguay. “La gente acompaña. En la primera final el estadio estaba lleno. En el fútbol femenino se nota el cambio también en la disciplina de las jugadoras, en el trabajo de las direcciones técnicas. Las futbolistas se cuidan en la alimentación, en las salidas. Se asume de otra manera”. Su experiencia en el arbitraje le permite afirmar que “pasito a pasito se ha ido avanzando”. Le han tocado escenas amargas, apunta. “En Batlle y Ordóñez un jugador me agarró del cuello y me zamarreó, pero yo me defendí”. De todos modos enfatiza que fue un caso muy aislado.

 

Casi desde cero

El equipo de mujeres de Atlético Valdense nació en 2015, por impulso del entrenador Walter Demarchi. Recuerda incluso la primera convocatoria que hizo: a las 19 horas del 31 de enero, en la cancha del club. “Para mi sorpresa, se presentaron más de quince mujeres, formando un rico caleidoscopio en cuanto a edades y técnicas deportivas”, comentó. Tenían entre 13 y 35 años. “El dato más llamativo de ese día fue la cantidad de gente que se acercó a ver la práctica. Para Valdense era una novelería. No tardaron en llegarme frases como ‘para qué queremos fútbol femenino’ o ‘es una pérdida de tiempo’”.

Demarchi recuerda un torneo de fútbol 7 que organizaron para el 8 de marzo de ese año, y que fue también en marzo, el día 22, que jugaron su primer partido en cancha grande, once contra once. Fue en cancha de Reformers de Juan Lacaze, donde hubo un cuadrangular ganado por las Panteras. El impulsor del equipo subraya que la Copa Nacional obtenida este año por las mujeres de Atlético Valdense es “el logro institucional más importante en toda la historia de Valdense”.

Alejandro Nario recuerda que se tomaba como un triunfo en sí mismo la posibilidad de pasar la fase de grupos. No fue sencillo. De hecho el DT, Leonardo Machín, admite que cuando jugaron la serie decidió darle a Valeria Rodas la cinta de capitana, “porque iba a ser uno de los últimos partidos en la copa de la OFI”. Era una despedida. “Las probabilidades de no pasar eran muchas. Pero fuimos pasando y pasando”. Natalia Vinkel recuerda que cuando llegaron a semifinales dijeron “¡uh! ¡Contra Unión!”. La idea de jugar contra las bicampeonas podía ser desesperanzadora, pero también ganaron esa fase. Valeria Rodas duró con el brazalete bastante más de lo esperado. “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”, dice el texto que acompaña una foto de Natalia Vinkel en su cuenta de Facebook. Y no es de ahora, sino de hace un año. “Para nosotros –insiste Nario– el objetivo era pasar de serie. Hace rato que estamos de fiesta, especialmente a partir de la semifinal”. Subrayó que el triunfo llega luego de derribar barreras que van más allá de lo deportivo. “Como siempre ocurre, las mujeres tienen que hacerlo superando el estigma machista. Yo les decía a las chiquilinas, en una charla que tuvimos, que ellas tienen la doble mochila: la necesidad de la victoria deportiva y la de hacer punta en algo en lo cual todo cuesta el doble que a un deportista varón. El trayecto que tienen que hacer es el doble de complicado. Primero, cuando empiezan, es ‘ah, las mujeres no juegan al fútbol’, y después tienen que seguir derribando barreras. Los deportes no tienen sexo. Lo estoy viendo también con el rubgy. De a poco se va rompiendo aquello de que hay deportes para mujeres y deportes para varones, y los deportistas empiezan a desarrollarse en las disciplinas que les gustan. En el fútbol estamos hace tres años, y nos pasa con el básquetbol también. Ahora las niñas están jugando básquetbol mixto en mini y premini, y empieza a ser natural que ocurra”.