ELLAS EN TODAS LAS CANCHAS

FÚTBOL CON VALLAS

Por Mariana Sequeira y Emilio Martínez Muracciole

 

El reglamento, las medidas de la cancha y la pelota son iguales, pero el esfuerzo por jugar suele ser superior. En muchos casos tuvieron que sobreponerse a obstáculos familiares durante la infancia y adolescencia, y siempre, sin excepciones, debieron derribar barreras sociales construidas con base en representaciones de género.

 

En muchos casos las mujeres se organizan y forman equipos que con suerte terminarán vinculados a instituciones que les prestan el nombre y hasta los vuelven propios aunque no hayan tenido el impulso de gestación. A estos equipos les es mucho más difícil conseguir dónde entrenar y dónde jugar. Para futbolistas, entrenadoras y árbitras todo es sacrificio: no tienen muchas más aspiraciones que simplemente jugar, porque la remota pero latente posibilidad de profesionalismo que desde la más tierna infancia opera como aliciente para los varones (o para sus familias) para ellas es inexistente.

Aun siendo eternas amateurs invisibilizadas por los medios, dedican noches, tardes y domingos enteros a practicar fútbol, como si fueran profesionales de un deporte que cuando es jugado por mujeres tiene muchas diferencias con el que juegan los varones.

Quizás gracias a tanto sacrificio y a altos niveles de resiliencia el fútbol jugado por mujeres crece a un ritmo sostenido y, según coinciden sus protagonistas, tiene un futuro esperanzador.

 

Cada vez más

En los últimos diez años ha habido una explosión futbolística en varios niveles de niñas, jóvenes y mujeres. Jugadoras, árbitras, técnicas, profes o delegadas han ganado terreno. Según cifras actualizadas por parte de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), en Uruguay hay unas cinco mil jugadoras activas federadas entre la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), Organización de Fútbol del Interior (OFI) y la AUF. Poco más de dos mil son las niñas que practican fútbol: una por cada treinta niños. En AUF y OFI se puede participar a partir de los catorce años. En AUF, entre juveniles y mayores, hay unas ochocientas jugadoras activas, mientras que OFI casi triplica esa cifra. Los hombres futbolistas federados son más de doscientos mil. Es decir: en Uruguay, por cada mil varones futbolistas hay sólo veinticinco mujeres futbolistas.

Claro que en Uruguay no hay jugadoras profesionales que cobren un sueldo que les permita dedicarse de forma exclusiva al deporte. Unas pocas perciben remuneración, que en la mayoría de los casos se trata de viáticos. Lo frecuente es que, aun en primera división, las jugadoras aporten dinero para hacer posible la quijotada de la competencia.

Es difícil, también, que los cuerpos técnicos sean remunerados. Y si lo son, las entrenadoras o profesoras ganan menos que los varones en un cargo similar.

 

Ese lugar ajeno

“Jugué en el baby fútbol con varones y a la salida de las canchas escuché comentarios como ‘mirá esa nena. Las nenas no juegan al fútbol’”, narró a Túnel la futbolista maragata María González, Piti, que a sus 21 años ve cómo “ahora ha cambiado mucho y está más aceptado”. Ha jugado en San José, en Montevideo, y ha sido seleccionada para ponerse la camiseta celeste. Este año jugará en Nacional de Florida. Recuerda que cuando era niña, al cambiar de cuadro aparecieron trabas dirigenciales con el argumento de que “los compañeros se cohibían porque no querían jugar con nenas o porque [en las prácticas] no querían marcar una nena”. Hoy analiza aquello con la cabeza de quien ha profundizado sobre ese proceso. “A las barreras te las terminaban poniendo ellos en vez de aprovechar para hablar [con los niños]. Como los gurises se cohíben, vos no jugás y listo. Nada de promover la integración”. En el caso de los niños, “cuando son más chicos más que nada es cuestión de educación, porque con prejuicios y barreras nadie nace; lamentablemente es algo que aprendés”.

María disfruta jugar al fútbol tanto como su amiga floridense Romina Alanís, con una trayectoria similar. Nacida en el seno de una familia en la que este deporte fue siempre un asunto relevante, no fue raro que al año de vida terminara posando para una foto sosteniendo una pelota. Destaca que en el fútbol infantil sus compañeros varones siempre la apoyaron, “tanto en Atlético [Florida] como en Nacional”, aunque admite que al principio le llegaron los infaltables comentarios del orden de ‘¡ay, mirá, una mujer jugando al fútbol!’. “Primero no lo aceptaban”, pero la integración se hizo efectiva. “Una sola vez hubo un problemita con un padre porque no quería que el hijo fuera sustituido por una mujer”, contó.

Romina juega en Nacional, institución que ha representado a Florida en los torneos de OFI. Ella no lo cuenta pero es público que las chicas de Nacional tienen algunos inconvenientes que, según surge de un sondeo por diferentes departamentos, atraviesan casi todos los planteles de los equipos que participan de esos torneos: no les resulta sencillo conseguir dónde entrenar, fundamentalmente porque la prioridad de la cancha suelen tenerla los equipos masculinos de la misma institución, en sus diferentes categorías. La sub 16 de Nacional, por ejemplo, se entrenó el año pasado en una cancha alternativa, sin iluminación artificial, ubicada dentro de Complejo Deportivo Infantil de la Intendencia de Florida. El periodista y ex futbolista Jorge Benoit, del portal FútbolFlorida, narró en una crónica lo que encontró cuando fue a ver una práctica: “Estaban entrenando detrás del complejo, casi a oscuras, mientras en la cancha principal y a plena luz se jugaba un partido de hombres adultos correspondiente a un campeonato de aficionados”.

“Esas trabas hay siempre, millones”, según Laura Aquino, del club Arachanas, un equipo que ha jugado tanto en Melo como en competencias de la OFI y de la AUF. Arachanas hoy está en la órbita del Artigas Sportivo Club de Melo y antes estuvo en la del Cerro Largo Fútbol Club. “Hay trabas como conseguir una cancha, que te fijen un partido que, siendo oficial, tiene que ser en una cancha habilitada de las cuales hay pocas y en ellas se fijan todos los partidos [del fútbol masculino]. Así que te dicen ‘no podés jugar acá, fijalo en otro lado’”. Actualmente, según sostiene, en Melo hay suficientes jugadoras y equipos como para un torneo, pero las autoridades de la liga de fútbol melense “no están predispuestas” a impulsar algo así.

Cuatro décadas atrás, cuando era una niña, a Laura le encantaba el fútbol. Pasaba más tiempo que sus hermanos jugando, pero era impensable verla en un equipo de varones. “No había fútbol femenino, así que empecé a hacer vóley y otros deportes, pero el que me gustaba más era el fútbol. Nunca pude practicarlo hasta los treinta y pico de años. Estuve viviendo en Montevideo, estudiando, y ya de nuevo en Melo empecé a ver que había equipos jugando campeonatos de barrio. Me acerqué y empecé a jugar, y a partir de eso se dio la etapa de jugadora en Arachanas. Creo que tenía 33 años cuando empecé”. El club la ha tenido en varios roles. “El fútbol femenino es así. Una hace de todo. Es jugadora, dirigente y equipier”. Tiene el curso de entrenadora pero no está en su planes dirigir.

Stephanie Tregartten, que tiene19 años y juega en Unión de Paysandú, anda dando vueltas con la pelota desde los cuatro años. “Marimacho” es una de las palabras que ha escuchado, pero más que nada rescata las buenas. Fuera de Montevideo las opciones para hacer fútbol infantil femenino prácticamente no existen. Las niñas tienen que jugar con varones, pero cuando pasan a cancha grande esa posibilidad desaparece. Piti González extraña jugar con los chiquilines, admite. “Hay más competencia”.

Las cuatro entrevistadas coincidieron en destacar la trascendencia del apoyo familiar para superar cualquier barrera. “Tengo pila de amigas que no jugaron al fútbol cuando eran chicas porque las familias no las apoyaban; veían mal que las mujeres jugaran al fútbol”, explicó Piti González. La búsqueda de otra entrevistada, que se pretendió contactar a través de su padre, arrojó, sin pretenderlo, una confesión de parte: “Cuando era niña la principal traba fui yo”, dijo el hombre. “No quería que jugara con los varones. Ella es muy femenina y no quedaba bien”, añadió. La ‘solución’ ante la insistencia de la niña por jugar al fútbol fue impulsar la creación de un equipo enteramente femenino, que aún existe y es referencia en su departamento.

 

¿Qué cobrás?

Claudia Umpiérrez fue la primera jueza –y única hasta el momento– en ascender y arbitrar en primera del fútbol masculino de la AUF, lo cual no fue sencillo. Considera que las carreras de las mujeres en el arbitraje se hacen mucho más cuesta arriba que las de los varones. Varias veces pensó en dar un paso al costado. “En 2005 empecé a arbitrar oficialmente. En 2010 subí a segunda y me dieron el escudo internacional. Ahí estuve seis años. En 2016 pasé a primera división. Obviamente que siempre nos costó un poco más, teníamos que demostrar el doble que un varón. A lo largo de los años hubo momentos en los que pensé dejar porque veía frustradas las posibilidades de ascenso. Después cambiaron las autoridades del Colegio de Árbitros y al venir gente nueva se nos dio la oportunidad a los que estábamos más relegados”, contó Umpiérrez a Túnel.

Cuenta su primer partido en primera: “Fue como uno más, a pesar de que fue el más importante de mi carrera; es el que siempre soñé. Si bien no estaba nerviosa quería que pasara ya la repercusión que generaba mi actuación. Fue un poco raro pero lindo al mismo tiempo, sobre todo porque al salir el público me recibió con aplausos. Fue un lindo reconocimiento después de tanto sacrificio y de haber concretado mi sueño. Estoy orgullosa de haber llegado a primera división. Lo veo como un premio para todas mis compañeras de generación que no pudieron llegar no por su capacidad, sino por diferentes circunstancias”.

 

Hilvanar para otras formas

Algunos detalles, en apariencia mínimos, se suman al collar de anécdotas y datos que dejan en evidencia el desinterés por el fútbol jugado por mujeres, incluso a nivel de selecciones nacionales, aunque también se registran variantes a celebrar. La profesora Graciela Rebollo, que estuvo durante un lustro al frente de la selección uruguaya, contó a Túnel: “Durante los primeros años no había una línea para la indumentaria deportiva de los planteles ni del cuerpo técnico. Siempre era algo de juveniles, de varones. Eran como pequeñas diferencias que hacían al trabajo. Cortes masculinos, pero era el uniforme y había que usarlo. A veces tenía que pedir permiso para achicar algo a mi talle. Cinco años después puedo decir, contenta, que se ha logrado tener cortes femeninos en las prendas”.

 

Inequidad en el comando

Rebollo también apuntó que se está “a años luz” de estrechar “la gran brecha entre igual responsabilidad y diferente remuneración” entre entrenadores. Puede hablar de la experiencia en la selección nacional: lo que percibe el DT de la selección nacional de fútbol femenino no es más que tres sueldos mínimos. Pero también habla del escenario de oportunidades a nivel general. “Con igual título o carrera de estudio no tenemos la misma oportunidad en el trabajo”, comentó.

La presidenta del Consejo Ejecutivo de fútbol femenino de la AUF, Valentina Prego, dijo a Túnel que se están transitando caminos para mejorar el panorama. “Como estrategia para buscar mayor equidad también estamos generando oportunidades de acceso, por ejemplo proponiendo la obligatoriedad de que al menos una mujer integre el cuerpo técnico”.

De acuerdo a datos de la AUF, actualmente treinta por ciento de los cargos de dirección técnica y ayudante de los equipos de mujeres que compiten en primera división de la AUF son ocupados por mujeres. En la primera del fútbol masculino no hay ninguna mujer entrenadora o ayudante, lo cual, claro está, parece poco probable que varíe en el corto o mediano plazo.

 

Los resultados mueven

Sobre el espacio en los medios, Rebollo señaló que la experiencia muestra que los logros son fundamentales para llamar la atención de las cámaras. “Estábamos en Bolivia disputando el Sudamericano cuya clasificación era la frutilla de la torta. Cuando pasamos de fase y quedamos entre los cuatro mejores, empezaron a llamar los medios de comunicación de Uruguay. Cuando le ganamos de nuevo a Argentina y clasificamos, ya era una lluvia. Yo no terminaba de comer porque me llamaban en todo momento. Fue abrupto el cambio, y ahí dije ‘pucha, es real: si no tenés logros o resultados no lográs la visibilidad’. Reconocían que nadie hizo la cobertura al irnos. Nos fuimos despedidas por amigos y familiares, casi en silencio. Sin embargo nuestro retorno fue con todos los medios de prensa, con el presidente en la escalera del avión, con recibimiento y agasajo en el Museo del Fútbol. Los resultados mueven. La ida al Mundial logró que cada canal abierto transmitiera un partido de la serie, que era único. Fue la primera vez que ocurrió eso. También fue la primera vez que las mujeres estaban en un Mundial”, contó en relación al primer y único torneo de estas características disputado por Uruguay (Azerbaiyán 2012), siendo ella la entrenadora celeste.

“No es que los medios de comunicación sean culpables. Obviamente es una cadena e importa qué productos venden. Cada vez hay más interesados, más movimiento en redes sociales. Estoy viendo periodistas o estudiantes de periodismo cada vez más interesados en este tema y me parece importante”, aseguró.

 

Aclara el horizonte

Pero los tiempos están cambiando. Se está registrando un avance, aunque las inequidad siga allí, tan lejos de volverse equidad. “Creo que tiene que ver con que la mujer está tomando otro papel en la sociedad”, según la opinión de la futbolista María González, Piti.

Valentina Prego cree también que “el fútbol es un ámbito en el que se reflejan muchos movimientos que hay en otras áreas de la sociedad, y el hecho de que haya mujeres en la directiva de al menos cuatro clubes profesionales, mujeres árbitras, entrenadoras, jugadoras y también delegadas, de alguna manera muestra un avance de la mujer en territorios donde antes no participaba”.

Stephanie Tregarttennota asegura: “Hoy se apoya más. Vamos muy bien. Se nota el crecimiento. Acá en Paysandú había cuatro o cinco cuadros, y actualmente hay doce. Hay pila de chiquilinas que quieren empezar. Eso está muy bueno”. Es algo que se replica en varios puntos del país. Miguel Alfonso, consejero de la OFI, explicó que en 2015 los equipos femeninos inscriptos para las competencias eran cincuenta, y en 2016 pasaron a ser más de ochenta. Un impulso para el crecimiento, dijo, surge desde FIFA. En 2016, por ejemplo, aportó cuarenta mil dólares para un torneo sub 16 que organizó OFI. “La oficina de Desarrollo de FIFA está promocionando fundamentalmente juveniles y fútbol femenino”, explicó Alfonso.

Ese crecimiento que se ve en cancha grande también está siendo presionado desde abajo. Graciela Rebollo ejerce actualmente un rol docente en ONFI, donde el fútbol de niñas “viene creciendo de manera espectacular. Ya hay encuentros sub 7 y los campeonatos organizados en sub 9, sub 11 y sub 13 hacen que estas niñas que comienzan desde pequeñas empujen el crecimiento hacia las categorías juveniles, y por ende a la mayor. La base de la pirámide se está agrandando. Antes, en la selección, el universo de jugadoras de donde se tenía que elegir era chico. Ahora se agranda”. “Hoy el objetivo de ONFI es ensanchar esa base aún más”. Actualmente uno de cada cuatro niños varones juega al fútbol, al tiempo que en niñas lo hace una de cada cien. “Se le está dando más importancia y ONFI, desde la nueva dirección técnica y los nuevos programas, está apostando a que los clubes les abran la puerta y den la oportunidad de jugar a las niñas”.

Valentina Prego destaca la trascendencia de que cosas así ocurran. “La creación de categorías juveniles abre oportunidades de participación en edades tempranas, ofreciendo un espacio de esparcimiento y desarrollo más para las niñas y adolescentes del país, disminuyendo también algunas inequidades”.

 

 

 

DENUNCIAS DE ACOSO, AYER Y HOY

 

Si se rastrea en la historia, hubo un caso de jugadoras de distintos clubes de AUF que denunciaron “acoso sexual” por parte de árbitros. Según detalla una nota del diario Últimas Noticias de abril de 1997, las jugadoras solicitaron al Colegio de Árbitros una entrevista tras reiterados excesos por parte de los jueces: “Se viene constatando todos los fines de semana”. “Violan el reglamento, se burlan de las jugadoras, las ridiculizan y no las respetan, no sólo como futbolistas sino también como mujeres”. Según denunciaban, podían escuchar –por parte de los jueces– frases como “se van a estropear las hermosas piernas que tienen”. Recientemente, el plantel de primera división de Nacional denunció a su DT ante el club en una primera instancia y luego en los medios de comunicación, al no haber recibido respuestas de la institución. En la carta enviada el 21 de diciembre de 2016, las tricolores afirmaban: “Casi el 90% de las prácticas no participó de ellas. Siempre estaba con su celular, con una cámara o jugando con un drone, en vez de hacer su trabajo”. También aseguraron que “ofreció 100 dólares por quebrar a una jugadora rival”, así como que “junto con parte del cuerpo técnico” ejercía la violencia de género a través de burlas sobre el “aspecto físico de las jugadoras”. El club cesó al técnico por razones deportivas. El caso sigue en instancias judiciales.

La presidenta del Secretariado Ejecutivo de fútbol femenino de la AUF, Valentina Prego, cree que en un escenario de posibles vulnerabilidades, “una de las responsabilidades de la institución es generar y aplicar normativa que garantice el buen desarrollo de los y las deportistas”. “Sé que hay profesionales estudiando el tema de las garantías de los y las deportistas en relación a su situación, muchas veces un tanto subordinada a personas e instituciones con mucho poder”. También se apunta a la profesionalización de los cuerpos técnicos, dijo.