SÍ, LA VERDAD QUE SÍ

Espontáneo

Por Ignacio Alcuri

 

La pelota no había terminado de atravesar la línea de gol y él ya había alzado sus brazos en esa pose tan característica que la silueta era marca registrada y acompañaba todos los artículos del merchandising oficial. Esquivó los abrazos de sus compañeros de equipo; las empresas que pautaban en la camiseta le pagaban unos dólares extra si en las fotografías del partido se podían distinguir con claridad. Sin bajar la velocidad, llegó hasta uno de los banderines del córner, en donde la transmisión televisiva había colocado una de las dos cámaras que filmaba en alta definición, como él había podido comprobar durante el reconocimiento del campo. Le dio unos segundos al camarógrafo para que hiciera foco en su rostro y luego gesticuló con una mezcla de furia, gracia y confianza. No en vano Furia, Gracia y Confianza eran las tres fragancias de su línea de perfumes, cuyas cajas llevaban destacada la silueta con los brazos en alto. No olvidó quitarse el botín de su zurda mágica y besarlo para la cámara, ya que los últimos datos señalaban que los pósters de cuerpo entero no se vendían tanto y la fábrica de calzado deportivo se merecía un tratamiento igualitario. Terminó el ritual y se dirigió hacia la mitad del terreno caminando muy cerca de la tribuna contraria, alimentando la fama de rebelde sin causa que tan bien medía entre los adolescentes de alto poder adquisitivo.

En ese mismo momento, del otro lado del estadio, un montón de hinchas se colgaban del alambrado, se agarraban bien fuerte los genitales o se abrazaban con el tipo que tenían al lado aunque jamás lo hubieran visto en su vida. Ellos se cagaban en las redes sociales, los contratos, los focus groups y las visitas estratégicamente programadas al hospital de niños, siempre con fotógrafos a la vista. Sabían que lo más lindo del fútbol no era el sponsor sino el gol. Y si este engominado culorroto que no se quedaba un minuto después de las prácticas a sacarse fotos con la gente seguía metiendo goles todos los partidos, lo querrían más que a la vieja. Que la querían bastante, dicho sea de paso.

 

 

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