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“Llegué al fútbol femenino para quedarme”




DANIEL PÉREZ, ENTRENADOR DE LA SELECCIÓN SUB 17

Daniel Pérez, con cuatro títulos de la primera división del fútbol de mujeres bajo el brazo, asume la conducción de la selección femenina sub 17. “Vamos a afirmar conceptos y a potenciar jugadoras para que tengan proyección en el fútbol”. Pelo blanco, como si tuviera más de los 51 años que cumplió el 16 de mayo; alto y fornido, con pinta de esos zagueros que meten pierna y marcan a rabiar –lo que hizo pero sin llegar a profesional, advierte a los desprevenidos–; padre de dos hijos, Nicolás (24) y Ariel (21), y pareja de Sandra. Daniel parece estar tan contento como uno de esos niños que estrenan juguete. O que le pegan sin cesar, una y otra vez, a la pelota en una tarde de esas que nunca quieres que termine.

Por Javier Conde 

–Mi objetivo era llegar a la selección–, confiesa, lo que en verdad era un secreto a voces.

Porque solía decirlo en las grandes ocasiones. Esas en las que celebraba un título del fútbol femenino, lo que ocurrió de forma ininterrumpida entre 2017 y 2019 dirigiendo a las chicas de Peñarol y antes, en 2012, con Cerro. Pero uno suponía, o se comentaba en los agrestes campos del fútbol de mujeres, que en la mira estaba la absoluta, como la guinda del pastel.

Aval le sobra a Pérez: ocho campañas consecutivas dirigiendo en la primera femenina, cuatro títulos y dos presencias en Copa Libertadores (2018 y 2019). No es para nada un advenedizo en el fútbol de chicas: que lo juegan ellas, pero lo dirigen ellos, un patrón que se cumple aquí y también en las ligas encopetadas, en los mundiales femeninos. 

Pero la vacante en la selección se abrió por esa sub 17, que de todas (sub 20 y absoluta) es la única con experiencia mundialista y por partida doble: Azerbaiyán 2012 y Uruguay 2018.

A la repentina salida, y con ruido de fondo, de Santiago Ostolaza (el Vasco, de largo recorrido en el fútbol profesional, exmundialista, y como entrenador con experiencia en México y Ecuador, además del torneo local) le siguió un breve período de consultas en la Asociación Uruguaya de Fútbol para reponer el mando en la sub 17 al que fue convocado Pérez y del que resultó designado. 

–El trabajo que venía haciendo avala mi trayectoria dentro del fútbol femenino. Mi idea era llegar algún día, quizás no tan pronto pero tampoco me desagradó la nominación. Era mi quinto año en Peñarol, había pensado que había dado todo lo que podía dar y que era bueno tener nuevos desafíos.

De manera que para él no hubo sorpresa en que le propusieran dirigir la sub 17, ni tampoco para él fue una sorpresa viéndose a sí mismo aceptar la postulación tras las charlas a las que asistió con las autoridades del fútbol femenino y poner fin a un ciclo.

–Yo fui con mis credenciales, les mostré cuál es mi forma de trabajar, vieron cómo actuaba, cómo hablaba y llegamos a un acuerdo.

A Pérez le dijeron que hablarían con otras dos personas para el cargo y aunque le preguntaron si quería saber sus nombres, él prefirió quedar en ascuas. Después de que lo confirmaron, empezaron a planificar el trabajo pues el tiempo apremia: Uruguay será entre el 30 de noviembre y el 19 de diciembre de este año la sede del sudamericano de la categoría sub 17, un trabajo de preparación del juvenil grupo que su antecesor, Ostalaza, ya había iniciado.

El contrato del extécnico de Cerro y Peñarol es hasta el final de ese torneo sudamericano. Un período exiguo que, sin embargo, no preocupa a Pérez. “Si ven que el trabajo es bueno, que el desarrollo es bueno, que el crecimiento es bueno, no dudo en que esto se extenderá”, expresa, sin dudas.

–Vengo acostumbrado a transitar desde abajo, subiendo escalones, y este es un escalón más para mi trabajo. Ir creciendo en esto y en un futuro poder dirigir la mayor. Lo tomo como un aprendizaje y el día que me toque la mayor, voy a tener este aprendizaje.

Pérez, además de llegar a la selección, suscribe su primer contrato remunerado. 

Lo que es extraño en el fútbol de hombres es moneda corriente en el de mujeres, donde los salarios de los técnicos pueden ser inexistentes (disfrazados a veces bajo la denominación de viáticos) o de precarios montos en correspondencia, se argumenta, con un fútbol en el que sobran los gastos y casi nunca suenan los ingresos. 

Incluso, la figura de un contrato entre las partes es aún un acontecimiento inusual: Liverpool inició, hace un par de temporadas, la práctica de suscribir acuerdos con sus técnicos y registrarlos ante la AUF. Un ejemplo a seguir y que, quizás, debe convertirse en una exigencia en ruta hacia la profesionalización del fútbol de mujeres

Es obvio que Pérez, como tantos otros y otras que dirigen en el fútbol de las chicas, vive de otra cosa. Es técnico en mecánica naval, aunque nunca ejerció la profesión, y empleado desde hace doce años en el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), donde se gana la vida. Y donde lo han felicitado por su designación en la sub 17. “Están orgullosos y yo agradecido”, confiesa.

“Creo que todavía hay esa idea, sobre todo en América Latina, de que quien está en el femenino es porque no pudo dirigir en el masculino. No es mi caso, yo opté por esto”, dice Pérez. Foto: Alessandro Maradei.

 

“Uno de los mejores”

Todo comienza y termina en la cancha. 

Carlos Daniel Pérez Carrara descubrió la vocación de entrenador una tarde, hace quince años, cuando acompañó a su hijo Ariel a una práctica de baby fútbol. 

–Yo lo llevo a entrenar a Paso de la Arena, en el club Alianza, que era una fusión de tres clubes –Huracán de Paso de la Arena, Villa Teresa y Salus, una mixtura– y me encuentro con un compañero, Gustavo Bergero, con el que había jugado y a quien también había enfrentado como rival. Y aquella tarde había llevado también a su hijo.

Ariel tendría cinco o seis años y una edad similar el de Bergero. Ambos padres siguieron con detalle, y deleite, la práctica y en un momento Pérez le soltó a su compañero: “Está bueno esto, como para empezar a entrenar, vamos a estudiar”. En 2006 hicieron el curso de iniciador deportivo de AUFI –Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil– y de Audef, la agrupación que reúne a los entrenadores de fútbol. En paralelo, comenzaron a dirigir en Alianza, primero la categoría de niños de 1993 y luego la de 1999.

–Hicimos un trabajo muy lindo con esa categoría 1999, de la cual cuatro o cinco chicos han debutado en primera división, alguno incluso en selecciones uruguayas. Creo que aplicamos una filosofía distinta que por suerte permitió que de diecisiete niños de baby fútbol trece siguieron jugando.

Pérez recuerda, además, algo que resultó profético en su caso: cuando le decía a su amigo “desde aquí no paramos hasta llegar a la selección”. Bergero prefirió el rol de organizador y creó una escuela de fútbol, en la que sigue.

Antes de toparse –y de enamorarse– del fútbol femenino, Pérez continuó dirigiendo en las categorías formativas del fútbol uruguayo con Racing de Montevideo, Huracán de Paso de la Arena, Club Atlético Torque hasta llegar a Club Atlético Cerro en 2012; en paralelo, se prepara: entre 2009 y 2015 son años de estudio en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF), en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) y con Audef y OFI (Organización de Fútbol del Interior). También en inglés, aplicado a su disciplina deportiva.

El año 2012 sería el del cambio, el del viraje, el del encuentro con una realidad que empezaba a hacerse notar, porque ese año el femenino uruguayo alcanza su primer éxito internacional al ser vicecampeón en el Sudamericano sub 17 celebrado en Bolivia entre el 9 y el 25 de marzo. Un pequeñito grano de arena comparado con los éxitos de “la celeste”.

Las chicas comandadas por Gabriela Rebollo –ahora coordinadora de Liverpool femenino y directora técnica de su primera división, una de las dos mujeres dirigiendo en la categoría; la otra es Fabiana Manzolillo– solo perdieron (1-0) con Brasil en la última fecha. Ese segundo puesto dio a Uruguay la clasificación al mundial de la categoría que se jugaría ese mismo año en Azerbaiyán: la primera participación mundialista de una selección femenina charrúa. Otro granito de arena.

Aquella generación de Azerbaiyán sigue brindando jornadas en los campos de fútbol locales y del exterior, comenzando por Pamela González, que ha competido con el Málaga en la primera española; Carolina Berizamberri (River Plate de Buenos Aires); Yamila Badell (ex de CD Tacón, que ahora es Real Madrid); Carina Felipe (ex Nacional, en Boca Juniors); las hermanas Romina y Sabrina Soravilla, Jemina Rolfo y Agustina Arámbulo, entre otras.

Pérez asumió ese año la dirección de la primera femenina de Cerro y en simultáneo dirigía el juvenil masculino. Un debut en el fútbol de mujeres, por lo demás, que ni soñado.

–Yo entro en mayo para jugar el torneo clausura y lo primero que noto es que las chicas entrenaban una vez por semana. Aun así llegamos a la final empatados en puntos con Nacional, que era el campeón vigente.

El desempate se disputó en el Méndez Piana y fue televisado. “Empatamos a 3 y perdimos en los penales. Fue mi primera final y si hubiera sido hoy no la perdía”, apunta Pérez. Habría que creerle porque se fabricó una estela de ganador durante estos años. Y con el azar, que siempre revolotea por ahí, a favor, como se verá.

La revancha llegó rápido porque en el segundo semestre de 2012 se jugó el campeonato que correspondía al año en curso, el anterior era aún bajo el formato de un año a otro (2011-2012), y Pérez levantó su primera copa derrotando a Wanderers con holgura (5-1), y antes eliminando en semifinales a Nacional, que llevaba 45 partidos sin perder desde agosto de 2009, según reseñó la prensa en su momento.

Nacería, a la vez, una rivalidad con Nacional que se potenciaría al arribar Pérez a Peñarol en 2016, con un saldo favorable para las carboneras: incluido un juego “imposible” en el que el gol que daba el título a Nacional en 2018 se estrelló tres o cuatro veces en los postes en la misma jugada. Pérez, comentó entonces, que más que suerte, se trató de un buen ejercicio defensivo. 

También se impuso sobre Nacional en la final del Apertura 2019. En un partido especial: se jugó en Parque Central y ante 5.000 personas que pagaron entrada (un éxito organizativo y deportivo no visto en el fútbol femenino que, sin embargo, metió miedo por una breve trifulca en las afueras y a la salida del estadio).

En aquel once campeón de Cerro de sus inicios estaban algunas de las chicas que lo acompañaron luego en el periplo por Peñarol: Sofía Olivera, la titular del arco de la selección absoluta; Florencia Vicente, Denise Dufau y la pequeña y escurridiza goleadora Lourdes Viana.

Desde 2013, Pérez dejó de entrenar en la categoría masculina. Y con el correr de los años llegó aún a más: “desde que arranqué con Peñarol (2016) dejé de ver fútbol masculino”.

–Veo mucho fútbol femenino: la Champions, el campeonato argentino, el brasileirão, sigo al Corinthians y al Ferroviaria; también al Liverpool y al Chelsea… hasta equipos de Letonia, una copa de África hace como dos o tres años…

Daniel Pérez no está de paso en el fútbol femenino. Ni tampoco es un camino que eligió porque se le cerraron otras puertas. “Creo que todavía hay esa idea, sobre todo en América Latina, de que quien está en el femenino es porque no pudo dirigir en el masculino. No es mi caso, yo opté por esto. Quizás no vivir del deporte me permitió tomar una decisión de este tipo. Ahora pienso que un entrenador de elite debería dirigir en el fútbol femenino porque permite desarrollar otros conocimientos. Estoy orgulloso de estar donde estoy.

¿Y qué es lo que más aprecia de las futbolistas? “La mujer tiene la capacidad de pensar muchas cosas a la vez. Son más estudiosas, mientras que el hombre parece más autómata. Y uno, con ellas, tiene que estar más preparado porque la mujer pregunta más y si no tienes conocimiento lo va a descubrir enseguida. Hay que estar listo para resolver cualquier consulta, cualquier duda. Hay que convencerlas, no dar órdenes directas o imposiciones”, explica.

–Yo llegué al fútbol femenino para quedarme y quiero ser uno de los mejores de Uruguay en el fútbol de mujeres –remarca.

Sin miedo a equivocarse

Desde hace 25 años, cuando se comenzaron a realizar los campeonatos de fútbol femenino, el cambio ha sido enorme aunque la versión del fútbol de mujeres no soporte una comparación, que además sería injusta y desproporcionada, con el de varones.

Se puede comparar, sin embargo, con sus pares de la región. Pocos países podrán mostrar un engranaje futbolístico que empieza desde edades muy tempranas, sube escalones infantiles y juveniles, y llega a la mayor, con dos divisiones. 

–Solemos impresionarnos con las cosas que llegan de afuera, pero la estructura de fútbol femenino que hay en Uruguay es impresionante. A la categoría sub 17 llegan jóvenes que ya tienen cinco, seis, siete y más años de fútbol, que vienen jugando desde el baby y han pasado por sub 12, sub 14, sub 16, e incluso algunas juegan en la sub 19.

Toda esa primera camada de jugadoras es la que va a recibir Pérez, con la intención de completar su formación, pulirlas y potenciarlas para que lleguen a la selección mayor e, incluso, tengan un futuro en el fútbol femenino en el exterior.

–Ese es el objetivo, formar, afirmar conceptos para que a la vuelta de cuatro o cinco años puedan llegar a la selección absoluta. Pero todo esto lleva tiempo.

Para él, que pasa de la rutina diaria y semanal de dirigir un equipo a planificar concentraciones, hacer seguimiento de jugadoras, es un cambio de perspectivas. “Es emocionante, dice, desde ahora en adelante mis partidos dejarán de ser locales, serán internacionales y espero aprovechar las lecciones de las Libertadores a las que asistí con Peñarol”, expresa, como a sí mismo, autoconvenciéndose de su nueva faceta.

El ex de Peñarol nunca le ha sacado la vista a las categorías formativas, aun cuando su tarea fundamental se concentrara en dirigir al equipo de primera. “Yo siempre le hago un seguimiento a las categorías menores, tengo mi base de datos de jugadoras, porque pensaba en la selección a futuro o en nutrir a los equipos donde estuviera, así que conozco a la mayoría de las chicas. Y en lo que me confirmaron, empecé a recorrer canchas y a ver partidos de entrenamiento, a hablar con entrenadores, a pedir información”, comenta.

Cuando usted lea este artículo en Túnel, Pérez ya habrá completado varias jornadas de entrenamiento –miniciclos que no pararán hasta la muy cercana fecha del torneo sudamericano– con el grupo de jugadoras sub 17 que habían comenzado su proceso a fines del año pasado. De hecho, de las primeras decisiones que tomó fue sumar algunas jugadoras que inicialmente no fueron parte de la convocatoria. 

–Lo que he podido ver es impresionante. Jugadoras con potencial para ser de elite, algo que no sucedía cinco años atrás, porque ahora llegan con una edad deportiva muy interesante.

Y de qué les habla Pérez a estas gurisas que andan entre los 15 y 17 años, que, aunque llevan años jugando, estos son en verdad sus primeros pasos en firme, de enfrentar rivales de otros países, quizás de más recorrido competitivo, y de ser ellas, a la vez, más vistas, más expuestas. Hay, pues, una tarea más allá de lo deportivo. De pedagogía.

–Les digo que estamos en un proceso donde el error es parte normal del juego, que no hay que tomárselo como una pena capital. La forma de aprender es ensayo/error, tenemos que saber asimilarlo porque eso es lo que nos permitirá crecer. Eso es lo que he trabajado en estos años y en eso es lo que voy a seguir, más en esas edades donde aún están inseguras, que tienen miedo a equivocarse, a “qué me dirá el técnico”.

Lo otro de lo que Pérez les habla es de él mismo, de su forma de ser. “Por suerte, ellas saben quién es Daniel Pérez. Soy un técnico que vengo con un proceso, con trabajo arriba, que tengo conocimientos del fútbol femenino y que tengo los logros de un proceso exitoso. Daniel Pérez trabaja y es ganador”, se define.

Lo que no le gusta, y deja claro desde el vamos, es que las jugadoras no quieran o no les guste entrenar. “Por más buena que sea la jugadora, si no tiene cualidad para entrenar, no va a estar en mi proceso. Pero que no tenga miedo a errar porque de mí va a recibir la motivación para continuar creciendo”.

Fue esa la idea que impuso en Cerro, la que le planteó a la dirigencia de Peñarol cuando llegó a ese cuadro en 2016 y que llamó Educar a entrenar, que resume en darle calidad a cada jornada de práctica y comprometer a las chicas –que no cobran, que trabajan e incluso estudian– a la regularidad de los entrenamientos.

Con el apoyo de su cuerpo técnico, donde nunca ha faltado la presencia del psicólogo, Pérez ha construido grupos compactos, sólidos, de rendimientos parejos, que quizás no deslumbren pero son tremendamente efectivos. En el clausura de 2019, las carboneras llegaron a otra final con Nacional sin haber recibido un gol en contra. Y aunque recibieron uno en la definición se llevaron la tercera copa seguida (3-1). 

En el año 2019 –presagio del fin de ciclo al que ahora alude– Pérez dirigió veinte partidos en los torneos locales y consiguió veinte victorias: uno, sin embargo, lo perdió por un error en la alineación de una jugadora, pero no en la cancha.

El DT afirma que no es esclavo de un modelo y adoptará una forma de jugar a partir de las características de sus jugadoras, de quienes conoce casi todo: virtudes, defectos, pegada, velocidad, comprensión del juego y hasta el ritmo de su período menstrual. 

–Hay países donde les dan pastillas anticonceptivas a las jugadoras para regular sus períodos. Nosotros no trabajamos así, pero sí programamos entrenamientos de acuerdo con esa información que suelen llevar los responsables de la preparación física. La ciencia no ha dicho que el rendimiento pueda bajar en algún momento del ciclo, pero puede haber un impacto emocional que depende de cada persona y lo hablamos con las jugadoras, con naturalidad y confianza.

En la sub 17, con la que lleva algunas semanas de trabajo, el énfasis está puesto, por ahora, en la consolidación del grupo, la asimilación de conceptos, entre los cuales la intensidad y la concentración en la cancha serán rasgos distintivos. 

Con miniciclos en el Complejo Celeste y en el Estadio Charrúa, de lunes a miércoles, Pérez y su equipo técnico –su mano derecha es Stefanía Maggiolini, asistente, una exjugadora que disputó sudamericanos, copas América y los Juegos Panamericanos de 2008– profundiza el conocimiento de la generosa camada de chicas y la prepara para “sorprender a los rivales”.

–Ya no paramos hasta el torneo –y se frota las manos Daniel Pérez porque está, como dijo, donde quiere estar.




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