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El Washin del Cerrito, por Hamlet Tabárez




Todo está guardado en la memoria

 

El Washin del Cerrito

“Los boliches del Cerrito están llenos de milicos”

Así decía Alfredo Zitarrosa en su “Chamarrita de los milicos”, esos boliches que lo vieron amanecer entre parroquianos somnolientos, trabajadores cansados de la jornada y algunos bohemios trasnochadores, hasta que como él decía: “el sol llamaba a silencio a las guitarras que la noche había fatigado”.

Alfredo no era muy futbolero (era hincha de Peñarol, decía que “los goles de Peñarol no duran tanto como los de Nacional”), si no se hubiera dado cuenta que en los boliches del Cerrito también abundan jugadores de fútbol, sobre todo de ayer, orgullo del barrio, excracks que “rebebiendo” reviven al recordar, los de hoy, al igual que el peluquero del barrio, pasan los lunes de noche un rato, los demás días se cuidan, porque ahora en el Primero si no corrés no jugás.

Mi abuelo Gregorio Tabárez compró unos terrenos en Camino Propios y la calle Termópilas, en el Cerrito de la Victoria, hizo su casa ahí y le dio a cada uno de sus cuatro hijos –Élida, Óscar, el padre de Washington (el Maestro), Ismael y mi padre, Helvecio– un terreno para que construyeran sus casas. No piensen que el abuelo era un terrateniente, nada que ver, lo que construyeron a lo largo de la cuadra fueron casitas de techos de zinc, de lata por fuera y por adentro madera, y todo el mundo a laburar.

En los barrios de Montevideo de mi niñez, todo giraba alrededor del fútbol y cuando Uruguay salió campeón del mundo en 1950 fue lo máximo, había una sana competencia sobre qué barrio de Montevideo le había aportado más al fútbol uruguayo, jugadores, técnicos, etcétera, si La Teja, si el Cerro, si la Unión, olvidando por orgullo capitalino o local el valioso aporte del interior, aunque Julio César Britos, el popular Poroto, campeón del 50, decía para hacerlos calentar (él era de la Unión) que Uruguay fue campeón del mundo hasta que empezaron a venir canarios a jugar en Montevideo.

Brazo Oriental, Bolívar y el Cerrito de la Victoria entraron en esa competencia entre los barrios, aunque no creo que haya estadísticas al respecto, aportando numerosos jugadores y entrenadores. Sé que hubo muchos más, pero mi subjetiva memoria futbolera recuerda al Cotorra Omar Mígues y el Tiza Morán, campeones del 50, a Lorenzo Pino, Isabelino García, el Negro Pancho, a Emilio Cococho Álvarez, Pepito Urruzmendi, Cascarilla Morales, la Chita Ivaldi, Sapito Villar, el Bolita Arispe, y muchos más que escapan a mi memoria y con ellos los cracks que no llegaron pero contribuyeron a la rica historia del barrio. En esa época la carrera entre los barrios era pareja, pero ahora en el 2020, el Cerrito de la Victoria ha tomado una considerable ventaja en el aporte al fútbol uruguayo, gracias al Maestro Óscar Washington Tabárez, nacido en ese barrio en 1947, el Washin, el de Termópilas, el hijo del Negro y de la Chicha, el hermano de William y Walter, el zaguero medio “lenteja” que tenía las rodillas “que se amaban” como Cococho Álvarez, que jugó en el Fraternidad, que debutó a los 20 años en Primera en Sud América, en el Parque Roberto, partido adonde fue toda la familia porque era contra Racing, en donde el número 8 era “mi persona”. Después jugó en El Tanque, en Wanderers, en Fénix, se fue a jugar al Puebla, de México, cuando regresó jugó en Bella Vista, a los 32 años se retiró por problemas en esas rodillas que se amaban, y comenzó el Curso de Entrenadores. Su primer trabajo de DT fue precisamente en Bella Vista y de allí, por su capacidad, su experiencia en el manejo de grupos humanos (fue maestro y director de escuela), se convirtió en uno de los mejores entrenadores de fútbol de Uruguay en toda su historia y a nivel mundial, para orgullo de su familia, de los que nacieron en el Cerrito y de todos los futboleros de buena voluntad del paisito.

Acá les voy a dar ventaja a los criticólogos de oficio en hablar exclusivamente de lo que ha hecho con la selección uruguaya, sin mencionar los logros a nivel de clubes, por problemas de espacio y porque no me gusta abusar y así tienen menos laburo para encontrar cosas que criticar. “La vanidad (envidia) es un yuyo malo que envenena cada huerta, es preciso estar alerta manejando el azadón, pero no falta el varón que la riegue hasta en su puerta”, agarrá ese centro de Atahualpa.

Qué va a ser crack ese si vivía en la esquina de casa… que ya fue… que abrir cancha a otro… la uruguayez, descrita magistralmente por Mauricio Rosencof en su libro Cajón de sastre: así que era grande nomás, che. Mirá vos. Así que todo aquello de “que ya está viejo”, que ya fue”, “renovación”,” que no hay nadie imprescindible”, así que todo aquello parece que no era tan así. Andá llevando.

El estilo es nacional, es como si en esta entrañable aldea donde vivimos tuviéramos el temor de que si alguien va para grande nos quite nuestro lugarcito en el sol. Entonces hay que caerle con las cuatro patas y entrar a jugar la sorna y la ironía en esas frases con puntos suspensivos, que no dicen un carajo pero sugieren mucho, “hay que saber retirarse a tiempo, los años no vienen solos”. Y sigue diciendo Rosencof: a mí se me fijó un comentario de Fernando Morena cuando Maradona surgía en Argentina: “Si Diego hubiera nacido acá, diríamos que es un petiso gordito que no cabecea ni tiene marca”. De esos sesudos analistas que critican de mala leche, lamentablemente hay algunos que jugaron al fútbol, pasaron por el fútbol pero no lo entendieron, por creerse los número uno cuando jugaban y los dueños de la verdad después, atrás de un micrófono. El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta (Quino), los que no jugaron son como la Iglesia de Mosquito, no tienen cura, les pongo un ejemplo: han hecho el comentario de que al “viejo” (creen que no diciéndole Maestro lo rebajan) lo salvó la mejor generación de futbolistas uruguayos de los últimos tiempos, con lo que estoy de acuerdo, porque el fútbol lo hacen bueno o malo los jugadores. Ahora yo pregunto, ¿esa generación de futbolistas salió tan buena por obra y gracia del Espíritu Santo? ¿O por el trabajo que hicieron con ellos desde que tenían 15 años en el Complejo Celeste? Espacio ideado y logrado por el cuerpo técnico de Tabárez, el Profe José Herrera, Jorge Rey, Mario Rebollo, Celso Otero, el Dr. Alberto Pan, Eduardo Belza, los técnicos de las juveniles, los utileros, masajistas, cocineros. Nadie puede ser tan desubicado o tan soberbio para sostener que todo es obra solo del Maestro Tabárez, ni yo, que estoy agrandado y orgulloso de ser su primo, podré ser un gil viejo, pero no un viejo gil, pero tampoco falsa modestia porque en el fútbol los logros o fracasos están ahí y nadie puede ocultarlos.

Óscar Washington Tabárez:

Quince años consecutivos como DT de Uruguay: 206 partidos dirigidos. 100 triunfos, 52 empates, 54 derrotas. Con el triunfo frente a Colombia 3-0 en Barranquilla se convirtió en el segundo entrenador en la historia del fútbol mundial en lograr cien triunfos dirigiendo la selección de su país (el primero es el alemán Joachim Low con 118).

Cuatro clasificaciones a los Mundiales. Campeón de la Copa América.

En estos quince años pasamos de ser considerados malos perdedores, con líos y expulsiones, a ser uno de los equipos con menos expulsiones, ganando el fair play en la Copa América 2011, con excelentes presentaciones en los campeonatos de las divisiones juveniles, desde la sub 15 a la sub 23. En la actualidad Uruguay es una de las selecciones con más jugadores jóvenes en su plantel: se renovó desde el Mundial de Sudáfrica casi totalmente, salvo cinco o seis jugadores referentes todavía activos en equipos de primer nivel en América y en Europa, y son numerosos los jugadores uruguayos jóvenes jugando en las mejores ligas de fútbol del mundo.

En un país de tres millones de habitantes, de los cuales dos millones y medio “saben” de fútbol, nos cuesta darle el título de ídolo a alguien. Obdulio sí, pero por algo le decían Vinacho; el Pepe Schiaffino era medio cagón; el Óscar Moglia estaba muy gordo; el Tato López se daba la papa; con Morena y el Enzo en la selección no pasaba nada; el Pepe Guerra, el Sabalero y Zitarrosa se tomaban todo y para peor eran medio comunistas. En nuestro querido paisito hacés cinco cosas bien y una mal y los mediocres te recuerdan la que hiciste mal. El Maestro sabe de esa “uruguayez” y tiene claro que el camino es la recompensa, que debemos ayudar a los jóvenes a remplazar el “ya fue” por el “somos”, que sería bueno seguir el consejo de Julio Julián en su canción “Un domingo sin vos” –no te quedés en Maracaná pero llevalo como una escarapela y recordalo cada 16 de julio–.

Admiración y respeto es lo que siente la gente del fútbol por el Maestro, como lo expresaron los entrenadores de Chile, Ecuador y Brasil, que algo deben saber.

Tranquilo, Washin, que hasta Artigas tuvo contras.

 

Hoy jugando los descuentos, lejos ya de la pelota

el tesoro más grande que llevo conmigo

más allá de la pasión, de triunfos y derrotas

el fútbol me lo ha dado y han sido los amigos.




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