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Cuestión de identidad




Ignacio Guido Montoya Carlotto: el nieto 114

 

 

Cuestión de identidad

 

 

La historia la conocemos muy bien, aunque no nos deja de sorprender y emocionar: Estela de Carlotto, fundadora y cara más visible de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, recupera a su nieto después de 36 pesados años de paciente búsqueda. Ese nieto, hijo biológico de Laura y Oscar, se iba a llamar Guido Montoya Carlotto, pero la trama quiso que se llamara Ignacio Hurban. Hoy, este músico de Olavarría se llama Ignacio Guido Montoya Carlotto. Su crónica daría pie para conversar sobre muchas cosas, sabidas o supuestas. A días de confirmar su identidad, se descubrió que era hincha de RiverPlate. Ni lerdos ni perezosos, los dirigentes de River lo homenajearon, junto a Estela, en el pasto del Monumental. Sabia decisión. Esa imagen, sumada a su admiración por Enzo Francescoli, nos dio la excusa perfecta para conversar con él. Ignacio, el nieto 114.

 

 

Alguna vez comentaste que más allá del dolor por el descenso, la época en la B fue, para vos como hincha de River, fantástica. ¿Cómo viviste esa etapa?

Tuve una época de hincha fanático, cuando jugaba Francescoli. Fanático de ponerme a llorar por River. Pero después dejé de ver fútbol, lo borré de mi vida, me fui del fútbol. Sólo volvía a sintonizarme cuando había un Mundial, pero hasta ahí nomás. No sé qué estupidez me pasaba por la cabeza, pero lo abandoné de mis intereses. Habrá tenido que ver con que empecé a estudiar música. Y volví a ver fútbol cuando empezaron los rumores de que nos íbamos a la B. El primer partido con el que retomé el lugar de hincha fue contra Lanús, luego de haber perdido contra Olimpo, cuando creció la sensación de que era inevitable la promoción. Entré a preocuparme. Fue como subirme al avión que estaba a punto de estrellarse. Y en el momento en que escuché a Daniel Passarella –quien era el presidente del club– decir que era imposible que River descendiera, me di cuenta de que íbamos a descender. Él no estaba viendo la gravedad del asunto. El primer partido de la promoción contra Belgrano lo vi en un estudio de grabación, mientras mezclábamos un disco. La revancha no la pude ver. Estaba en casa, con la tele prendida, pero tenía tantos nervios que caminaba por todos lados y no lo vi. Esa noche, la del descenso, tenía un concierto con una big band donde había muchos hinchas de Boca. Y me di cuenta de la dimensión del asunto cuando ninguno de esos hinchas de Boca me dijo una palabra. Es más, estuve meses sin recibir una gastada sobre el tema. Un acto de nobleza increíble de parte de los “primos”. Incluso algunos padres les decían a sus hijos que no gastaran a otros niños en la escuela. Era terrible. Me acuerdo de la sensación de abrir un suplemento deportivo y no ver el escudo de River entre los equipos de primera. Posteriormente, durante la campaña en la B, fui muy feliz como hincha; el hecho de juntarse a ver a River sin importar si ganaba o perdía, una suerte de ritual. Sólo el hecho de ver a tu equipo significaba felicidad. Supongo que le sucederá a los hinchas de cuadros chicos: van a ver a su equipo, sabiendo que las posibilidades de perder son muchas.

 

¿Es cierto que la gran mayoría de los nietos recuperados son hinchas del mismo club que sus padres biológicos?

Es así. Es algo muy loco pero se ha dado de esa forma, la estadística ha sido determinante. Incluso hay casos de nietos que son hinchas de clubes que no son particularmente populares en la ciudad donde crecieron, y ya recuperados se enteraron de que sus padres eran hinchas del mismo club. Hay algo muy fuerte allí, de trascendencia. En mi caso, mi abuela paterna y mi padre eran muy hinchas de River, así que heredé el sentimiento por allí. Aunque esa historia es un poco más rica aún: supuestamente mi madre y mi padre integraban un grupo de amigos que una vez iban a ir a ver a River juntos, en barra. Parece que mis padres se cortaron solos y se fueron al cine, aún siendo amigos. Ese día habría comenzado su historia amorosa. Esto me lo ha comentado más de una persona que los conoció, aunque tampoco tengo tanta certeza de que haya sucedido exactamente así. ¡Ojalá que sí!

 

Se puede decir que River tiene que ver hasta en tu gestación.

Es que el club, sin quererlo, ocupa un lugar muy importante en mi historia. De hecho, el 5 de agosto del año pasado River ganó la Libertadores. Ese mismo día, pero un año antes, yo me enteraba sobre mi real identidad. Así que ese partido lo viví con una carga pesada, de responsabilidad. Y cuando ganamos lo tomé como un regalo de cumpleaños.

 

¿Cuán importante fue enterarte de que tu padre era de River?

Fue muy importante. Mi abuela paterna, su madre, me dijo con orgullo: “Hincha de River como tu papá”. Fue como una confirmación para ella, como si ese dato terminara de certificar que yo fuese su nieto.

 

Fuiste homenajeado junto a tu abuela Estela en la cancha del Monumental, lugar donde se estaba jugando un particular mundial en los días de tu nacimiento. ¿Cómo es tu relación con el estadio, considerando esa carga histórica?

Creo que una de las intenciones del homenaje que me hicieron fue, justamente, exorcizar ciertos fantasmas, cerrar una historia que tuvo mucha oscuridad. Pensemos que Videla fue socio honorario del club por un tiempo, hasta que fue expulsado. Por eso acepté recibir el homenaje, más allá de mis vergüenzas. Además no había ido nunca a ver un partido al Monumental, hasta me daba un poco de pavor decirlo.

 

Habías ido al estadio pero no a un partido.

Claro, fui a conocerlo, a visitar el museo. Y en esa visita me sacaron una foto que después subí al Facebook. Por esa foto “descubrieron” que era hincha de River y gestionaron el homenaje.

 

El fútbol y la música son vasos comunicantes muy poderosos. ¿Pueden ayudar en la búsqueda que lleva adelante Abuelas, junto con otras organizaciones?

Sí, pienso seguido en ello. La gran mayoría de los clubes han dado su apoyo a las organizaciones, a su forma se han sumado a la búsqueda. Y desde la selección lo mismo, ya que, poco antes de mi encuentro, Messi, Mascherano y algunos otros referentes estuvieron con las abuelas y se sacaron fotos con una pancarta de apoyo. El fútbol, como manifestación popular, sirve para muchas cosas, más allá de sus funciones obvias. Me encantaría que fuera una actividad más honrosa, dentro y fuera de la cancha, que fuera ejemplarizante. Creo que en el fútbol está todo muy exacerbado, hay mucha violencia, sólo sirve ganar y no importa cómo lo logres. No son valores positivos. El juego del fútbol es muy poético, tiene mucho de música, de estructura orquestal, en el que hay lugar para la improvisación, un plan general, apoyo entre los componentes, cierta armonía en los movimientos, etcétera. Pero aun con eso, teniendo una gran oportunidad, no suele utilizarse como ejemplo positivo.

 

Te referiste a la poética futbolera. En Uruguay hay una rica tradición de componerle canciones al fútbol. ¿Incursionaste en esa área? ¿Te interesa?

Compuse dos canciones instrumentales vinculadas al fútbol. Una se llama ‘Santa Rosa y La Rosales’, en honor a los dos clubes que se fusionaron y fundaron River. Y la otra es un vals que le dediqué a mi amigo Antonio, quien me hizo hincha de River en la escuela primaria. Lo escribí cuando descendimos, en un estado de total desazón y bronca, y lo titulé sutilmente “Antonio la reputa que te parió”…, embroncado con quien, en definitiva, era el responsable de mi sufrimiento. Todavía no grabé ninguna de las dos canciones, pero ya llegará el momento.

 

¿Cómo se transmite un mensaje futbolero, con sus metáforas, en una canción que no lleva letra?

Es muy difícil, porque el fútbol tiene que ver mucho con la oralidad. Aún no he logrado llevar el juego a una letra, como han hecho brillantemente tantos autores uruguayos, muchas veces a través de la murga, y que tanta admiración me genera. El fútbol es un juego lleno de metáforas, recrea muchísimas situaciones de la vida cotidiana: la ira, el amor, la desesperación, creer y descreer en Dios de un momento al otro. Aunque algunas cosas han cambiado; ahora, como le pasó a River en el Mundial de Clubes, hay cierta lógica en los resultados: el poderoso le gana categóricamente a su rival. En eso se está pareciendo más al básquetbol. Antes, y es algo que nos cuentan mucho los veteranos, las epopeyas se veían más seguido, un equipo de barrio le podía ganar al poderoso. Esa era una metáfora hermosa, la del “siempre se puede”. De hecho, la épica uruguaya está muy basada en eso, principalmente por Maracaná. He escuchado la canción de Tabaré Cardozo sobre el golero brasileño de esa final, “Barbosa”, quien cargó una pena terrible y lo mandaron a cuidar el pasto de la cancha. Cuentan que se llevó los palos del arco para quemarlos en la casa y exorcizarse.

¿Jugaste al fútbol?

Pocas veces e informalmente, porque soy extremadamente malo. Es más, el día del homenaje en el Monumental, cuando estaba entrando a la cancha se me acercó el vicepresidente de River y me dijo “podés patearle al arco a Barovero que se va a dejar meter el gol”. Y yo vi la pelota en el pasto, el arco, todo precioso, y me dije “soy tan malo que la voy a tirar a la mierda, voy a quedar pegado y no se lo van a olvidar más”. Así que me hice el boludo y no le pateé. Jugar al fútbol no es lo mío, me gusta filosofarlo, leerlo, me gusta la poesía futbolera, los cuentos de Fontanarrosa, de Sacheri, etcétera. De hecho he escrito algunos relatos que se publicaron en una revista de Rosario. Uno de ellos también fue dedicado a Antonio, en la misma tónica que la canción, donde fantaseo con que él se refugia en Paraguay, exiliado, huyendo de todos los hinchas de River que lo culpaban por la desgracia del descenso. Otro texto trata sobre una remontada que tuvo San Lorenzo en el campeonato, al mismo tiempoo en que se designaba al papa Francisco, reconocido hincha. Contra esa circunstancia “divina” poco se puede hacer.

 

El River del 96 te agarró con 18 años, una edad plena para ver fútbol. ¿Cómo recordás ese equipo?

Ese River lo disfruté muchísimo, era un equipo con mucho vuelo. Ya me gustaba ver al equipo entrar a la cancha, con Enzo adelante masticando chicle, con la cinta de capitán y la pelota debajo del brazo. Esa imagen era maravillosa. Se transmitía una sensación de seguridad, que realmente creí que no iba a volver a sentir, que no se iba a repetir jamás. Pero el equipo de Gallardo, que ganó todo en la temporada pasada, me generó la misma sensación, de cobijo, de que “va a estar todo bien”. Ojo, con la posibilidad de perder partidos, pero siempre estando a la altura y dando mucha pelea. El año pasado fue un año épico, ganamos mucho, le ganamos a Boca. Fue particularmente maravilloso.

 

¿Qué lugar ocupa el concepto de identidad en todo eso? ¿Existe realmente la diferencia con Boca, entre el “paladar negro” y el “ganar como sea”?

Creo que en algún momento eso existió, mucho más que ahora, pero se fue perdiendo y hoy en día todos queremos, ante todo, ganar. El cómo, lo vemos. De hecho, muchos partidos de la última Libertadores los ganamos como supuestamente gana Boca: metiendo mucho, haciendo un gol y especulando, sin el toque bonito histórico. La San Martín baja sí continúa siendo la tribuna del “paladar negro”, que demanda más y más aunque River vaya ganando 3-0 con goles de caño. Y en algún lugar me parece que está bien, porque en definitiva representa y defiende una biología. Pero no deja de ser una identidad construida, muchas veces, desde la necesidad. Sí considero que los hinchas de River y Boca tienen características diferentes, más allá de los colores, que hoy están consolidadas en lo que no le podemos perdonar a los jugadores. Un “bostero” no perdonaría que su jugador no diera esa patadita, y nosotros no perdonaríamos que el pase no llegara a destino. El gen identitario está en lo que no se perdona. Igualmente somos bastante parecidos.

¿Conociste personalmente a Enzo?

Sí, lo conocí el día del homenaje y después lo vi un par de veces más. A veces uno tiene miedo de conocer al ídolo, por el riesgo de llevarse una decepción, pero no fue el caso. Encontré un tipo muy sencillo, muy humano.

 

Ustedes, los hinchas de River, tienen una relación con él que acá no se tiene. Aunque le dio mucho a la selección, le tocó jugar en épocas complejas y siempre se le demandó un poco más.

Claro, quizás pase lo mismo con Messi acá. Para los hinchas del Barcelona es un dios incuestionable, mientras que en Argentina tenemos el tupé y la estupidez de cuestionarle que con la selección no juega como en su club. Enzo en River es un prócer, y se lo respeta como tal.

 

¿Qué lugar ocupa el jugador uruguayo en el hincha de River?Considerando lo de Enzo, pero también lo de Alzamendi en el 86 y lo de Carlos Sánchez y compañía el año pasado.

El cantito “uruguayo, uruguayo” está pegado a las tribunas del Monumental, es como la voz del estadio, una institución.

 

¿Estás al tanto del fútbol uruguayo?

El problema es que acá no se televisa, no tenemos mucha información. Antes, cuando TyCSports transmitía algún partido, estaba más actualizado. La relación que tengo con el fútbol uruguayo es, principalmente, a través de los referentes que juegan en el campeonato argentino y a través de la selección uruguaya. Acá hay mucho hincha de la celeste. Algunos amigos son más hinchas, incluso, que de la propia selección argentina. Admiramos esa característica uruguaya de ir de puntos y ser muy peleadores y dignos. A nosotros nos pasa que creemos que tenemos los mejores jugadores y terminamos fracasando, porque eso no te asegura tener un buen equipo. También admiramos el sentido de pertenencia que los jugadores uruguayos han construido con su selección, algo que por acá añoramos.

 

¿Qué hiciste con la camiseta 114 que te regaló River en el homenaje?

La volví a usar el día de la final de la Copa Sudamericana y el día de la final de la Copa Libertadores. Ahora está colgada al lado del piano, la voy a encuadrar y la voy a dejar ahí. Dio todo lo que tenía para dar.

 

_Mateo Magnone

 

 




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