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La sangre del Pepe




Leandro Cabrera, bastión del Getafe

de los uruguayos

 

 

La sangre del Pepe

 

 

“Me fui a Europa a los 19 años, al Atlético de Madrid. Al primer mes me quería volver a Uruguay, llamé a mi casa y dije que me quería volver, y a los dos días tenía a mi madre allá. No jugaba, y te sentís futbolista cuando jugás. Por eso siempre quiero jugar. Nunca dejé de extrañar, me costó tres o cuatro años adaptarme”.

 

 

Por Martín Monroy

 

 

Leandro Cabrera, el Lele, a pocos partidos de haber debutado en la Primera de Defensor Sporting, partió rumbo al Atlético de Madrid para compartir plantel con Diego Forlán. Hace diez temporadas que juega en Europa. Pasó por varios equipos del ascenso español e italiano antes de plantar bandera en Getafe –junto a otros cuatro uruguayos– para coronar una campaña histórica.

Nieto del emblemático José PepeSasía, hijo del entrenador Sergio Cabrera y de Martha Sasía, ama de casa, hermano de Rodrigo, otro que salió zaguero y anda por Chile corriendo atrás de la pelota, el Lele Cabrera, con casi trescientos partidos por ligas europeas, nos recibió en la casa de sus padres apenas llegó a nuestro país.

Tres días atrás el Getafe empató con Villarreal, finalizaba quinto en la tabla y se metía en la UEFA Europa League. Con el viaje arriba y el cuerpo acusando dolores post partido, tuvimos una charla de vestuario, pero en una barbacoa llena de camisetas, banderas, pelotas y recuerdos. Hay olor a asado, hay olor a fútbol.

 

¿Qué sensaciones tenés al terminar la temporada?

Una sensación de alegría tremenda. A lo largo del año, por la manera que tenemos de trabajar, el cuerpo técnico y un poco la forma de ser del grupo, disfrutamos muy poco de los pequeños triunfos. Cada partido que ganábamos era, literalmente, festejar ese día y al otro día ya fue.

 

¿Eso es algo común en el fútbol?

Sí, pero más acá en Uruguay que en España. Yo hacía mucho tiempo que no tenía esta sensación casi obligatoria de ganar.

 

¿A qué te referís cuándo decís “hace mucho tiempo”?

Van a hacer diez años. Me fui en 2009. El primer equipo fue Atlético de Madrid, después Recreativo de Huelva, siguió Numancia, Hércules, Real Madrid Castilla ¡di más vueltas…! Después tres años en Zaragoza, y los seis meses siguientes me fui a Crotone de Italia, ahí jugué poco y nada, estuve media temporada, hasta que me llamó el entrenador del Getafe, José Bordalás.

 

El fútbol tiene eso de montaña rusa: pasás del Crotone sin jugar a una campaña histórica en un club de barrio.

Sí, de pueblo. Es como una pequeña ciudad en la periferia de Madrid. Cuando llegué al club en enero de la temporada anterior, el equipo venía bien, era la primera temporada después del ascenso, aunque tiempo antes ya habían estado como once años seguidos en Primera división. Getafe estuvo en Segunda B y Tercera División, lo que viene a ser la C y la D, hasta el año 2003 - 2004, de ahí hasta 2015 - 2016 si no me falla la memoria, hasta ahí no desciende.

 

Un Getafe que se caracteriza por su cuota de jugadores sudamericanos.

Sí, han pasado muchísimos. Muchos argentinos y uruguayos, Juan Albín, por ejemplo estuvo mucho tiempo. Hoy somos cinco uruguayos y un argentino: Leandro Chichizola. Somos una banda, nunca me había pasado compartir con tantos compatriotas; como mucho, antes tuve un solo compañero uruguayo en el plantel. Estás en la liga más competitiva que hay en el mundo, con rivales de locos y se da el caso de competir con ellos. Miro a mi costado y, por ejemplo, veo al Zorro Damián Suárez, que lo vi jugar todas las formativas en Defensor, nunca compartimos categoría hasta que estuvimos en Primera división, pero vivimos lo normal de estar en Uruguay juntos y ahora nos enfrentamos a los mejores del mundo. Además, Damián es uno de los capitanes del equipo, están los capitanes españoles que son tres y después está él. Es el que más tiempo lleva en el club. Al llegar, el entrenador nombra los capitanes y a medida que se van yendo, los que quedan ocupan esos lugares por veteranía. El Zorro llegó a descender y ascender a la temporada siguiente. Eso lo engrandece aún más.

¿Cuál es la relación entre las posiciones de la tabla y los presupuestos en una liga con tanto poderío económico?

Si económicamente hablando cada uno quedara en el ranking que tiene que quedar, somos el decimoquinto equipo de la liga. Si fuéramos a los fríos y crudos números, terminamos quintos. Tendríamos que haber peleado por no descender. La lógica en el fútbol falla, pasó hace años con el Leicester, igual tenía un presupuesto mucho más alto que nosotros.

 

¿Calificas la actuación de Getafe cómo exitosa esta temporada o queda el gusto amargo de no llegar a Champions?

Soy resultadista, puede molestar. Hay gente que puede no estar de acuerdo, pero nunca nos acordamos de los que pierden. El año pasado justo lo comentaba con un amigo que le gusta hablar de fútbol, quien me preguntaba la manera que teníamos de afrontar la temporada. El año pasado terminamos octavos, hicimos un campañón, un punto más y terminábamos séptimos, nos metíamos en la fase previa de la Europa League. Empezamos la pretemporada y el entrenador, Bordalás, si no recuerdo mal en la primera charla dijo: “El año pasado hicimos una buena campaña, pero les pregunto ¿quién salió octavo hace dos años?”. Nadie sabía. Nos dijo: “El fútbol es así, cuando no conseguís nada, nadie se acuerda de vos. Este año tenemos que mejorar lo que hicimos el año pasado”.

 

La charla sirvió, se cumplió el objetivo.

Sí se cumplió, con un desgaste mental enorme. No llegábamos a festejar ninguna victoria, porque teníamos que hacer borrón y cuenta nueva para afrontar el partido siguiente. El club es como es, somos los jugadores que somos, no somos campeones del mundo ni nada y teníamos que ir a hacerle cara al que sea, porque lo sentíamos así. La mayoría veníamos de situaciones similares, yo estuve mucho tiempo jugando en Segunda división. Damián desciende y asciende con el club y así se dio en muchísimos casos de jugadores. Los delanteros de nosotros, Jorge Molina, 14 goles con 37 años, un gran amigo. También Jaime Mata, con 31 años, hasta esa edad no había jugado en la Primera división española, siempre en categorías de ascenso. Se juntó un grupo que venía con hambre con un entrenador muy exigente. Hasta que no terminó el partido con Villarreal, en la última fecha, quedó la sensación de que no lo conseguimos, porque queríamos terminar cuartos. Pero fue un gran año, hasta que no terminó el partido no me relajé, para mí fue esa la clave: borrón y cuenta nueva constantemente. En muchos equipos faltan dos fechas para terminar el campeonato y los jugadores ya quieren terminar. En otras oportunidades a falta de dos semanas yo ya tenía las valijas prontas, y acá no.

 

¿Se puede decir que es el Getafe de las revanchas? Un delantero jugando por primera vez en primera con 31, otro con 37, y ambos haciendo goles es peculiar.

Totalmente, si te nombrara uno por uno, todos son casos similares. Mi compañero de zaga por ejemplo, Djené, llegó hace tres años a España a jugar en Segunda división, en el Alcorcón. Subieron a Primera y el año pasado fue su primera temporada en Primera. Hace un campañón este año, considero que es el mejor defensa, sin dudas es impasable. Matías Olivera el año pasado estuvo en el club y jugó pocos minutos, lo mandaron a préstamo. Empezó a jugar en Albacete en Segunda división, hace una primera mitad de temporada de locos y el entrenador lo pidió. Volvió y jugó catorce partidos, todos de titular, de lateral o volante por izquierda. Mauro Arambarri se fue a Francia, donde jugó poco. El entrenador lo pidió, volvió y lo puso a jugar. Todos tuvimos situaciones similares.

 

El entrenador quiere mucho la cultura uruguaya, por lo que veo.

Le gusta la cultura del trabajador y él lo ve reflejado en nosotros.

 

¿Entonces busca algo más que el rendimiento deportivo?

Busca más que la calidad, porque acá calidad hay en todos lados. Se le presentó la situación de juntarnos a todos los uruguayos y lo hizo. Por su experiencia personal, de jugadores uruguayos que estuvieron con él, no dudó. Tengo compañeros, como Andrés Lamas, que estuvo con él y confirmó lo dicho. Andrés ganó todo, fuimos compañeros y es un fenómeno cómo siente y vive el fútbol. Nuestro entrenador también estuvo con Facundo Guichón y vos lo veías jugar cuando estaba con él y corría para todos lados, se daba la cabeza contra un ventilador. Para mí la experiencia de este año fue espectacular. Nosotros, como país, como algo cultural, tomamos muy mal perder y las injusticias. Hubo momentos duros en el año, que empatás o perdés y estás ahí, y nosotros vamos como en la misma rueda. La sensación que me da es que los que no son uruguayos le quitan drama, lo viven mejor, nosotros somos de otro corte. Llegaba al partido y pasaba por al lado del Zorro y me decía “dale, Lele, que hay que ganar”. Partidos que nos estaban metiendo para adentro y con miradas nos entendíamos, desde pegar alguna patada o hacer tiempo, que si se lo decís a otro puede no tomarlo bien o capaz no entenderlo. Hay cosas que se tienen o no se tienen.

 

¿Fuera de la cancha también son así de compañeros?

Sí. Entre nosotros y con el grupo en general. Ahora que terminó el año, festejaban los cumpleaños e invitaban a todo el grupo. Tenemos otro gran amigo uruguayo que está siempre al lado nuestro y es fundamental en nuestras juntadas, Andrés Espinoza. Un personaje, un uruguayo normal y corriente que cuando te tiene que decir algo te lo dice, si te mandabas una cagada en la cancha o afuera, te lo decía. Iba a todos los partidos de local y a los que podía de visitante. Fuera de lo que es el vestuario, amigo de los cinco, Andrés es el que hace el nexo entre nosotros, el que organiza. El Lolo (su hermano Rodrigo) también lo conoció cuando estuvo en Fuenlabrada.

 

¿Compartiste plantel profesional con tu hermano?

Sí, compartimos plantel. Jugamos juntos en Tercera, en Primera no llegamos a compartir cancha. Compartimos todo en el fútbol; en baby, le tocaba jugar primero y cuando terminaba el partido yo le agarraba la camiseta. Nació y lo primero que nos regalaron fueron camisetas. Recuerdo a mi abuelo sentado en el sillón con dos camisetas colgadas atrás. Conozco muchos cuentos de mi abuelo. En mi casa hablamos de fútbol constantemente, mi novia es española y la otra vez me decía, ¿cómo pueden hablar tanto de fútbol? Pero no es que hablamos de cómo pegarle a la pelota, sino de quién enseñó a pegarle a quién.




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