Logo

Doble de riesgo




Charla con el Loco Sebastián Abreu

 

 

Hay cifras que tienen encanto. Suma 25 años de carrera, 30 equipos de fútbol, 400 goles. Usa la camiseta 13 o le agrega 100 –si la otra está ocupada– para llegar al 113; fue dirigido por 40 entrenadores. Nació en Minas, Lavalleja, a 105 kilómetros de Montevideo. Tiene 43 años, mide casi dos metros, tiene cuatro hijos: Facundo, Franco, Diego y Valentina. Jugó al voley, al básquetbol y debutó como futbolista en Defensor, en 1994. Con la selección uruguaya jugó 70 partidos, ganó 26, hizo 26 goles. En 2020 cumplirá un sueño: ser el director técnico del mismo equipo en el que juega.

 

 

 

Por Patricia Pujol

 

 

Estará dentro y fuera de la cancha al mismo tiempo, una experiencia que pocos cuentan en su legajo profesional. Él lo sabe y despeja pronto los posibles cuestionamientos recitando, con celeridad y de memoria, algunos nombres de colegas en su misma –y doble– condición: el colombiano José Manuel Charro Moreno en Independiente de Medellín, que ganó un campeonato, el brasileño Romario en Vasco Da Gama, Gianluca Zambrotta en Chiasso, Italia, y GennaroGattuso en FC Sion, Suiza. No lo dice y no se lo digo, sabemos que también en Uruguay pasó algo de esto que parece tener visos de insensatez: Juan Ramón Carrasco en Rocha Fútbol Club, en 2000. Hoy la locura tiene nombre: Sebastián Abreu.

 

 

Amaneció despejado el cielo en camino Pichincha. Un viento fresco es el condimento ideal para animar la mañana de verano y que no abrume el entrenamiento. Boston River se prepara para el campeonato uruguayo en las canchas del Complejo Deportivo Santa Rita, un lugar amplio, rodeado de árboles, con varios campos de juego abiertos y verdes. Es el mismo equipo que zafó del descenso en la última fecha del campeonato pasado. Acá no sobra nada.

A las 9 los jugadores ya están prontos, sentados en ronda fuera del vestuario, esperando la señal del entrenador para comenzar los ejercicios en la cancha. A unos metros, un equipo de asistentes trabaja colocando una cámara fija. Hoy habrá dos personas más filmando lo que va a suceder: se prepara un video motivacional para el arranque de temporada. Se acerca el Locoy a los gritos cruza la cancha: “¡Ya encontré la clave: 4-3-3 y los matamos a todos!”. Se ríe y sus colegas le devuelven el gesto. En la cancha están alistando los materiales Claudio Pérez, el segundo entrenador, el entrenador de goleros Jorge Rodríguez y los profes Facundo Altamira y Jorge Hernández. Los ejercicios combinarán fuerza individual y dinámica grupal. Luego, los jugadores ocupan la cancha en espacio reducido con indicaciones precisas: dos equipos, tres pases, la pelota no vuelve y hay que generar y encontrar los espacios para dar el pase. Todo eso lo explica el LocoAbreu a los gritos después de haber hecho los mismos ejercicios que todo el plantel. Cuando comienza a rodar la pelota, también juega. Cuando ve que se desalinea su plan en el campo, para, se retira del límite que marca la cancha y grita más fuerte: “Hay que buscar los espacios. Me muevo. Son tres toques. Rápido”.

Abreu ya fue entrenador en Santa Tecla, El Salvador, donde logró el título del campeonato local en 2019. Su trayectoria como jugador es conocida y vasta: Defensor, Nacional, Central Español de Uruguay; RiverPlate, San Lorenzo, Rosario Central de Argentina; Dorados de Sinaloa, Monterrey, Tigres, América, por decir algunos equipos de México; Real Sociedad y Deportivo La Coruña de España, Botafogo, Gremio de Brasil, Deportes Puerto Montt, Audax Italiano de Chile, Beitar Jerusalén de Israel y Aris Salónica de Grecia. Vistió la celeste desde 1996 hasta 2012 y su nombre se lee en la cima de varias tablas de goleadores de campeonato.

Terminó su rol de conductor televisivo en Trato hecho, en Teledoce, para seguir pensando en los partidos de fin de semana. En Boston River tiene contrato hasta julio de 2020 como jugador y hasta fin de año como entrenador. Sabe que el nuevo camino no será fácil.

 

¿Cómo estás encarando esta nueva etapa de entrenador? ¿Con qué idea y posibilidades de desarrollarla?

Lo bueno de llegar a un club es saber las carencias, las virtudes y dónde podés apretar para mejorar. Hemos ido mejorando cosas que entendemos que son necesarias para llegar a la exigencia máxima que sea acorde a cómo te la piden. Porque muchas veces se exige que hay que jugar bien, pelear arriba, entrar a copas internacionales… pero una cosa es el domingo, ¿y de lunes a viernes? Las condiciones son diferentes. Pedimos como élite pero tenemos condiciones de amateur, hemos podido encontrar un espacio físico acorde, lindo, donde el paisaje te ayuda a oxigenarte, estamos solos, no compartimos con nadie más, que era una de las cosas que veníamos sufriendo y tenías que manejar los horarios. Químicas, vibras que se van generando... A nivel de materiales hemos ido mejorando, pero siempre hay que insistir, porque hay que entender que la experiencia que uno puede llegar a tener en el mundo entero, a veces, por más que se tenga la idea, no se tiene el conocimiento. No se tiene la experiencia y uno ayuda de ese lado a ir incrementando cosas. En líneas generales hemos ido mejorando, pero esto es como todo, podés valorar todo lo que se entrena, todo lo que se ha mejorado, y podés seguir consiguiendo cosas para mejorar, pero si llega el fin de semana y ganás, porque ese es el aditivo psicológico positivo que genera el ser humano, sobre todo al que le pedís cosas. Si va viendo los resultados está motivado a dártelo, si no ve resultados va perdiendo la motivación y entiendo que es un gasto innecesario, porque los resultados no se consiguen, por eso somos realistas.

 

¿Qué debilidades y fortalezas tiene tu equipo?

Tenemos un plantel con mezcla de todas las edades: hay jugadores adolescentes, de edad intermedia y grandes. Veo el deseo de poder sentirse a gusto dentro del campo de juego. Cuando digo “sentirse a gusto” es llegar al campo de juego, saber lo que se quiere, lo que se plantea, poder plantearle al rival dificultades. Otra de las cosas que tienen es el anhelo de hacer un buen año. Veníamos de hacer un año en el cual se terminó noveno, que es la posición que en Boston se maneja. El tema del promedio te condiciona mucho la parte psicológica, porque muchas veces te olvidás de ver la tabla anual, que puede ser relativamente buena, con el promedio del descenso que te lleva a pensar que fue un año horrible, malo. Estás todo el año peleando el descenso y no te das cuenta de que esa diferencia de tabla, que es un promedio acumulativo de torneos anteriores, te lleva a perder la visión del año, que no fue malo futbolísticamente pero te lleva a pensar que fue sufrido y nos quedamos con esa sensación desde lo emocional, psicológico, físico. Y arrancar el año mejorando las condiciones, que en el promedio estás a mitad de tabla, ya no estás sufriendo y tenés condiciones dentro de la humildad y nuestras características para poder plantearle igualdad de condiciones al rival, también desde lo psicológico te da una posibilidad de pedir algo más. A veces no se puede, porque importa el resultado y tenemos que ser expeditivos y pragmáticos, y en esta condición inicial estamos convencidos de que podemos plasmar ese “de tú a tú” con el rival de turno.

 

Interpretando en forma muy atrevida a DT que vos has conocido bien a lo largo de tu carrera, como Pep Guardiola o el CholoSimeone, y citándolos como el paradigma de las “buenas cosas que hacer desde el banco”, si es que existe algo así, despliegan propuestas distintas para sus equipos: uno propone tenencia y control todo el tiempo, y el otro recupera y contraataca. ¿Vos qué le proponés a tu equipo?

Una cosa es lo que uno quiere y otra es lo que podés. Esto es como si tenés una parrillita, me encantaría hacer pasta pero tengo que hacer carne. Si tengo un restaurante grande puedo hacer pasta y carne. Llevado al fútbol, si yo tuviera jugadores entre los que puedo elegir lo que quiero, tendría una idea, pero acá tengo que ser inteligente y creo que lo más importante es sacar lo mejor de lo que tenés y no querer modificar lo peor de lo que puede tener el jugador. Con base en las características, al funcionamiento, a lo que puede ser colectivamente el equipo, nos sienta mejor replegarnos rápido, pasamos la línea de la pelota, cerramos la línea de pases y a la hora de recuperar, tener una transición rápida defensa-ataque; lo que era antes esperar para contraatacar. Ahora hay modismos de palabras que tenés que actualizarte porque si no te tildan de antiguo, pero también entrás a utilizar palabras de antes para los que no están preparados para la modernidad verbal. Uso las dos formas. Te doy las dos opciones, para todo público [bromea y sonríe].

 

En una entrevista reciente de la periodista argentina Viviana Vila a Alejandro Sabella, hablaban del liderazgo. Él decía que era la condición principal del entrenador para dirigir un equipo. ¿Coincidís con eso? ¿Qué es el liderazgo?

Liderazgo es poder llegar y que el grupo se convenza del mensaje que estás dando, simplemente eso. Después están las formas, más pausado, más armonioso, efusivo, están los perfiles. [Juan Manuel] Lillo era pausado, tranquilo pero te llegaba. [Diego] Simeone era efusivo, intenso, pero te llegaba y el grupo se convencía de la idea. El maestro [Óscar Washington] Tabárez es tranquilo, pausado, medido en sus palabras, convencía al grupo. Es eso, llegar al equipo y convencerlo, independientemente de que algún jugador, por su nivel intelectual o su experiencia futbolística, interprete que hay más cosas para hacer, pero igual conseguís que ese jugador compre la idea y la transmita de la misma forma que los demás.

Parece que hablaras de vos como jugador, ahora mezclando ese nuevo rol de DT. ¿Sos receptivo con ese tipo de perfil?

Tengo que ponerme en ese lugar porque fui ese perfil. Con muchos entrenadores que me abrieron esa posibilidad, desde la coherencia, de saber que me está haciendo un análisis general y no uno para su propio beneficio. No es lo mismo que yo venga como delantero y te diga: me parece que si el equipo juega más replegado vamos a tener mejor posibilidad de atacar, a decir: a mí me gustaría jugar con dos puntas, uno cerca mío, porque ahí vamos a tener más chance de gol. No, ahí me estás dando un análisis que te beneficia a vos y no al equipo, y de la otra manera es con lo que uno puede hacer otro tipo de evaluación. Siempre estoy abierto al diálogo, uno tiene que estar preparado para escuchar y después responder. Hoy en día, lamentablemente, a nivel social, ya estamos preparados para responder, porque ya estamos con una idea y no queremos escuchar a otra persona y abrir la mente, y decir: “Mirá, la verdad, no estaba de acuerdo pero en la manera en que me lo decís empiezo a interpretar que hay cosas que sí y otras que no”. Estamos preparados para querer responderle y convencerlo o penetrarle la cabeza con que él tiene que estar de acuerdo contigo. Ahí es donde estamos fallando como seres humanos y sociedad. Y por eso trato de usar siempre la expresión “sentido común”. Llevarlo al lugar de trabajo y al fútbol, porque somos parte de. Somos un reflejo más visible por lo mediático y somos parte de lo que somos como sociedad. Tratar de hablar con argumentos y no exigirle a alguien algo desde la mala palabra, sino sumarle el argumento, la explicación. Tratar de que el otro entienda por qué está enojado y así se mejora mucho en el relacionamiento.

 

Tuviste muchos, pero ¿qué DT te parece que te marcó en tu carrera?

Tuve muchos de los buenos, saqué de ellos lo que me identifica; y tuve de los malos, que también te deja.

 

¿Te deja para luego no hacer?

Claro, te deja enseñanzas dentro del grupo, de lo que no le podés errar, de lo que no podés negociar. Lo que no podés transar.

 

Dame un ejemplo de eso.

Llegar y decirle a un jugador: “Mirá, vas a jugar el fin de semana”. Y después, porque el otro que estaba lesionado se recuperó, ponés al otro. Ya le erraste. No generar falsas expectativas. Tratar de hablar poco. A veces, por querer hablar mucho terminás afilando y el grupo te termina agarrando la mano. Hablar concreto, conciso, no dejar que crezca una bola de nieve por una actitud de indisciplina. No porque sea un jugador de nombre dejarla pasar, porque el grupo después mide: “El que no tiene nombre paga”. Son detalles que el grupo va midiendo. No hacer charlas largas antes del entrenamiento. Cuando vienen al entrenamiento y te tienen veinte minutos, te escuchan cinco y después viajan, y no queda el concepto. Si hay un tema delicado o importante sí, pero algo puntual. Un sinfín de cosas que uno ha ido aprendiendo. Las charlas de partido, prepararlas claras y cortas. El poder de concentración de un futbolista cambió. Debe ser también por la tecnología, te quita atención. Entonces duran quince minutos, antes eran treinta. Después de quince minutos, arrancan a mirarte y viajan. En algún momento los sorprendés y les decís: “Fulano, ¿cuál era tu marca?”. Te van a decir “no sé”. Lo otro es que tiene que estar todo en cancha. Ahí es donde están prestando atención, porque están disfrutando el entrenamiento. Si son dinámicos, modificando ejercicios para que sigan desarrollando la parte cognitiva, que no es solo entrenar por entrenar sino que es llevado al juego de lo que se le va a presentar el fin de semana, están prestando atención a lo que hacen. Voy aprendiendo de lo que como jugador no me servía. Después sacaba cosas buenas de los entrenadores como Hugo de León, Daniel Carreño, Juan Ahuntchaín, Tabárez, Daniel Passarella, Lillo, CholoSimeone, Miguel Ángel Russo, he sido un bendecido en tener entrenadores que me han marcado. Lo más lindo es que ha existido una identificación mutua, una química en la cual ellos se reflejaban como el técnico en la cancha conmigo y yo me identificaba por su forma en general, por manejo del grupo, su metodología de entrenamiento. Al día de hoy mantengo relación con todos ellos, y en esta etapa me trato de nutrir y me sigo nutriendo con todos los consejos que ellos me pueden dar.

 

Estarán ex compañeros tuyos como DT en este campeonato que viene, como Gustavo Munúa en Nacional, Diego Forlán en Peñarol y Alejandro Orfila en Defensor. ¿Tuviste oportunidad de charlar con ellos?

En el caso de Diego debe estar un poco como yo, viviendo cosas nuevas en el día a día, y la verdad es que no te da… A veces quedo mal con gente porque me manda un mensaje y respondo días después, pero no es porque no quiera, lo ves pero no estás en ese momento para contestar y decís “más tarde”. Pero resulta que más tarde te acostaste y, claro, uno sigue en la rutina de futbolista. Salimos [del entrenamiento], nos juntamos con el grupo de trabajo, terminamos de ver los videos del entrenamiento, descanso un rato, me voy al gimnasio con los profes y hago la rutina personalizada, salgo de ahí y vamos a preparar el rival del fin de semana y modificar cosas que querés con base en el rival para el entrenamiento del otro día. Cuando querés acordar son las 11 de la noche. Comés algo y te acostás, porque al otro día hay que levantarse a las 6.30 y preparar todo temprano, y otra vez la misma rutina. Y el teléfono a veces no se lo atendés ni a tu familia. Creo que me hago los tiempos para todo, pero a veces creo que si le preguntara a mi familia y en esta nueva etapa más, nos vemos poco.

 

*  *  *

 

Sebastián Abreu es un tipo Guinnes. Estuvo en 29 equipos durante su carrera futbolística que aún no terminó. Hablar detalladamente sobre su trayectoria sería casi imposible, parece que reúne demasiadas cosas que contar: compañeros, viajes, países, estilos, vivencias, anécdotas, derrotas, victorias, cabezazos, golazos, disgustos, pelotas picadas, aprendizajes, entre selecciones y clubes. Pero hay que hacer el intento, o por lo menos, tentarlo.

 

Si tuvieras que destacar tres equipos que te marcaron en tu carrera futbolística, ¿cuáles serían?

Es difícil. Me tocó vivir de todo. Me tocó ganar títulos con equipo chico, ganar títulos con equipo grande, pelear descensos con equipo grande y también con chico, jugar en la B, jugar Champions League, jugar Copa Libertadores, Sudamericana, Mundiales, Copa América, jugar la Copa de El Salvador, que es hermosa pero en lugares inhóspitos, entonces es como que… ¿viste cuándo te dicen “a mí no me la contaron, las viví todas”? Me quedo con cosas del grupo humano. Pensar que ese entrenamiento, ese club, ese partido es la final del mundo, como puede ser lo que me pasó en Central Español. Las condiciones eran muy precarias, con un amor... y la gente que estaba se brindaba al máximo por el club, o los jugadores con amor propio valoraban ese privilegio y ese sueño de querer ser futbolista. Fue una experiencia hermosa, sin título, sin nada, pero un valor desde lo emocional tremendo, por cómo me despidió el grupo, la manera en que me lo hicieron saber fue un título para mí, porque llegar con todo un nombre a un vestuario así, con las condiciones que había. Al inicio podía haber rispidez, porque podrían haber dicho: “Estamos con meses de atraso en el cobro de salarios y viene el Loco Abreu”. Es como que a ellos le generaba malestar, aunque uno no cobrara sueldo, y pensaban: “¿Van a traer a otro más?”. Hoy tengo un amigo trabajando conmigo que surgió de esa experiencia, Sebastián Flores (es el analítico), era el capitán, el que me cedió la cinta de capitán, porque me dijo que respetaba mi trayectoria. Cuando me fui, la plaqueta y todo lo que hicieron fue emocionalmente como un título ganado. Después tenés lugares como Botafogo, RiverPlate, San Lorenzo, ir a jugar a España en Real Sociedad en momentos muy buenos que tuve, sobre todo en La Coruña, y que son llegar a lo máximo, porque estás jugando contra Cristiano Ronaldo, en su momento contra Hierro, Roberto Carlos, en el Barcelona, contra Rivaldo, Guardiola, contra los monstruos de la época, que vos los veías por tele hacía tres años y cuando te diste cuenta, los estabas enfrentando. Pero hay diferentes momentos que te marcan. Al ser tantos años, tantos clubes… No me olvido del inicio en Defensor Sporting con [Santiago] Ostolaza, Carlos de Lima, [Hebert] Silva Cantera, José Chilelli, jugando Copa Libertadores. Era cumplir el sueño del niño. Mi primera citación a la selección, mi primer partido con Nacional. Ser capitán y campeón con Nacional. Hay muchos momentos… No tengo un solo club con el que me identifico. Con Nacional me pasó desde niño, pero cuando fui a jugar fui construyendo distintos sentimientos por los clubes.

 

Has dicho que la selección de 2010/2011 tenía todo: solidaridad, pertenencia, era un grupo ganador…

Sí, arranca en 2007 y se consolida con el Mundial y la Copa América. Tenía todo.

 

¿Creés que se puede repetir algo así o fue algo excepcional?

Podrán venir grupos diferentes, pero como ese creo que no. Podrán venir peores o mejores, pero ese era diferente. Que quede bien claro, porque a veces cuando se dice “otro igual no”, se piensa que es peor. No. Podrán venir mejores, con títulos, pero lo que se generó en ese grupo fue diferente y no creo que se pueda generar lo mismo. Porque se dan muchas circunstancias, casualidades, causalidades. Podrán venir otros con mejor nivel técnico, que ya se está viendo, puede ser. Y selecciones ganadoras también. Pero con ese plus sentimental de química, de pueblo, de transmitirlo y absorberlo, será difícil.

 

¿Con qué logro deportivo te quedás?

El más importante y con el que entrás en la historia grande del fútbol uruguayo es ser Campeón de América. Estás en las páginas de oro en la historia del fútbol uruguayo. Humildemente, todos los campeones del mundo, olímpicos y los de América, está ese plantel de 2011. Eso no tiene precio. Es lo que uno soñaba siempre. Ibas al Museo del Fútbol y están los cuadros de los campeones, no están los cuadros que hicieron un buen mundial. Todos dirán: “Sí, pero aquel cuadro de 2010 en el Mundial”… Claro, digo yo, pero ese cuadro no lo van a colgar en el Museo del Fútbol ni en el Complejo Celeste, no te van a recordar de acá a veinte años. Van a recordar títulos. Y eso fue en 2011, y te genera un orgullo grande. Siempre está esa anécdota que cuento del maestro Tabárez de convivir con la historia presente que es fundamental. Porque muchas veces nos ponemos una camiseta… porque se habla del sentido de la pertenencia, pero se cree que es ponerse la camiseta y la garra charrúa, pero no, es saber de la historia, pero muchas veces nos poníamos una camiseta sabiendo que es pesada, sin saber los detalles. “¿Quién usó la 4 en tal año? No sé. ¿Quién usó la 5? No sé”. Llegamos al Complejo Celeste, todo muy lindo, paredes. Y el maestro dijo que tenemos que mostrar la historia. Ahí no tiene que ser una presión, es al revés, tiene que ser una ilusión querer estar ahí. Después que se le ocurrió poner todo cuadros alrededor del Complejo de todos los planteles ganadores, de todos los campeonatos, con los nombres de cada uno, recordándolos como se merecen y algunos individuales que marcaron épocas como [José] Nasazzi, como Obdulio Varela. Siempre decía: “Loco, ¿cuándo será el momento en que lleguemos y yo tenga 60 años y venga al Complejo Celeste con mis hijos, mis nietos, y vean que está el padre o el abuelo ahí?”. Y no duró mucho. Se me pone la piel de gallina [N de R: Confirmado: le miro el brazo y se le ve la piel erizada]. Salimos campeones, llegamos a la eliminatoria 2012 y llegué con el bolsito. Se ve que el maestro había avisado en la puerta que me llamaran. Yo también participaba mucho en lo que era ir mejorando la infraestructura del Complejo, con una maceta, una sillita, lo que fuera. El maestro hacía mucho en eso. Cuando llegábamos nos decía: “¿A ver qué encuentran de diferente?”. Siempre era como cuando llegabas a la casa de tus padres, que te ponías a buscar en todos lados. Veíamos el jardín, los cuartos, las canchas, era como un juego. Encontrábamos siempre algo. En una llego, en un lugar que no había nada, hay un cuadro grande. Cuando voy caminando, me empezó una emoción y orgullo… Era el cuadro de todo el equipo en la Copa América y decía: “Uruguay campeón invicto, 2011”. Después pasaron tres años, me pegó no haber estado más convocado y estuve tiempo sin ir al Complejo Celeste, no me podía despegar de que ya no estaba. Pasaba el tiempo y la barra me decía que fuera a tomar unos mates. Voy con mis hijos y sin darme cuenta uno de ellos me grita: “Papá, papá –los gemelos tenían ocho años–. Vení, vení que acá estás cuando salieron campeones”. No tuve que esperar a tener nietos. A los años viví eso, aunque yo veía antes que se me iban acortando las chances. Por eso te digo, el logro que voy a recordar toda la vida es el que me genera mayor emoción.

 

 

El plantel está organizando hacer un asado para la previa del arranque del campeonato uruguayo. Según Abreu, los jugadores quedaron en coordinar los detalles en el vestuario, después de la práctica. Él ya les había gritado que compraba la carne. El resto era tarea del equipo. Mientras conversamos sentados a la sombra en uno de los bancos de las canchas de entrenamiento, un jugador se queda parado a unos tres metros. Lo mira. Cuando Sebastián se da cuenta, se levanta y acude. Al volver, sonriente, dice que no puede ser, que tiene que resolver todo, que es un disparate. “Siempre vuelven al pie”. Tendrá que solucionar un poco más que “la carne”.

 

¿Cuáles son tus referentes o ídolos en el fútbol?

Mi padre, Juan Carlos de Lima, Wilmar Cabrera y Julio César Dely Valdés.

 

¡Ya tenías la respuesta preparadísima!

Sí [sonríe].

 

Son todos futbolistas de hace tiempo…

Sí, porque los ídolos se van construyendo desde la infancia, vas visualizando un perfil de jugador. Mi padre fue mi primer perfil como ídolo, jugaba de 9 también. Después Wilmar Cabrera, centrodelantero de Nacional; Juan Carlos de Lima, Campeón de América y del Mundo, centro delantero de Nacional y el centro delantero, el Panagol, Dely Valdés, panameño, campeón con Nacional, que después fue a Italia, a España y tuve la posibilidad de jugar contra él, pero se retiró por 2004. Era coqueto, siempre bien vestido.

 

¿Hablamos un poco de tu familia? Tu madre, Marita Gallo…

María Elba… [aflauta el tono de voz. Bromea].

 

María Elba, claro, y tu padre Washington Miguel. ¿Cómo acompañaron tus procesos?

Son y fueron fundamentales. Desde las bases, la exigencia del estudio de la vieja, la disciplina en el deporte de mi viejo. En la vida caminar derecho, que no es un detalle menor.

 

¿Qué es caminar derecho?

Es decir buen día, gracias, pedir por favor. Eso es caminar derecho desde lo básico. A veces creemos que caminar derecho es decir las cosas en la cara, ir de frente. Tenemos un poco esa mezcla de ser guapo. Es agradecer, poder inculcar eso a los demás, predicar con el ejemplo. Muchas veces exigimos del otro algo que no hacemos. Tener armonía sin tener que ser falso. Tener diálogo directo, conversar desde la honestidad.

 

¿Qué queda de aquel gurí de Minas?

Los sueños, las ilusiones, la alegría. El disfrutar cada momento, claro que está la responsabilidad y las obligaciones y no pierdo disfrutar todo lo que me toca, que soy un privilegiado. Encontrar en lo malo lo positivo. En vez de quedarme en “no se va a poder”, saber sacarle algo bueno a ese mal momento. Si llamás a lo negativo siempre verás eso. Trato de manejar la parte psicológica. En Uruguay nos pasa mucho. A veces con el grupo de trabajo se dan algunas conversaciones donde algo falla y eso genera inquietud. Les digo que vamos a solucionarlo, que lo hacemos igual pero de otra manera. No nos quedemos por ese no. Trato de verle algo bueno a ese comentario que contamina y sumar algo que me pueda servir para mejorar. Siempre trato de estar en esa porque convivimos en un microclima uruguayo y del fútbol de situaciones complejas en las instituciones en desarrollo que lleva a achancharsey a lo chato, y no valorar lo bueno. Y si no lo teníamos y lo tenemos, no es bueno: es muy bueno. No porque conseguimos una cosita buena y tenemos ocho malas vamos a dejarlo así, vamos a sacarle provecho a las buenas y pensar en algo para lo que viene. Si hay algo de lo que me convencí es de que no me van a contaminar, no lo van a conseguir. Voy a tomar la pastilla anticontaminación [ríe]. Si tengo que remar con cuchara dentro del dulce de leche, lo haré y les diré: “Mirá, por remar ahí ¿mirá los brazos que saqué?”. Siempre le voy a sacar lo bueno. No me van a ganar.

 

¿Qué es para vos la belleza en el fútbol?

Como entrenador es ver reflejado en cancha lo que uno entrenó o lo que uno quiere. Si está saliendo lo que entrenamos, lo planificado, está saliendo lo que cada jugador quiere plantear dentro de la cancha, eso es la belleza. Otros dirán un caño, un sombrero, una chilena. La belleza te genera admiración, ¿no? Te ilumina los ojos.

 

¿Te pasó? ¿Se te iluminaron los ojos?

En El Salvador. Cuando jugamos la final. Planificamos una estrategia y terminamos ganando. Te genera una satisfacción. Porque al terminar el partido los propios jugadores te dicen que salió lo entrenado. Eso es bello.

 

¿Tenés tiempo libre?

Sí, pero sigo dentro del fútbol. Tengo tiempo para ir a ver a mis hijos jugar al fútbol. Aprontamos termo y mate con mi señora y mi hija y nos vamos a ver a Diego o a los gemelos. Si algo aprendí también de la época de mi padre futbolista que me iba a ver jugar es que llegaba a casa y me quería corregir todo en el momento posterior a terminar el partido. Aprendí que hay que esperar el momento porque el hijo llega. Hay que esperar. Si vos les das confianza de que ellos pueden hablar con vos, es esperar el momento a que se abran, no forzar, porque ahí el consejo va a tener mayor receptividad. Eso pasa también con los jugadores. Hay que esperar que se abran para hablar. Es esperar a que un joven te diga: mirá, Loco, tengo este problema, esta situación y él va a estar receptivo. Termina el partido y mis hijos me preguntan: “Che, papá, ¿qué te pareció aquella jugada?”. Recién ahí vos podés aportar. Ahora tienen prioridad los partidos de mis hijos sobre los míos. Si coinciden los días, la familia acompaña. Veremos en esta etapa de entrenador si van a querer apoyar un poco más porque hay otra responsabilidad.

 

Se puede decir que sos mediático, pero ¿cómo encaraste ese rol de conductor televisivo?

Fue una experiencia muy linda que por esta nueva responsabilidad se terminó. Me descubrí con otra faceta y poder ayudar a la gente a mejorar su vida y dar a conocer su historia es un legado que me dejó el programa. Más allá de la aceptación del público y del canal, lo importante fue poder ser el nexo para colaborar con alguien a mejorar su vida.

 

¿No te agota ser conocido, ir a todos los lugares y que la gente sepa quién sos?

No, es un reconocimiento. Te piden una firma, una foto, te piden un abrazo. Es un reconocimiento que nunca imaginé. ¿Cómo me voy a molestar por eso? Te pasa que te conocen, pero notás la admiración, la vibra, el cariño y el afecto. Soy un agradecido. Tengo la virtud, la paciencia o la memoria de acordarme de cuando fui hincha y tuve mis ídolos, y que a veces salían corriendo y no me daban la foto. A veces se hacen tumultos y la misma seguridad de los partidos te dice que no se puede. Pero dentro de las posibilidad, responder de buena manera, con una sonrisa, porque para mí es una más, pero para el otro es su foto y la va a encuadrar. Y que se vea que está disfrutando. Es la forma de decirle al otro que yo también disfruto de que me tenga en cuenta de esta manera. No me genera estrés.

 

¿A qué le tenés miedo?

A la muerte [lo dice rápido, luego queda pensativo]. Me genera incógnitas, en el sentimiento, qué pasará, de cómo quedará la familia, de no estar más con los seres queridos. Es increíble cómo las notas te llevan a ponerte del otro lado. Ahora me pongo a pensar que mis viejos deben pensar que les doy poca bola. Los tengo presentes. Ahora me está generando ese remordimiento de pensar: “Puta, yo estoy pensando eso de mis hijos, que quisiera que lo hicieran y yo no lo estoy haciendo de la manera que tendría con mis padres”. Capaz que porque están en Minas, y uno se sumerge en esto del fútbol y los tengo presentes con un mensajito pero no de la manera que quisiera [N. de R. Se conmueve. Se le llenan los ojos de lágrimas y se le quiebra un poco la voz]. Tal vez participarlos más, poder abrazarlos, pero bueno, sirve la nota porque estoy haciendo catarsis y es algo a mejorar como hijo porque ya tengo a mis padres grandes. El otro día me mandaron un mensaje con la cantidad de horas que estás con tus padres, y no es nada. Pero bueno, mirarlos a la cara, que te cargosee tu madre, porque mi madre habla mucho y es cargosa y te termina generando esa risa. ¡Qué personaje la vieja! O mi viejo, que está con mi vieja y empieza a rezongar [imita la voz del padre cuando le habla molesto]. Son cosas que terminás disfrutando. Que estén mis hermanos y mi hermana, que estemos juntos. Te agradezco, porque me ayudaste a mejorar ese déficit que tengo como hijo [nos reímos].




Para acceder a todos los artículos suscríbete.