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Ellas firmes en El Ciclón




Dos futbolistas uruguayas visten la casaca de San Lorenzo de Almagro

Por Patricia Pujol

Si una va a hablar del fútbol femenino de San Lorenzo de Almagro hay que saber: existe en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) desde 2002, y desde entonces se convirtió en un club que aguó las fiestas que planteaban la hegemonía de títulos de Boca Juniors y River Plate en los torneos argentinos. En 2008 se consagraron campeonas del Torneo Apertura, título que defendieron con éxito a comienzos de 2009. En 2015, lograron el campeonato regulado por la AFA. Antes habían sido subcampeonas en ocasiones sucesivas entre 2004 y 2007, y en 2009 resultó el primer equipo argentino en jugar la Copa Libertadores de América, en Brasil, título que ganaron las locatarias de Santos Futebol Clube, en su primera edición.

En la página web del club se lee un hito: aportó quince jugadoras a las selecciones argentinas sub 17, sub 19, sub 20 y mayor, para disputar sudamericanos, mundiales, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos y amistosos internacionales. Todos estos detalles podrían no significar casi nada; sin embargo, enmarcan al equipo en su contexto.

La lupa estuvo puesta en 2019. El 12 de abril, San Lorenzo fue el club pionero en el camino hacia la profesionalización con la firma de quince contratos. Macarena Sánchez, jugadora que lideró esa lucha, fue la flamante incorporación con la que cerraron el año en la pelea por el campeonato.

Ahí están, en ese club juegan, a puro deseo y dedicación, las futbolistas uruguayas Sindy Ramírez y Federica Silvera.

Sindy y Federica comenzaron a jugar siendo niñas. Si bien parece que no pasó tanto tiempo, no era bien visto en su entorno. Ya de más grandes las dos vistieron la celeste. En Buenos Aires compartieron apartamento por casi tres años, en el barrio Boedo. Ambas forman parte del plantel actual de futsal y fútbol 11 en el club.

Sindy, nacida el 28 de enero de 1991, estuvo primero en la pensión que San Lorenzo propone para las jugadoras. Ahora vive con su pareja en el barrio de Caballito. Está terminando secundaria y hace un curso sobre entrenamiento en equipo.

Federica, del 13 de febrero de 1993, se muda seguido y dice no tener barrio porteño estable. Combina el fútbol con la Licenciatura en Economía en la Universidad Católica, le falta presentar la tesis para graduarse.

A ambas la pandemia las estacionó del otro lado del Río de la Plata, separándolas de las familias que tienen raíces de este lado. En Sauce, Canelones, la de Sindy; en Montevideo la de Federica. Mientras el fútbol estuvo detenido por la pandemia de covid-19, intentaron no perder el entrenamiento ni la motivación para seguir enganchadas con lo que más les gusta. Mientras tanto, persiguen un sueño: continuar dedicándose al fútbol.

 

¿Cómo arrancaron a jugar al fútbol? ¿De quién o quiénes recibieron apoyo?

Sindy Ramírez: Arranqué a los seis años, en Sauce, Canelones. Me gustaba jugar desde muy chica. Empecé con varones en Club Sportivo Artigas hasta que, a los 13, ya no pude jugar más con ellos. Mi viejo [Jorge Ramírez] armó un cuadro de Fútbol Femenino sub 14 y ahí arranqué.

 

Federica Silvera: Tengo fotos de cuando era chica, de antes de cumplir cinco años, con pelotas y jugando al fútbol. Cuando tenía esa edad, nos mudamos con mi madre a un complejo nuevo sobre la avenida Bulevar Artigas, en Montevideo, donde había más niños que niñas. Al principio intentaba hacerlos jugar a las maestras o muñecas y no me daban bola. Ellos me enseñaron a jugar. Armábamos partidos y campeonatos contra otras viviendas. A los once años le dije a mi madre que quería pertenecer a un club y competir, jugar por algo. No tuvo problemas con eso, pero quería que jugara con nenas y no con varones, porque estaba en una edad donde empezamos a tener diferencias físicas. Salimos a buscar. Fuimos al Urreta y me dijeron que no había fútbol femenino. Luego dimos con Nacional, soy hincha del club. Fuimos a preguntar y estaba Hugo Laborda con Tricolor Fútbol Club. Jugué torneos sub 13. Luego pasé a Colón y participé en torneos sub 16. No había categoría de mayores y me fui a Fénix, con 14 años. Jugué hasta 2010. Después me fui a Nacional y estuve hasta fines de 2017, cuando me vine a San Lorenzo.

 

¿Cómo llegaron al futsal? Ambas son mediocampistas en 11 y pívot en sala. ¿Qué diferencias aplican en el juego en los dos roles?

SR: En 2009 tuve la posibilidad de viajar a Argentina y jugar 11. Me dieron la posibilidad de jugar futsal y me metí de lleno, con todo. La verdad es que tener dos roles se me complicaba, porque era más jugadora de 11, pero me enganché y me empezó a gustar. Son dos cosas diferentes. El futsal es más rápido, hay que tomar decisiones rápidas, tiene otro sistema de juego. Juego de pívot la mayoría de las veces. En 11 he jugado en diferentes puestos, estuve en casi todos. Diría que soy volante, en realidad.

 

FS: Empecé a jugar en Colón, a los 14 años, para participar en un torneo internacional en el Club Atenas, se jugaba un torneo interno primero. Ganó Malvín, recuerdo, y reforzó su plantel llamando a jugadoras. Es cuando me integro a jugar con ellas y participo de mi primera competencia. En una etapa de aprendizaje ambos son complementarios por el juego reducido y la velocidad que tiene el futsal, pero son dos deportes distintos. Ayuda mucho a tomar decisiones más rápido y resolver una jugada. Eso se puede trasladar a mayores espacios y resolver mejor. Me gustan ambos y más allá de que me dedique a los dos, soy la misma jugadora, intento jugar de la misma manera. Capaz soy más vistosa en futsal. Mi fuerte es la velocidad.

 

¿Cómo llegaron a Argentina? ¿Cómo fueron esos primeros momentos?

SR: Tuve la posibilidad de viajar porque me habían visto en la sub 17 de Uruguay y jugué en primera en 2006. El técnico de San Lorenzo me vio y me ofreció sumarme en 2008 para jugar toda la temporada siguiente. Viajé con 17 años y fue una hermosa experiencia. Cumplí 18 en Argentina; aprendés a hacerte persona. Siendo tan chica, me fui de mi país a cumplir mi sueño. Fue importante viajar y disfrutar del fútbol.

 

FS: Llegué en 2017, después de haber jugado la Copa Libertadores de Futsal con Río Negro City, que fue la última que jugué con ese equipo. Me contactaron para ir a San Lorenzo a hacer 11 y futsal. Me entusiasmó la idea de vivir una experiencia nueva, porque hasta el momento no tenía otras posibilidades. Era muy difícil ser profesional, no lo tenía tan pensado y me tocó. La realidad que enfrentaba en Uruguay era que tenía que salir a trabajar o estudiar para ser alguien en el mundo y el fútbol no me iba a dar eso. Esto sigue pasando en Uruguay, porque las jugadoras tienen que hacer otras cosas y no solo jugar al fútbol. Tal vez ahora las más chiquitas pueden soñar con eso, porque se está caminando hacia otros rumbos, pero en mi generación todas sabíamos que teníamos otro destino y no podíamos depositar todo en el deporte. Es algo que las mujeres que nos dedicamos al fútbol femenino en Sudamérica en general quisiéramos. Si nos dieran a elegir o si nos hubieran dado la posibilidad, tal vez no hubiésemos estudiado una carrera para tener una salida laboral y hubiéramos puesto más energías en entrenar.

¿Cuál fue la primera citación que les llegó para jugar en la selección uruguaya?

SR: Tuve la posibilidad de que mi viejo armara el Sportivo Artigas sub 14 en Sauce, que se jugara un campeonato del interior en el Complejo Celeste de la AUF. Ahí estuvo [Juan] Duarte, que era el DT de la selección mayor femenina en 2006. Pude demostrar muchas cosas a mi favor y me pidió los datos, me dijo que me quería en la selección. Yo tenía 14 en ese momento y me estaba llamando para citarme a una selección mayor. Siempre soñé desde chica jugar en la selección. Es un orgullo.

 

FS: En 2007 estuve en una selección sub 17 para entrenar para el primer Sudamericano sub 17, que se jugó en Chile.

 

¿Cómo fue esa experiencia de selección? Ustedes juegan, además, con compañeras que integran la selección argentina y, algunas de ellas, jugaron el último Mundial en Francia, ¿Qué consideran que le falta a Uruguay para alcanzar mayor nivel en el fútbol femenino?

SR: Cruzarme con las jugadoras de la selección argentina, o jugar en contra o entrenar con ellas, es lindo, saber que pudieron disfrutar del Mundial, de esa experiencia. Lo que pienso es que en Uruguay el desarrollo del fútbol femenino fue de menor a mayor y le falta aún muchas cosas. Pienso que tenemos que luchar todas juntas para lograr lo que se logró en Argentina, que es la semiprofesionalización. Eso es importante. En Argentina le dan mucha importancia, casi todos los clubes tienen contrato, se trata de ser lo más profesional posible. En Uruguay las cosas se van a ir dando de a poco. Se necesita que luchemos todas nosotras, que los dirigentes y los clubes les den a las jugadoras lo importante, las pelotas, los viáticos. Eso para una jugadora es fundamental. Creo que Uruguay avanza y falta lo colectivo que es fundamental. Tengo fe que de a poco se van a ir logrando muchas cosas.

 

FS: Representar a tu país como jugadora es lo mejor. Uno de mis sueños sería jugar un Mundial con la celeste, obviamente, clasificar, algo que nunca pasó. Se necesita trabajo y muchas de las que pasamos por procesos de selección vemos que se ha estado en todas las competencias y no se ha trabajado para clasificar, me parece, y eso requiere competencia mayor de la liga. Si las jugadoras de tu país enfrentan un torneo no competitivo o no profesional, cuando enfrenten un torneo con chicas que juegan de otra forma, que lo vivan distinto y tengan los espacios y otros medios, la diferencia será muy notoria. Para que crezca, los clubes tienen que abrir un espacio para el fútbol femenino. Hay que empezar a cambiar esas cosas.

 

Ustedes son deportistas que tienen un contrato firmado con San Lorenzo. ¿Cómo vivieron la repercusión del caso de Macarena Sánchez y qué piensan que se aprendió de eso?

SR: Por suerte pude tener mi contrato después de muchos años de tener ese sueño de ser profesional, aunque una trata de ser lo más profesional posible siempre; poder vivir de lo que hacés es hermoso. Maca, para nosotras, llegó diez puntos. Es una amiga, no la conocíamos mucho, pero logró muchas cosas para el fútbol argentino porque pelear por la igualdad o los derechos nuestros es fundamental. Lo colectivo es fundamental para alcanzar muchas cosas, que se hagan valer los derechos como trabajadoras, porque lo real es que somos eso. Para nosotras Maca es importante porque admiramos su lucha.

 

FS: La profesionalización del fútbol femenino en Argentina es muy reciente, queda mucho por crecer. Macarena alzó la voz y por suerte tuvo el peso para que la AFA reaccionara y empezara a trabajar para que el fútbol sea profesional, pero queda mucho camino por recorrer. Si analizamos la liga argentina, entre todos los equipos, no es un porcentaje significativo el que hay de jugadoras profesionales, si bien los clubes más grandes sí, como nosotras, tienen casi todo el plantel profesional, al día de hoy sigue habiendo jugadoras sin contrato. Me parece que para profesionalizar se necesita más que eso: formar desde chicas, crear espacios para que las niñas puedan formarse adecuadamente. Si lo comparamos con el fútbol masculino es el mismo juego, estamos todos de acuerdo, y se forman desde muy chicos con compañeros de la misma edad y compiten, lo forman como jugador y persona, con valores de vida y eso en Sudamérica ni las generaciones más chicas de niñas lo están pudiendo vivir. No sé si en todos los países hay sub 12 o sub 10. En los inicios las chicas y chicos pueden competir juntos hasta determinada edad y eso ayuda a que más niñas se animen a jugar y cambie esa idea cultural para que acompañe el crecimiento. Se necesita también eso. Me era muy difícil de chica pensar que iba a ser futbolista profesional. No crecí pensando que era posible para mí.

 

Vivieron el Mundial de Fútbol 2019 en Argentina, con la selección femenina disputándolo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué selección les gustó más y por qué?

SR: El Mundial lo pude ver por televisión, porque pasaban los partidos de Argentina. Me gustó mucho Estados Unidos, Francia. Tienen un juego increíble, una potencia que es lo que se nota como diferencia con Sudamérica, los trabajos, los entrenamientos, la fuerza que tienen, la calidad que para mí es fundamental en el trabajo de inferiores, que se van formando a lo largo del tiempo; cuando debutás en primera te das cuenta del desarrollo que esas jugadoras tienen.

 

FS: Viví más otros mundiales de fútbol masculinos y no femeninos, y eso influye en la cultura de que no todo el mundo está mirando el fútbol femenino. Solo estamos aquellos a los que nos interesa el fútbol femenino y todavía no se le da el espacio suficiente. El Mundial masculino tiene cinco canales pasando los partidos. En el femenino tenías que tener cable, o verlo por web, o cuando jugaba Argentina, lo pasaron en la TV pública. Falta difusión. Francia fue muy buen anfitrión. Me tocó jugar con la selección mayor de Uruguay contra Francia, antes de que se jugara el Mundial e ir a Europa y verlas. Son profesionales y tienen los espacios, un estadio para entrenar. Tal vez pueden ser detalles y en Uruguay no los ves. En Francia pudimos ver cómo ellas son tratadas como profesionales y tenían esa educación y formación, era duro chocar contra ellas, tenían una idea de juego y los objetivos muy claros; y así es que se convirtieron en uno de los equipos que resaltaron en el Mundial.

 

¿Cuál creen que es la mejor jugadora? ¿Por qué?

SR: Siempre me gustó Marta, desde chica, porque tiene humildad, es muy sacrificada, lucha mucho por muchas cosas del derecho de la mujer, tiene mucha habilidad y es muy laburadora. Salió mejor jugadora del mundo por muchos años. En Brasil le van a hacer una estatua. Es increíble por sus valores, su constancia y su experiencia, es una rejugadora. Es admirable.

 

FS: La mejor jugadora que conocí y admiré fue Marta –porque hay otras que son cracks, pero no encontrás en la tele porque no están tan disponibles–, que salió de Brasil, porque Brasil es potencia mundial, tuvo los lugares y tiene la infraestructura. Cómo se peleó contra todo, cómo tuvo sus objetivos claros y cómo pensó en ser futbolista y lo consiguió, me hace admirarla porque siento que tuvo una fortaleza enorme y demostró que con su juego el fútbol femenino es grande. Una de las cosas que me llamó la atención cuando llegué a Argentina es que tenían una cancha y un gimnasio para entrenar todos los días. Eso en Uruguay está cambiando pero cuando yo jugué entrábamos en la peor cancha, incluso jugando en el mejor cuadro.

 

¿Y qué jugadora les parece la más destacada en Argentina? ¿Por qué?

SR: Hay jugadoras que se están destacando mucho. Lore Benítez, jugadora de Boca, juega en el medio y lo hace muy bien Es simple, trata de hacer jugar al equipo y el juego pasa por ella siempre. Son muy buenas todas, pero creo que la más destacada es ella.

 

FS: La jugadora más destacada es Mariana Larroquette. Es goleadora, desequilibrante, con una fortaleza física muy grande.

 

¿Cómo llevaron el confinamiento planteado por las medidas de seguridad sanitaria debido a la pandemia sin poder practicar o jugar? ¿Qué experiencia personal destacan de ese momento?

SR: En la pandemia fue muy complicado. Fueron casi siete meses de estar encerrada, de ni salir, entrenar en casa vía Zoom con el profe y el grupo sabiendo que no es lo mismo. Se me complicó los primeros meses, porque tenía una rutina de todos los días ir al club. Pude disfrutar y estudiar un poco más estando en casa, pero costó bastante. Ahora estamos entrenando. Volvimos a entrenar con protocolos.

 

FS: La pandemia fue un momento difícil para todos, para cualquier deportista. Se padeció también porque no se sabía cuándo terminaba, te generaba desesperación, te cambiaba el ánimo. En San Lorenzo no paramos de entrenar y me ayudó a encontrar ganas de hacerlo para crecer físicamente y superarme. Estaba en mi casa, tenía que entrenar igual y doble turno, y a veces entrenaba por mi cuenta porque sabía que después iba a ser más difícil. Intenté no detenerme cuando era difícil, porque no tenés un objetivo cerca, sino que es contigo misma. Me parece que intenté continuar. Por momentos veía trabajos que volvían y nosotras no; de hecho, volvió el fútbol masculino y el femenino no, si bien se dio autorización para que volvieran a la par, no fue lo que pasó. Hoy están jugando los hombres y nosotras arrancamos recién en diciembre. Esto te desequilibra, te da bronca, son todos elementos de desigualdad que una jugadora siente constantemente y también se vieron en la pandemia.

 

¿Qué esperan del fútbol y qué les gustaría que cambiara?

SR: Espero que sea igualitario, que se nos den las mismas condiciones que a los varones. He visto pasar muchas etapas en el fútbol femenino, sé que va de menor a mayor en muchos casos Que se pueda vivir de lo que amás, porque es un laburo. Tengo fe en que va a cambiar. También que las más chicas, porque son el futuro, van a aprovechar esto al máximo para disfrutar más del fútbol. Ojalá que sea más igualitario y quiero que el femenino siga creciendo y disfrutarlo a mil.

 

FS: Que se consolide como una profesión, y eso no es solo decir que la liga sea profesional, sino trabajar para que esa profesión sea una más realmente. Esto requiere que las niñas se formen, tengan espacios, que en las escuelas haya fútbol femenino, que se cambie culturalmente y que no vuelva a suceder como cuando yo era chica que se decía que estaba mal. Que tengamos las mismas oportunidades, en todos los ámbitos no solo en el fútbol. El fútbol es una ventana muy grande para hacer cambiar eso, porque es un deporte que atrae a mucha gente, y si se trabaja para que sea igual al fútbol masculino se verá que el género no te condiciona a nada.




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