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Argentina vs Uruguay en 1916: El comienzo de la batalla del Plata




Copa América Centenario

 

Por Pablo Aguirre

La Copa Centenario a jugarse en Estados Unidos, lejos está de mantener las tradiciones de este longevo torneo que tuvo su primera edición en Buenos Aires, Argentina, hace exactamente un siglo.

Únicamente el negocio, y la justificación de billetes vedes puede llevar a hacer posible esta sede donde nunca se realizó anteriormente, al ser uno de los países invitados. Recordemos que este torneo sudamericano de selecciones, el más antiguo en su estilo, paseó sus ediciones anteriores por cada uno de los diez países que habitan la parte sur del continente americano.

Volviendo a aquella oportunidad, en 1916, se festejaba el centenario de la independencia argentina, y para estar a tono con ese clima se organizó un torneo sudamericano, del cual se sabrían mayores detalles–como es el caso del fixture– al arribar cada una de las delegaciones invitadas. Los traslados en aquel momento eran muy dificultosos, para hacernos una idea, la delegación brasilera una vez reunida demoró una semana en llegar a Buenos Aires.

Otro tanto le habría pasado a Chile, que tuvo que cruzar la cordillera de los Andes en pleno invierno, ya que se jugó en el mes de julio.

En este aspecto, Uruguay fue quien lo tuvo más corto. Estos tres paies, más el anfitrión, disputaron un torneo todos contra todos, cuando el fútbol era amateur y no se disponía de un trofeo para el campeón.

Estas selecciones más que ser de carácter “nacional”, tenían más bien una característica regional, ya que no se podía realizar todavía una búsqueda exhaustiva de jugadores en cada país.

Esta buena iniciativa deportiva llevó a que durante la disputa de la “copa”, los dirigentes decidieran fundar lo que hoy conocemos como Conmebol, o Confederación Sudamericana de Fútbol, gracias a las gestiones de Héctor Rivadavia Gómez, dirigente uruguayo que fuera su primer presidente durante diez años consecutivos.

Ya en aquel momento, argentinos y uruguayos disputaban varias veces al año partidos internacionales donde se ponía a disposición algún trofeo, o el simple carácter amistoso, que ayudó a gestar una rivalidad permanente. Aprovechaban las fechas libres que tenían en común, como por ejemplo el 15 de agosto, día de Santa María.

El primero trofeo en disputarse, fue justamente en esa fecha del año 1905, llamado Copa Lipton, donada por el magnate de té.

Sin perder la caballerosidad, los viajes de las delegaciones desde 1900 a esta parte de la historia siempre fueron de una fuerte rivalidad en el campo de juego. Antes del sudamericano habían jugado en esos 16 años, nada menos que unas 45 veces (¡un promedio de tres juegos al año!), y el seleccionado uruguayo, salvo estos partidos con Argentina, solo jugó una vez contra Chile, y nunca contra Brasil.

También eran muy frecuentes los enfrentamientos entre clubes de ambos países, haciendo que las victorias o derrotas contra el vecino fuese la medida exacta para la alegría o el fracaso.

Enfrentamientos que no nacen solo de un aspecto deportivo: ambos países tienen muchísimos puntos en común, desde su historia, la cual supieron escribir juntos, geografía, aspectos culturales, usos y costumbres.

En contraposición, saben diferenciarse y mantener distancia, sobre todo sus capitales, Montevideo y Buenos Aires, que los llevó a una disputa de poder en la lucha de puertos que mantenían ambas ciudades, uno enfrente del otro, con el Río de la Plata como testigo desde la época de la corona española.

Así, desde la margen baja del río, eran los uruguayos sus vecinos, mientras que para los del otro lado, los vecinos eran “los porteños” (denominación usada por los uruguayos para referirse en general a los argentinos).

Con el fútbol, el hermano más grande y el más pequeño (en extensión territorial, recursos económicos y demográficos), igualaban sus diferencias y las dirimían con once hombres en cada lado de la “cancha”.

Si bien en aquel momento se tomaba té en el entretiempo, se hacían paseos a los visitantes y cenas de camaradería, siempre se buscaba el éxito deportivo, donde perder pasaba por los errores propios.

Sabiéndose fuertes en esto del “fúbol” o “fulbo” como solía decirse al juego de la “globa” (pelota), los dirigentes dejaron este enfrentamiento rioplatense del sudamericano de 1916 para el último partido, la frutilla del postre. Los locales llegaban al partido definitorio con tres puntos (recordar que en aquel momento eran dos puntos para el ganador), al golear 6 a 1 a Chile, y un magro empate ante Brasil en un gol.

Los “celestes” en tanto vencieron a los trasandinos (4 a 0, cuando se acusóa los ganadores de tener entre sus filas a dos jugadores profesionales “africanos”), y a Brasil 2 a 1, por lo que tenían puntaje perfecto (cuatro puntos)y al goleador del torneo, el velocista Isabelino Gradín, con tres goles, acusado por su color de piel de ser un jugador “africano”.

El empate consagraba a los uruguayos como campeones del torneo.

La expectativa era grande, a tal grado que viajaron uruguayos para alentar a su combinado nacional. El estadio de Palermo (GEBA) estuvo desbordado de espectadores al punto de que la gente estaba sobre la línea de cal del campo de juego. La policía intentó contener haciendo un vallado humano que resultó ineficaz que llevó al juez del partido, Carlos Fanta (director técnico de Chile) a suspenderlo a los cinco minutos.

Esta decisión enfureció a los asistentes que comenzaron los desmanes en el lugar, arrojando diferentes objetos y sillas, hasta el incendio en parte de las tribunas. Hubo varios heridos, entre ellos algunos uruguayos. Un detalle de ese malogrado día, es que un conscripto argentino llamado Juan Pallas evitó que se quemara una bandera uruguaya, desvaneciéndose por los efectos del humo.

El partido se reanudó al día siguiente en la vieja cancha de Racing, en Avellaneda. Uruguay mantuvo el empate siendo su arquero, Cayetano Saporiti (el único en su puesto que viajó en la delegación), la figura del encuentro ante el bombardeo albiceleste. Uruguay era el campeón jugando de visitante.

En Montevideo los festejos se prolongaron por la principal avenida de Montevideo, 18 de Julio, camino al puerto donde llegaba el Buque que trajera a los campeones, quienes fueron llevados en andas.

Éste sería uno de los grandes mojones de la historia futbolística en el Río de la Plata de una rivalidad que pasará a ser mundial cuando los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo lleven esteespectáculo a todo el planeta, en todas las competencias de cualquier especie que se presenten.

 

Nota: Publicado en el sitio vice.com en el año 2016




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