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Un debut y una despedida, por Ignacio Alcuri




SÍ, LA VERDAD QUE SÍ

 

 

El equipo necesitaba la victoria para cortar una racha nefasta, para zafar de las posiciones de descenso y para llevarse unos pesitos de premio, que muchos jugadores habían gastado a cuenta hacía tres empates y cuatro derrotas. El panorama era alentador: a los 89 minutos ganaban 1-0 y tenían la pelota, generando ocasiones como para liquidar el pleito. Para esta recuperación había sido fundamental la llegada al equipo del experimentado Henry Malabuena, que se había quedado sin cuadro unos meses atrás y había aprovechado tanto tiempo libre para presidir el sindicato de futbolistas. Sus habilidades para la oratoria se veían plasmadas dentro de la cancha, donde organizaba al equipo desde su posición de zaguero central, mandando compañeros al ataque y reagrupando la defensa cuando los rivales tenían el balón. En un solo partido había logrado cambiarle la cara a ese grupo de mediocres.

Sin embargo, Henry cometió un pecado mortal para alguien en su línea de trabajo: se engolosinó. Creyó que la mejor forma de cerrar su debut era metiendo un gol y dedicándoselo a la hinchada, así que corrió toda la cancha y pidió la pelota cuando estaba llegando a la otra área. La pidió con esa voz de mando que resultaba irresistible, así que el marcador de punta decidió obedecer la orden, pese a que tenía una opción de pase mucho más clara, y darle la pelota al nuevo capitán.

Con buena visión del arco contrario, Henry quiso acomodar la pelota con la zurda para rematar con la derecha, pero solamente le pegó al aire. La pelota ya no estaba ahí.

–¿Dónde...?

Se dio vuelta y vio al delantero rival haciéndose cada vez más chiquito, corriendo como si su vida (o el premio por empatar un partido) dependiera de ello. Y empezó a correr, persiguiéndolo a lo largo de un terreno completamente vacío, a excepción del pobre arquero que se persignaba debajo de los tres palos. Llegó a acercarse bastante, pero sus 34 años le pasaron factura y quedó sin aire luego de atravesar el círculo central. Cayó al piso y vio la acción desarrollarse en cámara lenta. Un segundo delantero lo pasó por el costado y enfiló al arco para asegurarse el gol. Entraron al área y de un toque dejaron al arquero literalmente sentado en el piso. Hasta que la voz de Henry los dejó petrificados.

–¡Paro sorpresivo!

El presidente del gremio había hablado. En la última asamblea general se había votado esa medida distorsiva a raíz de los salarios impagos, y no acatarla los habría transformado en carneros. Así que se quedaron paraditos, mientras el balón se iba por la línea de fondo y el juez pitaba el final del encuentro.

Se convocó a una asamblea general urgente, que determinó que Henry fuera relevado de su cargo. Los únicos votos en contra fueron los de sus compañeros, que el domingo anterior se habían llevado unos pesitos que la mayoría de ellos se había gastado tres empates y cuatro derrotas antes.




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