ALBERTO ESPASANDÍN: “EL PROFESIONALISMO NO ES PARA TODOS”

Por Mauricio Pérez

 

El deporte de alta competencia en Uruguay ha sido, históricamente, dirigido por un “voluntariado”, que fue importante para su desarrollo y subsistencia, pero que no está en condiciones de brindar las respuestas adecuadas que exigen los nuevos tiempos. Por este motivo, es necesario apostar a una profesionalización de la gestión de las entidades deportivas, afirmó el ex entrenador de básquetbol Alberto Espasandín.

 

En 2004 Alberto Espasandín asumió al frente de la selección uruguaya de básquetbol. Fueron cuatro años intensos, con muchos desafíos. Un proceso con resultados positivos a nivel deportivo: en esos años, Uruguay fue vicecampeón Sudamericano en Caracas 2006 y medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007 –única medalla obtenida por el básquetbol uruguayo en la historia de este torneo–.

Esa experiencia le permitió vivir de primera mano la realidad del deporte uruguayo. Por un lado, tenía a su cargo un plantel de jugadores profesionales –muchos de ellos jugando en el exterior–, que tenían la posibilidad de vivir exclusivamente para la práctica del deporte. Por otro, debía convivir con carencias a nivel de infraestructura, que eran suplidas por el esfuerzo de los dirigentes de la Federación Uruguaya de Básquetbol (FUBB), sumado a “un gran espíritu de colaboración y de compromiso” de los propios jugadores, quienes siempre demostraron amplia disposición y adhesión a la selección nacional.

Hoy, nueve años después de abandonar ese cargo y tras desempeñarse como gerente deportivo de la FUBB, Espasandín sigue vinculado al deporte desde otra función. Es coordinador del área de Deportes Federados de la Secretaría Nacional de Deportes (SND), cargo desde el cual puede volcar su experiencia, pero sobre todo sus conocimientos en gestión deportiva, un área en la que se ha especializado y que considera clave para el desarrollo del deporte.

“A medida que el deporte se ha profesionalizado exige tomar decisiones profesionales. Esto implica asumir el deporte en su multidimensionalidad; no solamente en su parte técnica, sino en lo relacionado con lo social, económico-financiero, cómo fenómeno cultural del país […] El deporte hay que tomarlo como un espectáculo y para eso hay que encararlo profesionalmente”, afirmó Espasandín en diálogo con Túnel.

 

La importancia de gestionar

“En la medida que el deporte se ha profesionalizado –en una escalada progresiva a partir de la Segunda Guerra Mundial– y convertido en un espectáculo que convoca a multitudes, y que se ha perfeccionando mediante la técnica y los aportes científicos para mejorar el entrenamiento deportivo y su planificación, la gestión deportiva pasó a ser fundamental”.

En la actualidad es inconcebible pensar en una actividad deportiva profesional que no tenga detrás “una actividad planificada, organizada, proyectada a mediano y largo plazo”. “Pero también una institución deportiva que brinde servicios deportivos a una comunidad –como pueden ser los clubes polideportivos típicos de Uruguay– tiene que pensar de qué forma ofrecer un mejor servicio a los usuarios o asociados”.

Espasandín es consciente de que la gestión deportiva todavía no se ha impuesto con mucha fuerza en Uruguay y que la actividad deportiva sigue en manos de un “voluntariado”, que en su momento fue importante para el desarrollo y la subsistencia del deporte, pero que no está dando respuestas adecuadas, en la mayoría de los casos, a las necesidades actuales.

“Cuando yo jugaba al básquetbol jugaba en canchas de bitumen, de piso duro, y tenemos las secuelas de rodillas, de cadera, problemas de salud muy grandes porque practicábamos en esos entornos; hoy el deporte exige otras condiciones de entrenamiento, preparación y competencia. […] Exige un profesionalismo mayor”, afirmó.

“En el fútbol se ve claramente: hay muy pocos escenarios que reúnen las condiciones para que se pueda desarrollar un deporte como es el fútbol actualmente, con buenos campos de juegos”. Esas falencias aumentan en los torneos de formativas: “Los chicos que se están formando para el deporte que se jugará dentro de cinco, seis o siete años están jugando en condiciones imposibles para practicar, es difícil enseñar a jugar un deporte cuando los terrenos no son adecuados”, señaló.

Desde su rol en la SND pudo certificar que las falencias en materia de gestión son casi estructurales y que afectan las diferentes actividades. “Vemos con preocupación las dificultades que presentan algunas federaciones deportivas para cumplir con los objetivos mínimos que es la difusión del deporte y tratar de desarrollar su especialidad deportiva”. Pero también ven que hay federaciones que están trabajando muy bien y abren la expectativa de un futuro promisorio.

El rugby, el básquetbol y la natación “son federaciones que están haciendo las cosas muy bien y están encaminadas hacia proyectos realmente profesionales de desarrollo del deporte. Eso nos estimula y nos convence aún más de que las cosas se pueden hacer. Ser capaces de transformar ese voluntarismo en criterios de gestión profesional es bueno; es fundamental rodearse de gente, o contratar gente, que esté formada específicamente en distintos ámbitos del deporte”, aseguró.

 

Los riesgos del profesionalismo

Los clubes y las federaciones dedicadas al deporte de alto rendimiento no pueden obviar una premisa básica: el profesionalismo no es para todos. Y eso se denota con ejemplos empíricos. “El profesionalismo o pseudoprofesionalismo que quisieron comprar los clubes deportivos fue también la causa de la disolución de muchísimos clubes”. “En los años sesenta en Montevideo había ochenta clubes de básquetbol, hoy quedan cuarenta; la mayoría de los que desaparecieron fueron por aventuras profesionales que quisieron correr, se metieron en gastos que no estaban capacitados para asumir y tuvieron que abandonar la práctica del deporte. Eso fue muy negativo, porque hoy podrían ser instituciones en donde se practicara el deporte y se formaran deportistas”, afirmó Espasandín.

Ese fue uno de los problemas cuando el básquetbol hizo una apuesta por la integración de clubes del interior a una Liga Nacional. “Sostener un equipo de alto nivel profesional no es para todos, quizás puede haber una o dos instituciones en el interior que puedan sostener un equipo profesional para una competencia extendida en el tiempo. Porque eso es otra cosa: no podemos mejorar nuestro deporte si las competencias se extienden seis o siete meses, el deporte profesional hoy exige estar en competencia nueve o diez meses al año”.

“El que no pueda estar nueve o diez meses compitiendo debe estar en un nivel inferior y punto. El deporte de alta competencia o profesional no es para todos o para quien quiere, sino para quien puede. Hay una falta de sinceramiento, en general, en todos los deportes, de quién puede ser profesional y quién no”, aseguró.

Por ejemplo, en España, desde el Estado se dispuso la obligación de los clubes profesionales de fútbol y básquetbol de convertirse en sociedades anónimas deportivas (SAD), con un criterio de sostenibilidad y que tuvieran el patrimonio suficiente para solventar las deudas que asumían. “Los únicos que se salvaron fueron Barcelona, Real Madrid y Athletic de Bilbao, los demás fueron compulsivamente obligados a convertirse en SAD”, contó.

Pero ese no fue el camino que eligió la SND. “Es mucho mejor que [la forma de profesionalizar] surja de la propia democracia interna de las federaciones deportivas, queremos apoyar a las federaciones y trabajar en conjunto con ellas y no imponer absolutamente nada. […] La SND está apoyando más, y tratamos de convencer a las instituciones deportivas que se integren a las pautas estratégicas que pensamos que son lo mejor para el deporte, pero las federaciones deportivas son entidades autónomas y pueden tomar sus propias decisiones”, destacó.

 

Deporte en el interior

El deporte uruguayo, en particular el de alta competencia, está centralizado en Montevideo, ya que “las federaciones son capitalinas, en el mejor de los casos del área metropolitana, y no tienen alcance a nivel nacional”. Por eso, uno de los objetivos estratégicos de la SND es llevar el deporte a todo el país. Pero ese proceso de integración tiene algunos obstáculos, como los costos de la locomoción. Una posible solución a ese problema es apostar a la regionalización de las competencias.

“Es importante que cada especialización deportiva, cada disciplina y federación deportiva, intente potenciar aquellos departamentos en que son fuertes, pero también formar estructuras en otras partes del país”, dijo.

Otro de los objetivos es el desarrollo del deporte entre las mujeres. En ningún país se llega a que cincuenta por ciento de los deportistas federados sean mujeres, pero en Uruguay la inequidad de género es “realmente asombrosa”. “En España, apenas veintiuno por ciento de los deportistas federados son mujeres; en el ámbito anglosajón, el porcentaje de mujeres aumenta mucho. En Uruguay, es inaceptable que sólo 6,7 por ciento de los deportistas federados sean mujeres”, evaluó Espasandín.

 

Planificación y resultados

La planificación a largo plazo de un proyecto deportivo suele confrontar con la exigencia de los resultados inmediatos. Cómo se hace para que ese ‘resultadismo’ no afecte los procesos a largo plazo es una de las preguntas clave a la hora de hablar de gestión deportiva.

Espasandín tiene una posición formada: “Trabajar bien y en forma profesional no te asegura buenos resultados deportivos, pero trabajar mal te asegura que no los tendrás. Si se obtiene un resultado deportivo trabajando mal es pura casualidad”. En Uruguay hay un ejemplo: “No es casualidad lo que ha sucedido con el fútbol y con el proceso del maestro Óscar Washington Tabárez, porque los resultados se están viendo en forma continua en las distintas categorías, no fueron un hecho aislado”.

Y destacó el trabajo de la Federación Uruguaya de Natación: “Cambió sus autoridades hace un año y medio y cambió radicalmente su forma de trabajar. Han logrado avances importantes en poco tiempo, pero se han planteado resultados a diez años, no en forma inmediata”, dijo.

Un proyecto deportivo debe enfrentar otro problema: la posibilidad de que el deportista realice su actividad en forma profesional. “El deportista comienza por su deseo de trascender, de lograr mejorar su marca personal, y de crecer profesionalmente”. Pero llega un momento en que el profesionalismo es una necesidad, como puede verse entre los deportistas de elite que participan en los Juegos Olímpicos, para quienes “toda su vida tiene que girar en torno al deporte y la práctica deportiva”.

En Uruguay, eso no siempre es posible, aunque los apoyos económicos “han mejorado muchísimo”. “En los últimos diez años se multiplicó por catorce el dinero que se transfiere desde la SND hacia las federaciones”, pero “siempre es insuficiente, porque el deporte actual exige cada vez más inversión. El costo de una medalla olímpica es cercano al millón de dólares en inversión. Cuando Milton Wynants ganó la medalla de plata, la inversión por medalla era de unos quinientos mil dólares”. Si se tienen en cuenta los aportes que recibió Wynants en su trayectoria profesional “estamos cerca de esa cifra, no estamos hablando de cifras inalcanzables”.

En la medida que un deportista logra determinadas marcas, comienza a obtener apoyos, “que en algún momento hay que transparentar”, porque si bien “a nadie le gusta que se hable de lo que gana o deja de ganar, hay deportistas en Uruguay que reciben apoyos importantes, la mayoría de empresas estatales”, pero aún “está faltando apoyo de empresas privadas”.

¿Pero en un país con recursos escasos como Uruguay, el Estado debe subvencionar el deporte profesional o debe apostar al desarrollo del deporte con fines sociales o educativos? “Esa es una discusión que será eterna. Es imposible desarrollar el deporte en nuestro país si no se desarrollan sus distintas dimensiones: el deporte comunitario; el deporte y educación; y el deporte competitivo. Es incorrecto pensar que mejorando el deporte competitivo se mejorará por añadidura las otras manifestaciones del deporte, o que si sólo trabajáramos en la formación de deportistas y en el deporte comunitario se mejoraría el deporte de alto nivel. El deporte hay que considerarlo como un sistema que está interconectado y hay que abordarlo en su complejidad”. La gestión deportiva es una herramienta fundamental para eso.

 

 

 

 

 

EL MUNDO BÁSQUETBOL

 

Para un país como Uruguay competir a nivel mundial siempre es difícil, sobre todo en los deportes colectivos o por equipos. Eso es comprobable en el básquetbol, en el que la clasificación a un Juego Olímpico es muy difícil. “Participan sólo doce países y los países europeos tienen un nivel impresionante”, destacó Espasandín. “Para competir es necesario que hagamos como el fútbol, que tengamos la posibilidad de que varios jugadores nuestros puedan emigrar y jugar en Europa. Ahora [Bruno] Fitipaldo dio el salto de la Liga Argentina a Europa; [Matías] Calfani emigró hacia Argentina y ojalá en unos años esté en Europa”.

Ese proceso es fundamental para el desarrollo de los jugadores y redundará en beneficio para la selección nacional. La muestra más concreta es Argentina. “La ‘generación dorada’ lo fue gracias a que todos los jugadores estaban en Europa; no les alcanzaba con ser jugadores de la Liga Nacional Argentina, para llegar a lo que llegaron debieron jugar en Europa, y posteriormente acceder a la NBA. El camino es ese, es inevitable”.

Por este motivo, Espasandín valoró la posibilidad que se le abre a una de las jóvenes promesas del básquetbol uruguayo, Juan Ignacio Ducasse, que tendrá la posibilidad de jugar en un Highschool de Estados Unidos y luchar por la posibilidad de obtener una beca universitaria. “Si llega a una buena universidad, en cuatro años tendremos un jugador de primer nivel mundial, porque el básquetbol universitario de Estados Unidos es una verdadera escuela de jugadores”, afirmó Espasandín.

 

 

 

 

UN HOMBRE CON TRAYECTORIA

 

Alberto Espasandín tiene una larga trayectoria vinculada al deporte de alto rendimiento, en general, y al básquetbol en particular. Inició su carrera en las categorías formativas del club Montevideo, con el que debutó en Primera División. En forma paralela comenzó su carrera como entrenador: tenía sólo dieciséis años cuando asumió el mando de las categorías más pequeñas. Después pasó a Neptuno, donde jugó cinco años, al mismo tiempo que dirigía en sus divisiones formativas. Se retiró como jugador a los treinta años, pero no estuvo mucho tiempo separado de la actividad. En 1981, asumió como entrenador jefe del Club Nacional de Fútbol, en lo que fue el inicio de una dilatada trayectoria, que incluyó clubes como Aguada, Trouville y Malvín, la selección uruguaya y cinco años en la Liga de Baloncesto Profesional de México.

Trabajó intensamente en temas de formación de entrenadores y de gestión deportiva. En 1975, se recibió de profesor de Educación Física y desempeñó varios cargos en la Comisión Nacional de Educación Física. En 1986, ingresó como docente en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) y entre 2000 y 2004 estuvo a cargo de la creación y dirección del Departamento de Posgrados del ISEF. Allí creó la carrera de Gestión de Instituciones Deportivas y Educativas, con vistas a la formación de profesionales en materia de gestión. Hoy es director de la Tecnicatura en Gestión de Instituciones Deportivas de la Facultad de la Cultura (Claeh).

 

 

Compartir en Facebook