DESDE CÓRDOBA CON ADRIÁN ARGACHÁ Y AGUSTÍN GUTIÉRREZ,

DE BELGRANO Y TALLERES

Por Diego Martini

 

El ritmo cordobés atrapa. “La ciudad de las mujeres más lindas, del fernet, de la ‘birra’ y de las madrugadas sin par” encierra en sí misma una cultura propia de una ciudad capital dentro de una provincia cargada de historia, pasión y un acento inconfundible. Allí aparecen cuatro importantes equipos: Belgrano (Primera División); Talleres (Primera B Nacional); Instituto (Primera B Nacional) y Racing (Federal B). A su vez, cada año, 36 equipos de toda la provincia participan de la Liga Cordobesa de Fútbol (LCF), un torneo que se juega desde 1913 y que otorga tres plazas para participar en el Torneo Federal C.

 

Belgrano y Talleres, el clásico por excelencia de la provincia, son los equipos que tienen más LCF, con 27 títulos cada uno. A su vez, el pirata cordobés de Alberdi y el matador de Jardín Espinosa son los equipos que más arraigo tienen en la ciudad y los que llenan el Estadio Mario Alberto Kempes cada fin de semana. Córdoba se separa en dos cada vez que juegan entre sí, y las apuestas y cargadas corren sin parar (típico de un cordobés). Los dos tienen uruguayos en sus filas: Belgrano al lateral Adrián Argachá, y Talleres al volante mixto Nicolás Schenone y al volante ofensivo Agustín Gutiérrez.

Hoy es sábado a la tarde, la calma de Córdoba capital relace cada espectro de la bella ciudad. Muy cerca del centro, a pocas cuadras de la sede de Talleres –ubicada sobre la plaza San Martín–, vive Agustín Gutiérrez. El barrio es muy calmo y el entorno genera tranquilidad, algo atípico para lo que implica el casco urbano del centro cordobés. Lo curioso es que Adrián Argachá vive a la vuelta del apartamento de su ex compañero de Racing Club de Montevideo, pero aún no se han visto y ni siquiera tienen su teléfono de contacto. “Quedamos de vernos y arreglar para juntarnos, habíamos hablado por Facebook pero todavía no habíamos arreglado”. Túnel los encuentra.

Entrada la hora del mate Adrián llega a la casa de Agustín con el termo bajo el brazo. Su estilo pausado denota la típica característica de un joven del interior, pero a la vez la de un futbolista dúctil y adaptable al estilo de vida argentino. Adrián (29) es oriundo de Sarandí del Yi (Durazno) e hizo las inferiores en el Club Nacional de Fútbol. Tras estar a préstamo en Tacuarembó y Wanderers, los tricolores lo dejaron libre y pasó por Defensor Sporting, Independiente (Argentina), Racing, River Plate y Sud América. Hoy el lateral izquierdo defiende a Belgrano.

El estilo de Agustín es distinto. Es joven (24) pero carga madurez en cada expresión y en sus ideales. Es de Montevideo y por eso aclara que no le costó adaptarse al ritmo en el que viven los cordobeses. Hizo las juveniles en Peñarol, en el proceso comandado por Víctor Púa y Claudio Listur. De allí se fue a vivir a España y jugó un tiempo en Sporting de Gijón, pero volvió enseguida con los carboneros. Diego Aguirre y Néstor Gonçalves lo tuvieron con el plantel principal pero nunca firmó contrato, por eso emigró a la Sociedade Esportiva e Recreativa Caxias do Sul, equipo gaucho de la Serie C del fútbol brasileño. Tras esa experiencia llegó a Racing, donde se conformó como jugador y marcó un estilo distinto en su juego. Es recordado por marcarle cuatro goles a Danubio en dieciocho minutos, en un partido que los cerveceros perdían 2-0. Tras esa campaña de Mauricio Larriera, Agustín estuvo un año alternando con la Tercera División o directamente sin jugar, por temas contractuales. Al finalizar su vínculo con los de Sayago llegó a Talleres.

 

La celeste

Uruguay empató de atrás ante Brasil 2-2 y es la tarde posterior al partido. Es de lo primero que hablamos y analizamos. Los dos coinciden en que el partido fue muy bueno, aunque comparten que Brasil fue muy superior en el primer tiempo. Lo raro fue esa extrañeza de ver a la selección en otro país, solos, frente al televisor, en un lugar que no se oye ningún grito. “Cuando estuve en Independiente me tocó vivir la Copa América que ganamos. Fue mucha la locura, salí a gritar y festejar. Vivir un partido de tu selección en otro país te genera un poco más de piel de gallina. Sabés que estás vos y alrededor no hay ningún otro uruguayo. Eso lo hace más disfrutable”, cuenta Adrián, al tiempo que Agustín coincide en su mirada con esa sensación de “estar solo, que seas el único uruguayo, implica que le des más importancia a los goles”.

Sumado a eso, aparece el esquema de ser un uruguayo dentro de un club argentino. En este caso ambos coinciden en que la mayor atención en esta fecha de Eliminatorias recayó en el partido de Chile y Argentina, porque tanto en Belgrano como en Talleres hay jugadores chilenos, y ahí surgieron las apuestas. Igualmente las bromas recayeron sobre los uruguayos, y el apoyo cuando Uruguay perdía también apareció. “Hay muchas cargadas, mucho lleve y trae. Pero por suerte siempre va con buena onda, con respeto y con humildad, eso ayuda a adaptarse”, aclara Agustín.

Adrián cree que el sentimiento que tienen los argentinos para con su selección es fuerte. “La aman y siempre piensan que son los mejores. Igual con esta seguidilla de finales perdidas, el hincha argentino ha entrado en la realidad y ha caído en razón de que ya no son los mejores. A Uruguay lo respetan mucho. Dicen que tenemos muy buena selección y que somos duros”. Agustín cree que en el sentido del amor propio Argentina es similar a Uruguay. “Ellos tienen buena selección y siempre se sienten que son los mejores. Pero pusieron una barrera con esto de las finales perdidas. Al uruguayo lo ven bien”.

 

¿Cómo llegan a Belgrano y Talleres, dos de los equipos más grandes de Córdoba?

AA: No iba a venir a Belgrano. Se habían manejado otros equipos de Primera. Pero el tema del fútbol y las negociaciones varían todo. Estaba todo arreglado para un equipo, pero un día me llamó el vicepresidente de Belgrano y me dijo que querían contar conmigo. Hablaron con los representantes y en pocos días se solucionó el tema y vine a Córdoba. Ellos querían reforzar el lateral izquierdo y me habían visto con buenos ojos porque tenían gente observando en Uruguay.

Pasar de un equipo en crecimiento a un equipo grande (Belgrano y Talleres son muy parecidos a Peñarol y Nacional) te da una responsabilidad linda y una presión en el buen sentido: tenés que cumplir. El jugador tiene como un estudio interno y lo va procesando. Cuando te toca estar en un equipo así, tenés que hacerlo de la mejor manera. Nada del otro mundo, no deja de ser fútbol, es lo que vivimos desde chiquitos y hay que disfrutarlo con pasión.

Yo tuve una buena experiencia en Independiente. Jugué bastante en una temporada. Fui a préstamo y saltó el tema de las AFIP (Administración Federal de los Ingresos Públicos) y hubo problemas con los pases puentes. Hubo cambio de dirigentes y presidente en Independiente y me tuve que volver. A nivel deportivo, y como recuerdo, fue de los más lindos que me tocó vivir. Venir a Belgrano me agarra con un poco más de experiencia, de haber estado en un grande. En lo futbolístico es más o menos lo mismo, el fútbol argentino desde hace muchos años es de mucha adrenalina y mucho vértigo. Es de mucha fricción y buen juego, una mezcla de varias cosas. Hay que aprovechar y estar en los momentos justos. Tanto para Agustín, como para mí, es una linda chance por el momento en el que nos llega.

AG: Yo llego por intermedio de contactos futbolísticos. El caso de Mauricio Larriera, que Talleres se interesó y le preguntaron por mis características. No sé cómo fue el contacto que hubo, pero me vieron jugar. Yo venía con un inconveniente en Racing y por unos contactos se dio para venir. Es una oportunidad tremenda. Meterme en un estadio que ahora va a jugar la selección argentina, estar en Talleres, y tener treinta mil personas, es como estar en un clásico. Esto es divino, es hermoso, es un sueño hecho realidad. Trato de aprovechar la oportunidad. Quiero estar a la altura, pero sin desesperarme. Esto es día a día. Hay que entrenar y estar preparado, con sacrificio y humildad tarde o temprano se encaminan las cosas.

Talleres es un equipo muy lindo, que tiene la mentalidad de crecer. La idea a futuro es volver a la A, estamos peleando para eso. Es un equipo con mucha gente y euforia. Salís de un entrenamiento y te sacás más fotos que si jugaras en Peñarol y Nacional. Vas a los programas como si nada, estás en un shopping y te piden una foto. El hincha cordobés es muy pasional, el argentino lo es. Nunca tuve la experiencia de venir al fútbol argentino. Me gusta que se mezcle el fútbol aguerrido, vertical, pero también el buen pie. Eso para nuestras características es bueno. En Uruguay se juega bien, pero pienso que no se valoriza tanto el jugar bien.

 

Uno juega en Primera, y el otro en Primera B, ¿cómo es el fútbol argentino?

AG: La B es un poco diferente a la A. El de la A se corta más, es un poco más técnico-táctico. El de la B se asemeja más a la A de Uruguay. Si vos vas y metés un brazo, no te lo cobran, o las pelotas divididas tampoco te las cobran mucho. Después en el estilo de juego es similar. Siempre se busca salir jugando, pelota por el piso. Ese fue un gran cambio respecto al fútbol uruguayo. Estoy tratando de adaptarme.

AA: El tema de las canchas ayuda mucho, más allá del entorno, de la gente, de la pasión y del circo que se genera. A la hora de jugar, el césped influye mucho. Acá al 99 por ciento de las canchas te las riegan antes de jugar, hay buen piso, por ende se inculca más el hecho de jugar por abajo y de no reventar. Igual tiene esa mezcla, como dice Agustín, a la hora de meter hay que meter. Capaz que en Uruguay se busca más meter que jugar. Primero metemos, si podemos jugar, mejor. Acá es la obligación de las dos cosas. Los equipos proponen un ritmo complicado, en todo el partido hay más ritmo que en el fútbol uruguayo. Allá se tranca más, se corta, acá es darle y darle, jugar, moverte, y estás constantemente en un ritmo intenso. Lo vas agarrando, te adaptás, y después te parece normal. Creo que además de los buenos jugadores que hay, la premisa es el juego.

 

Siempre en Argentina está el estereotipo del jugador uruguayo ferretero, pero ustedes no son de ese estilo en su juego. ¿Cómo nos ven los argentinos?

AG: He tenido alguna que otra cargada por venir de Uruguay. Pero creo que es como te digo con lo de la selección, cuando nos dedicamos a jugar le empatamos el partido a Brasil. Está todo bien, me gusta la garra charrúa, pero cuando nos paramos bien y pusimos la pelota en el piso lo empatamos. Lógicamente que el uruguayo tiene eso adentro, esa rebeldía que saca en los momentos difíciles, esa es mi manera de verlo. Capaz no es tanto eso de ir, trancar, pegar.

Me joden y me dicen que soy el único uruguayo que quiere eludir, que quiere tirar una pared, o que quiere encarar, y que se preocupa más por eso, en lugar de ir y arrancarle los tobillos a un rival. Claro que tenés que tener un poco de todo, cuanto más completo mejor. No importa el puesto, hay que priorizar las dos cosas. Cada uno tiene el estilo que tiene. Porque yo sea uruguayo no voy a venir a pegar patadas. Mi manera de jugar no es esa. Estoy jugando de volante por fuera. Mi técnico me pide que desborde, que encare y que vaya por las bandas. Tenemos buenos nueves. Por eso me pide que vaya por afuera y tire centros.

AA: Con el tema del prototipo del jugador uruguayo, los argentinos tienen mucho eso de que dicen que el uruguayo tiene que meter y tener garra. Desde que nacemos, tenemos un poco eso. Desde el baby y las inferiores no tenés una cancha linda, es más amor propio y va en las condiciones naturales que tenga cada uno. Cuando no la tenés te la rebuscás para tenerla, eso se mama desde pequeños, y creo que hace al jugador uruguayo.

El resto de los países ven al uruguayo así, que mete y tiene garra, eso lo tiene, pero también hay casos y no todos somos así. Hay jugadores que suplen sus cualidades técnicas con meter y tener garra, y otros, como en el caso de Agustín (me acordaba de mirar un partido viejo de Independiente y ver a Forlán, que era uruguayo y no pegaba, y es el jugador con más elegancia después de Messi) que es un jugador habilidoso y esa es su mayor fortaleza. En mi caso es un mix, porque soy más defensivo y tengo que tener marca y tener cualidades para soltarme, que es lo que siento y es mi forma de juego. En Belgrano hace mucho tiempo está Ricardo Zielinski y se ha apoyado mucho en el juego de ser fuerte, a la hora de no tenerla ser duros. El fútbol moderno tiene una mezcla. No juegan sólo los rústicos, y tampoco juegan sólo los líricos. Hay que tener un poco de las dos cosas para poder jugar en el fútbol de hoy. En mi puesto tengo que clausurar mi sector, y cuando puedo me voy, me abro y soy una salida y un apoyo.

 

¿Cómo se adaptaron al estilo de sus clubes?

AG: A Talleres me adapté muy bien. Me sirvió mucho cómo son los compañeros. Por suerte tengo compañeros con buena onda y humildad. Está Mauricio Caranta, Pablo Guiñazú, Hernán Enzina, Gonzalo Klusener, jugadores de nombre y jerarquía que ganaron cosas importantes. Te tratan como uno más. Me junto con ellos, voy a su casa. Eso para la adaptación es fundamental. No es sólo ir y jugar, hay que adaptarse a lo que se está viviendo para que te vaya bien. Por suerte Talleres, en su política, me ayuda porque la gente es muy buena y todos los funcionarios me ayudan. Por ahora mi balance es positivo.

AA: De la mejor manera. Me sorprendió desde el principio la sencillez y la humildad que hay en el club. Tanto del plantel, cuerpo técnico, funcionarios, dirigentes. Eso me ayuda a adaptarme. Después en el día a día me hacen sentir como uno más. Creo que cuando vas a un club y sos nuevo, cuanto más rápido te introduzcan en el grupo va a ser mejor para ambas partes. Para que el jugador aporte lo suyo, y porque el grupo necesita de su ayuda. En Belgrano sentí que me adapté rápido. En lo futbolístico me ha tocado jugar y no jugar. Me he sentido bien. Fue una readaptación al fútbol argentino. Si bien el balance se hace al final, creo que voy por buen camino. Me siento cómodo y con fuerzas para hacer lo que me toca.

 

¿Y a Córdoba capital cómo se adaptaron? ¿Cómo se manejan?

AG: Es una ciudad linda. Es muy sencilla, y muy pasional con el tema del fútbol, eso me llamó la atención. Voy conociendo de a poco. Mi prioridad no es tanto salir, por ahora. Claro que te tenés que sentir bien y adaptar, pero por ahora la llevo bien. Cada día que pasa intento buscar algo nuevo para hacer. En breve tendré auto y podré recorrer un poco más la provincia. El ritmo que tienen es similar al uruguayo. Es más de lo mismo. La rutina del futbolista es casi siempre la misma. Estoy mucho más tiempo concentrado y entrenando que en Uruguay.

Los cordobeses son “bien”. La ciudad tiene mucho dinamismo, similar a Montevideo. Las distancias son similares. Siento que no es igual a la gente de Buenos Aires. Es como comparar un montevideano con uno del interior. Son un poco más sociables o amables.

Voy a entrenar con Nicolás Schenone, el otro uruguayo que hay, o con algún otro compañero. Estoy con mi novia, entonces la rutina es sencilla, tranquila. La prioridad está en el fútbol, en el descanso, pero también buscamos el día a día por otros lados y tratamos de estar felices.

AA: La ciudad la veo parecida a Montevideo. Tiene una población similar y tiene dos equipos por encima del resto, como Belgrano y Talleres. Cuando tengo tiempo libre intento recorrer y salir. Hay mucha gente de alrededores de Córdoba que viene mucho a la capital y por eso se mantiene activa. Vivo en un lugar tranquilo, eso es fundamental. Tenés que encontrar una rutina de hacer lo que tenés que hacer, jugar al fútbol y cuando se puede aprovechar los momentos libres. En el fútbol es fundamental descansar.

Voy a entrenar con un compañero, vivimos en un barrio donde hay muchos jugadores porque es una zona linda y tranquila. La mezcla justa. En el día a día hago una vida normal. Salgo cuando puedo y la llevo tranqui. Capaz que salís, te ven, te reconocen, te piden una foto, pero no pasa más de eso. Hay que vivirlo con sencillez, sabiendo el lugar que uno tiene. Con esa tranquilidad de que es así la vida que nos toca. También hay que disfrutarlo, porque uno de chico le pedía fotos a jugadores de primera.

 

 

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