FERMÍN SOLANA, VOZ DE HABLAN POR LA ESPALDA

LOS HINCHAS COMO YO

Por Agustín Lucas

 

Hace veinte años estaría yo pateando una de cuero ensimismado, en el patio de la Escuela Panamá. Los partidos contra los más grandes fueron inolvidables. Cuando yo fui de los más grandes, conocí la carpeta. Por aquellos años nacía Hablan Por La Espalda (HPLE). “Damos por hecho que está. Que existe. Te vas acostumbrando a que Hablan es parte integral de nuestra vida”. Una banda que surgió como casi todas las cosas: entre amigos. Antes que Seba Lahera partiera hacia Buenos Aires, decidieron junto a los hermanos Solana (Martín –El Tuka– y Fermín) grabar algunos temas para marcar el inicio. Luego de su partida, HPLE retomó con otro bajista y la banda siguió tocando. “Las primeras canciones que hicimos eran punk rock bien básico de tres acordes, o hardcore al palo, regritado. Letras como “el machismo es fascismo” y cosas así. El viaje siempre fue ultra político. El anarquismo fue la fuerza que nos impulsó. Leímos a Malatesta, a Los anarquistas expropiadores. Nos hicimos veganos. Participábamos en radios comunitarias, como la Ni Idea de FM en Palermo, donde teníamos un programa que se llamaba Esquemas, en el que leíamos textos anarcos. La cosa se fue desvirtuando a medida que la música nos fue comiendo. Al principio lo que importaba era el mensaje. No sabíamos tocar. Mi hermano aprendió a tocar en la banda”.

Cuelgo de la biblioteca. Conozco a la gente por lo que lee. Un glorioso y ruin banderín de Nacional se abre paso entre Burroughs y Kerouac. Una pintura del popular Víctor Andrade, ubica a Edgar Alan Poe cerca de Bolso, mi buen amigo (de Alejandro Luzardo y Fermín Solana, Editorial Fin de Siglo). Jaime Roos asoma entre los discos, como un buen futbolero que cabecea en un córner que ve por la tele. “Con Charly –batería– éramos amigos de ir a ver a Nacional. La participación de él en HPLE fue en un partido. En la Abdón Porte le dije y me dijo que sí, que “de cabeza”. Él tocaba en Culpables. A la semana estaba ensayando. Los que entran en la banda son todos amigos. El bajista es manya. Es manya y lo respeto, él también es de ir a la cancha, de viajar. Somos respetuosos. Yo respeto a los hinchas que son hinchas como yo”.

Mientras escribo, siento bajar por las callecitas de La Comercial, la voz del Parque Central. La voz del bolso alentando al cuadro. Oigo el eco de la explosión de los goles descender con el viento por la bajada. Y entonces sé que Papelito Fernández se está gozando en la gramilla, y que Fermín estará sudando la camiseta desde el cemento. “Eso hace que HPLE no sea partidaria de un equipo. Los tres colores los uso en el día a día pero es un pacto entre nosotros que no se toca con nada alusivo”. A Fermín el fútbol lo atraviesa como a todos los uruguayos. Lo trastoca. Lo condiciona. Está atento a anotarse en el fútbol cinco de los martes. También en el de los jueves. También en el de los viernes. “Mi tío me hizo socio el día que nací. Mi abuelo, el Toto, era fanático de Nacional, y mi viejo es un enfermo. Él me lo inculcó desde siempre. Me alejé un tiempo del fútbol porque la anarquía, la filosofía política, me hizo alejarme de esa identificación. Dejé de ir a la cancha. Pero era imposible no estar al tanto en mi casa. Fue un período, un par de años. Cuando volví, volví fuerte y ya no lo dejé más”.

El origen de la violencia es el baby fútbol, la presión de los padres, la fantasía viciosa con el dinero en los pies de los botijas. La violencia también está en los dirigentes de los cuadros. En los representantes, esa figura pseudopaternal que se agota cuando se agota la magia en el botín. La violencia está en la voz callada de los jugadores, en la sumisión, lo más parecido a la esclavitud: correr, jugar, hacer dinero; correr, jugar, soñar con hacer dinero. Correr, jugar, no hacer de esa fantasía una realidad jamás. La violencia también está en el periodismo deportivo, en el uso de los medios. Recién después de todos estos escalafones están los tiros en las tribunas, porque tiros hay, hace tiempo que hay, pero no le echen la culpa al fútbol. “A mí lo que me molesta es la visión del periodismo sobre la violencia. Lo hacen parecer una cosa que no puede entenderse. Que es antinatural. Parece que nunca hubiesen ido a la cancha en su vida. Llevo más de veinte años yendo a la popular. Siempre condenan al hincha. El hincha vive el maltrato de la Policía. Te vas acostumbrando, la vas incorporando. Y vas entendiendo la violencia. Hay que estar ahí para entenderla. La violencia del fútbol romántica de los años ochenta se terminó. Yo vi peleas de barras con las manos. Pero el estado actual social del mundo tiene que ver con otro tipo de violencia. Hay otro tipo de acceso. Yo me acuerdo bien cuando entraron las armas en juego. Se fue haciendo cada vez más lógico dentro de esa lógica particular de las barras, en las que si yo no llevo un chumbo para defender mi bandera, lo lleva otro”.

En el desorden explicativo de las cosas, el fútbol y el rock se parecen. Hace algún tiempo sancionaron a un jugador europeo por hacer un saludo nazi en el festejo de un gol. Hace algunos días, cuando esta ya mítica banda montevideana hizo vibrar el Teatro de Verano en la antesala perfecta para el show de Iggy Pop, Marcos Motosierra, otro hito ineludible de la materia, hizo algo similar. Pero claro, por más que se parezcan, el rock y el fútbol no son la misma cosa, y en ambos, como en todas las cosas, los códigos mandan. Así en el barrio, en el estadio, en el teatro o en el pogo, la cultura establecida, curtida con los años, es la que marca la cancha. “Invitamos a cantar un tema a Marcos Motosierra, muy amigo nuestro y además considerado el Iggy Pop uruguayo. En Brasil le dicen Iggy Podre, el Iggy podrido. Para nosotros fue la fecha de la vida. El toque más preciado. El tema que tocamos se llama La Policía, una letra bastante sarcástica que habla del policía como un impotente sexual. Dice que el policía en la vida real está muerto por dentro. Yo me di cuenta después pero Marcos dijo ‘¡Heil Hitler!’. Empezaron las repercusiones y se lo acusó de nazi. En el contexto yo sé que fue totalmente irónico. Pero no necesariamente la gente conoce cómo es él, un artista controvertido, desafiante. Son actitudes históricas dentro del punk desde los años setenta. Las bandas punk ironizan con eso. Marcos se come un garrón importante. Yo le resto importancia”.

Es difícil zafar a la coyuntura. Menos que menos a la coyuntura futbolera entre dos futboleros de pura cepa. Entonces la violencia mal llamada violencia en el fútbol, los comunicados de la Selección desnudando realidades que nos atañen a todos, y el manejo de los medios, aparecen entre amargos y cigarros, esa combinación zitarrosiana que es como nuestro apodo. “Tuve algunas discusiones luego de que se dijo que algunos de los procesados por lo de Santa Lucía eran del colectivo 7411, que es un colectivo que organiza la fiesta en las tribunas de Nacional. Cuando saco la entrada siempre le pongo plata al colectivo, que se usa para globos, humos, todo eso. Para mí es de lo mejor que le pasó a Nacional en mucho tiempo. Hay como una sensibilidad respecto a este tema que va tomando un tinte de guerra civil, hay que tomar con pinzas lo que se dice y no entrar en la manija de la prensa”.

Sobre la mesa revistas y libros. Paracetamol 500 manual de giras de HPLE (Estuario Editora) es lo que todos soñamos cuando leímos En el camino, de Jack Kerouac. Es la versión yorugua de las cosas, la cuestión universal de trillar con amigos el mundo. La cosa fundamental de criarse en la calle, en los antros, en las populares. Ese compartir del vino en caja, el fasito, la caja de diez puchos. El amor, el sexo, el amor otra vez, y siempre, siempre, un hermano que te acompañe, o varios.

 

 

 

 

EL NACIONAL DE TODAS LAS ÉPOCAS

 

En el arco banco a Munúa. La línea de cuatro es la del 88: Revelez, el Hugo de León, Pintos Saldanha de cabeza. Y Tony Gómez por el penal en Tokio. ¡Qué baluarte! Al medio el Colo Romero. El Vasco Ostolaza. El Chino (Fermín publicó junto con Alejandro Luzardo Yo vi jugar al Chino, Editorial Medio y Medio). Yubert Lemos. Dely Valdez. Luisito Suárez. Ese es mi cuadro. Con ese voy a la guerra.

 

EL EQUIPO DE LAS INFLUENCIAS:

 

Johnny, Joey, Dee Dee y Marky Ramone, Los Ramones, los cuatro de atrás. Mi referente total en mi vida creativa y espiritual Henry Miller en el medio. Jack Kerouac y Williams Borroughs. Adelante Jim Morrison, Hunter Thompson, Stanley Kubrick. Al arco el gran Felisberto Hernández.