MUSEO CELESTE

VIAJE AL CORAZÓN DEL FÚTBOL

Por Luis Morales

 

Experiencia estética, ampliación del conocimiento de la cultura nacional, recorrido por el glorioso pasado del fútbol uruguayo, así vivió Túnel su visita al Museo del Fútbol.

 

La máquina del tiempo

Doscientas mil personas congeladas. El óvalo del Maracaná como un ojo lleno de asombro que no puede dar crédito a lo que ve. La foto de tamaño gigante. Enfrente, una camiseta celeste con un número 5 rojo en la espalda. Con ella jugó el hombre en cuyo pecho cabían millones de almas: Obdulio Jacinto Varela, el símbolo de la gesta. En una vitrina, la réplica de la copa Jules Rimet que le entregaran a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) en reconocimiento por aquel hazañoso logro.

Mientras continúa su visita al Museo del Fútbol de la AUF, el periodista se dice que lo que está viviendo tiene mucho de viaje en la máquina del tiempo. A través de sus salas, ha recorrido la historia del más popular de los deportes de Uruguay hasta llegar a la que quizá sea su conquista máxima.

Hace un rato, lo recibió el doctor Mario Romano, director general del lugar. Luego de ofrecerle una visión panorámica de la historia y aspectos destacables del sitio, le presentó a Gerardo Cal, quien sería su cicerone en ese lugar lleno de tesoros que explican cómo se forjó el rico patrimonio futbolístico de los orientales. No sin antes prepararlo para lo que vería: “Temáticamente, la exposición permanente de la planta alta se basa en cuatro sectores que representan las cuatro grandes conquistas futbolísticas de Uruguay: la de 1924 en Colombes; la de 1928 en Ámsterdam, ambas olímpicas; el Mundial de 1930 y, sin duda alguna, Maracaná”.

Se han parado junto al busto del Negro Jefe. De los objetos que se encuentran en las vitrinas, como voces venidas de épocas idas, surgen detalles poco conocidos, curiosos u olvidados que el guía traduce con sus palabras. “Este fue el Mundial en el que por primera vez Uruguay jugó con números en la camiseta”, cuenta y agrega el dato de que en las tres gestas anteriores los jugadores simplemente se enfundaban la celeste y salían a comerse la cancha.

En una de las salas contiguas, la casaquilla de Ángel Romano, tatuada por las señales del paso del tiempo, atestigua que así era. “No tiene escudo, ni nombre, ni publicidad, ni número” le dijo Cal al periodista, quien, mientras la observaba, pensó: “Comparándola con las actuales, que, con el logo de alguna marca y el nombre de los jugadores bien a la vista, se han transformado en un producto más de la mercadotecnia, se entiende mejor qué quieren decir los veteranos cuando hablan de aquel ‘jugar por la camiseta’ que tanto añoran”. Están ahora en la zona correspondiente a la primera gloria futbolística olímpica conseguida por Uruguay en Francia. Al equipo celeste le tocó en suerte jugar en Colombes, una ciudad cercana a París, que, a la postre, daría nombre a una de las tribunas del Monumento del Fútbol Mundial, en el que se encuentra enclavado el Museo.

Una curiosidad del fútbol de antaño. Además de ser el jugador celeste con más copas América ganadas (las seis primeras que se disputaron), Ángel Romano fue el primer uruguayo que jugó por dos selecciones: la de su país y la de Argentina. Este hecho tan particular se explica porque “entonces regía un sistema amateur”, explica el guía.

A poco andar, se aprecian las banderas originales que llevaron los campeones olímpicos. En una foto en la pared, José Nasazzi, “el más grande capitán de toda la historia de las selecciones uruguayas”, según Cal, lleva el pabellón nacional con orgullo; a su lado camina, portando una segunda enseña de la patria, Andrés Mazali, quien era arquero de aquella escuadra. Personaje extraordinario, si los hay. Además de atajar, estaba a cargo de la preparación física del equipo. “Era un deportista completo: jugaba al fútbol en Nacional; al básquetbol en Olimpia; y además era campeón de atletismo”, sentencia quien conduce la visita.

Acto seguido, se detienen ante un exhibidor que contiene unos zapatones con punta de fierro y unos rústicos tapones claveteados en la suela. Vistos con ojos del siglo XXI, más parecen haber sido fabricados para un trabajo rudo que con el fin de jugar la máxima competencia mundial. Con ellos hizo José Vidal, frente a Yugoslavia, el primer gol uruguayo en Juegos Olímpicos. “¡Qué contraste con el fino diseño de los del Loco Abreu, que, además, están personalizados!”, valora el periodista –que, a la entrada, en la planta baja, vio los que calzara el minuano–. Pocos pasos más adelante, cuando ve la pelota con la que se jugaba entonces (un bloque de cuero crudo que mucho tiene de roca), le parece comprender la necesidad de usar aquel calzado para patearla.

Desde la foto, un moreno de estampa viril, con el esbozo de una sonrisa canchera curvándole apenas los gruesos labios y peinado a la gomina, mira a los visitantes. “José Leandro Andrade. El único jugador uruguayo elegido por la FIFA para estar en su Salón de la Fama hasta el día de hoy”, informa Cal. El hecho –se dice el periodista–, amén del significado simbólico más evidente que tiene para el fútbol nacional, también da cuenta del aporte que, desde sus inicios, han hecho los afrodescendientes.

El recorrido continúa. Aquel 9 de junio de 1924, en que los celestes ganaron 3-0 la final contra Suiza, quedaría inscrito en la historia del fútbol uruguayo, pero también sería un orgullo para todo el continente. “En honor a que era la primera vez que un equipo de América del Sur ganaba la medalla de oro olímpica, se instituyó que en esa fecha se celebrara el día del fútbol sudamericano”, narró Cal.

Lo que poca gente conoce es el origen de aquella hazaña fundacional, que el guía detalla para los admirados oídos del periodista: “En el Sudamericano de 1923, el doctor Atilio Narancio, un dirigente, les dijo a los jugadores: ‘Si ganan este campeonato, el año que viene los llevo a competir a los Juegos Olímpicos’. Ganaron y él tuvo que hipotecar sus bienes para pagar los pasajes de la delegación”.

Recorridos unos metros, han viajado cuatro años. Así arriban a Ámsterdam, la segunda conquista olímpica, que daría nombre a otra tribuna del Centenario. Cal le llama la atención al periodista sobre un detalle que pudiera pasar inadvertido: en las fotos, Mazali, quien también cuidó el arco celeste en esta competencia, tiene rodilleras pero no lleva guantes. “En Uruguay, los arqueros recién empezaron a ponerse guantes en los años sesenta. Incluso estaba mal visto que un golero los usara, porque se lo tomaba como señal de debilidad”, historia y luego, entre risas, añade: “A pesar de que usted vio cómo eran las pelotas por entonces, el arquero, por orgullo, ¡atajaba a mano limpia!”. De inmediato, señala otro hecho increíble para una sensibilidad actual. Acostumbrados a la inmediatez absoluta de la llegada de la información, como estamos, vivir desde Montevideo la segunda final que se jugó en aquellos Juegos Olímpicos contra Argentina (la primera, con alargue incluido, terminó en empate y no existía la definición por penales) hubiera sido un calvario. En efecto, una foto muestra una multitud reunida en la Plaza Independencia, sobre la que Cal apostilla: “La única manera de enterarse de los resultados de los partidos era ir a las redacciones de los diarios. Allí los periodistas recibían la información por telegrama y, a medida que iban llegando, anotaban en un pizarrón tanto las incidencias del juego como los goles; o se le anunciaba al público lo que sucedía a través de altoparlantes”.

Otro salto en el tiempo. 1930. “Aquí tenemos el primer Mundial de fútbol. Se jugó en una sola ciudad: Montevideo, en tres canchas. Dos de ellas las conocemos porque todavía están: el Estadio Centenario y el Gran Parque Central, de Nacional; y una tercera, que cuando usted va por la calle Coronel Alegre y Charrúa puede ver en la vereda una placa que dice: ‘En busca del arco perdido’ porque allí estaba uno de los arcos de la vieja cancha de Peñarol, en Pocitos”, cuenta el guía. En ese estadio, Lucien Laurent hizo el primer gol de la historia de los mundiales, en el partido que su país, Francia, le ganó a México 4-1.

En las fotos de los goles uruguayos de la final de aquel campeonato se puede apreciar que los palos de los arcos eran cuadrados y de madera “a diferencia de los de hoy, que son de metal y cilíndricos”, hace notar Cal, antes de señalarle al periodista un llamativo detalle que el ojo inadvertido no podría captar sin la ayuda del experto: “Jugaron el primer tiempo con pelota argentina y el segundo con pelota uruguaya. Como no se pusieron de acuerdo, el árbitro hizo jugar un tiempo con cada pelota”.

Acto seguido, señalando la foto del arquitecto Juan Antonio Scasso, destaca: “Aquí está quien proyectó y llevó a cabo, en ocho meses, de noviembre de 1929 a julio de 1930, el Estadio Centenario, único en el mundo que tiene el título otorgado por la FIFA de Monumento Histórico del Fútbol Mundial”. El periodista hace un comentario admirativo y su acompañante agrega nuevos y llamativos detalles: “La Torre de los Homenajes del Estadio se construyó en honor a los campeones olímpicos y tiene nueve balcones, por las nueve franjas de la bandera uruguaya; su parte inferior representa las alas del avión y la proa del barco en que viajaron. Originariamente, sobre esta última, llevaba una estatua de José Luis Zorrilla de San Martín que nunca se colocó, no se sabe bien por qué. En julio del año 1929, en la parte inferior de la torre se colocó la piedra fundamental, que fue hallada cuando se estaba excavando para colocar el ascensor que actualmente lleva a un muy visitado mirador. Hoy se exhibe en la planta baja del museo”, concluye Cal.

 

El Museo del Fútbol abre de lunes a viernes de 10 a 17 horas.

 

 

 

VISIONARIOS

 

Es sabido que en fútbol, si bien lo más importante ocurre en la cancha, hay hechos tan significativos como los partidos, campeonatos y copas que se hayan ganado: los que generan los dirigentes. Al fondo de la planta alta del museo hay una imponente puerta de madera. Se trata de la que daba entrada a la antigua Asociación Uruguaya de Fútbol, que estaba ubicada en la calle 18 de Julio 1528, entre Vázquez y Tacuarembó. Una vez que el visitante la “atraviesa” simbólicamente, se encuentra en un espacio que, según Milton Romano, “recrea con rigurosidad histórica la vieja Asamblea de Clubes de la AUF, con el mobiliario de la época ubicado tal y como estaba entonces”.

Merced a los saltos espacio-temporales que posibilita la magia de un diseño museístico bien planificado, el visitante puede ver, a pocos metros de allí, el mobiliario que se utilizó en la primera reunión de la Confederación Sudamericana de Fútbol, institución que se creó, en Montevideo, en el año 1916, a instancias del visionario dirigente uruguayo don Héctor Rivadavia Gómez.

 

 

 

VISITANTES

 

“Al principio, venían más extranjeros que nacionales. Pero, a lo largo de los años se ha ido equilibrando”, afirma Mario Romano, antes de agregar que trabaja activamente con el turismo deportivo, con los cruceros. “La reacción de los turistas es por lo general de sorpresa, porque pareciera que esperasen menos de lo que encuentran. Se van deslumbrados. Incluso la ministra de Turismo, Liliam Kechichián, ha manifestado que uno de los paseos más requeridos por los turistas es, precisamente, el Museo del Fútbol”, informa.

Acto seguido, Romano sostiene: “La gran temática del fútbol atrae cada año a más visitantes”. Y comenta con orgullo que su número anual, en la actualidad, se encuentra por encima de las sesenta mil personas, sin contar todos los grupos de escolares que –a razón de tres o cuatro por día– lo visitan en forma gratuita; al igual que grupos de estudiantes de UTU y Secundaria, así como grupos organizados, entre otros, por el Ministerio de Turismo, del Ministerio del Interior, el INAU e intendencias departamentales. Esto ha generado una gran fidelización de estas personas con el estadio y el museo.

 

 

DE TODOS LOS URUGUAYOS

 

“Nos quedó claro que la historia del fútbol les pertenece a todos los uruguayos que habitan a lo largo y ancho de la república”, enfatiza el director del museo. “Empezamos a salir, motu proprio, con una exposición itinerante que se lleva a todos los lugares del interior donde es convocada. Este mecanismo se ha perfeccionado en cuanto al uso de la tecnología y está muy bien aceitado. En cada una de esas visitas a intendencias, ligas de fútbol y clubes sociales se ha generado una verdadera acción de impacto cultural y social. Siempre ocurren dos cosas: primero, se acercan las ligas, los clubes de fútbol, los historiadores locales, los periodistas, la intendencia, entre otros muchos; y, segundo, vamos con la idea de aportar pero es muchísimo más lo que nos traemos: historias y elementos nuevos que aumentan nuestro conocimiento sobre el fútbol; tanto, que esta experiencia ha sido fundamental para nosotros”, relata.

 

 

MUSEO ACCESIBLE

 

Romano reconoce que durante un tiempo el museo tuvo algunas carencias. Una de ellas en especial lo desvelaba: la accesibilidad. Quería habilitar la posibilidad de que las personas con capacidades diferentes o de edad avanzada que tuviesen afectada su movilidad pudieran visitar la planta alta, a la que sólo se accedía por escalera. Así las cosas, se entendió necesario construir, y se llevó a cabo, un ascensor ideado con las características que requieren aquellas personas.

 

 

LUGAR DE CULTURA

 

El director del museo recibió a Túnel en el momento en que termina la presentación de un libro, confirmación contundente de lo que le explica al periodista: “Está construido, pensado y gestionado para transformarse en un fenómeno cultural. Da cabida a todas las manifestaciones artísticas, sobre la base de que el fútbol tiene que ver decisivamente con la identidad del pueblo uruguayo. Por acá pasan: el teatro, la murga, la literatura, la escultura, la pintura. En sus instalaciones se suceden las exposiciones itinerantes, en la primera planta; y las presentaciones de libros, eventos, seminarios y charlas en el auditorio, que tiene capacidad para medio centenar de personas”.

 

 

LA HISTORIA DEL FÚTBOL Y ALGO MÁS

 

Al doctor Mario Romano lo apasiona hablar sobre el Museo del Fútbol. Con amena claridad, y en apretada síntesis, relató para Túnel la historia del sitio que dirige.

“La idea del Museo del Fútbol comenzó en la década del sesenta, cuando varios dirigentes se reunieron para concebir cómo sería en el futuro. Si bien en ese momento no lograron su propósito, sí dejaron una especie de comisión y un estatuto que reflejaba sus ideas.

“Ya en la década del setenta, el museo se inaugura, aunque no con una forma museística terminada. Era más bien una exposición que seguía una línea del tiempo. Fue algo muy bueno este intento. Tenía la curiosidad de que, como la época lo permitía, se visitaba los días de partido. Así que se publicitaba que la gente viniera un rato antes o se quedase un rato después para visitarlo.

”A partir de entonces surgieron algunas ideas para terminar de definir cómo debía ser el Museo del Fútbol. Hay que agradecerle a muchas personas que, durante el período en que el museo no funcionó al público, fueron agrupando y guardando un sinfín de materiales que posteriormente darían lugar a la realidad que vemos hoy. Entre estas figuras cabe destacar a Marne Rodríguez, Juan Capelán y el arquitecto Juan Deal.

”Luego de innúmeras tratativas y con el apoyo del Ministerio de Turismo de la época y la Asociación Uruguaya de Fútbol –que es su propietaria–, el museo se reinauguró en 2004, no tal cual como está ahora, porque fue mejorando a lo largo de los años.

”En la actualidad, consta de una gran planta baja donde existe un lugar de exposiciones transitorias, que cambian mensualmente. Allí, hacia uno de los laterales, se abre el llamado Corredor Olímpico, en el que tienen cabida todos los deportes. En él se pueden ver algunos hitos del deporte olímpico uruguayo, tales como los equipos de básquetbol que concurrieron a las Juegos Olímpicos; los remos de Eduardo Risso, medalla de plata en Londres 1948; la bicicleta del Atilio François; unos guantes autografiados por Dogomar Martínez, quien también estuvo en los juegos de Londres 1948, y Washington Cuerito Rodríguez, medalla de bronce en Tokio 1964.

”El primer piso es la sala de exposición permanente. Allí queda claro que la idea fuerza del museo es ser el acervo histórico; no hace hincapié en lo tecnológico, sino que se basa en rescatar la historia que puede mostrarse a través de objetos.

Por otro lado, la biblioteca del museo desarrolla el estudio y la investigación acerca del más popular de los deportes. En ella se pueden consultar, previa acreditación, los muchos documentos que atesora”.