FÚTBOL E IDENTIDAD

NACE UN HINCHA

Por Luis Morales

 

Yo soy del Villa. Desde que papá me regaló la bandera y la camiseta. Ese día me dijo: “Hoy subimos. Así que vamos juntos a la cancha”. Mi madre, que estaba preparando la comida, se asomó por la puerta de la cocina y le preguntó: “¿Te parece, con el tiempo como está?” y lo miró igual que me mira a mí cuando vamos por la calle y quiere que le haga caso. Mi padre le contestó: “Lo abrigo bien y llevo el paraguas, pero hoy no podemos fallarle al Villa”. Nunca había entrado a la cancha. Algunos sábados sentía los gritos y los cantos de la hinchada desde mi casa, que está a dos cuadras de aquí. Así que estaba muy nervioso, igual que hoy. Las tribunas estaban llenas. Todos gritamos mucho y saltamos como locos cuando hicimos el gol. Y al final del partido, a papá le chorreaban lágrimas por la cara. Le pregunté por qué lloraba. Él se rió y me dijo que era la alegría.

Después no volvimos a venir. Hasta hoy. Cuando terminamos de almorzar, papá me puso la camiseta y me dio la bandera. Justo cuando salíamos, nos alcanzó mamá. “El viento está helado, sin campera no podés ir, y levantate la capucha”, me dijo, antes de despedirme con un beso. En la puerta de la cancha nos encontramos con el tío Roberto. Se abrazaron con papá y él dijo: “¡Casi diez años esperando, pero volvimos a primera!”, y los dos se daban palmadas en la espalda.

Desde acá arriba veo a los jugadores; a la hinchada contraria; y a la nuestra. Allá, entre las banderas rojas y amarillas, anda mi primo, el Jonathan. A él, como es más grande, a veces lo dejan tocar el bombo. Y enfrente, del otro lado del paredón, arriba del techo, están los vecinos de la vuelta de casa. Cada vez que juega el Villa, ponen la bandera y gritan como si estuvieran acá adentro. Una vez invitaron a papá, pero él les respondió que vive mejor los partidos pegado al alambrado.

A mí me gusta ver a los jugadores corriendo detrás de la pelota. Pero a veces me distraigo. Quizá por eso papá me advirtió: “Atendé al partido. ¡Hoy es un día histórico y lo vas a recordar para toda la vida!”. Entonces yo le pregunté qué era “histórico”, y él largó una carcajada y me contestó: “Quiere decir: ‘muy importante’, ya vas a entender cuando seas más grande”. Pero yo sé lo que es “muy importante”, por eso estoy con los ojos bien abiertos y trato de no perderme ningún detalle de lo que pasa a mi alrededor.

Terminó el partido. Los jugadores caminan rumbo al portón. De este lado del alambrado, papá se apresura hacia el lugar por donde van saliendo. Pasan entre la gente. Están tristes, y algunos tienen cara de enojados. Papá les grita: “¡No importa muchachos! ¡Bien igual! Vamo’arriba el Villa!”, y yo repito, con todas mis fuerzas: “¡Vamo’arriba el Villa!”.

 

 

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