EDGARDO BARBOSA:

EL DEPORTÓLOGO DE LA CELESTE

"NADA SE DEJA AL AZAR"

Por José López Mercao

 

La noción de “proceso” asociada a la selección uruguaya no sólo está vinculada a la continuidad del maestro Tabárez, sino a un trabajo colectivo que involucra a diversas disciplinas. La medicina deportiva es una de ellas y sobre su función dialogamos con el doctor Edgardo Barbosa, médico deportólogo y asistente del jefe del Departamento Técnico de la celeste, el doctor Alberto Pan.

 

Recapitular la trayectoria profesional del doctor Barbosa insumiría mucho espacio. En marzo de 2006 fue confirmado en su cargo por Óscar Tabárez y trabaja en el Complejo Celeste hasta el día de hoy. Lejos en el tiempo quedó su graduación como médico deportivo y cardiólogo en 1986, la experiencia en Brasil junto al doctor Eduardo Henrique de Roses, encargado del control antidoping en Río 2016 y en los Juegos Panamericanos de Toronto. En Brasil amplió el espectro de lo aprendido a nivel local, difundiéndolo en los tres institutos superiores de Educación Física (ISEF) de Uruguay. Lo aprendido e incorporado en materia de fisiología del ejercicio, en evaluaciones físicas, en bioquímica y biofísica del deporte comenzó a materializarse en su vinculación con la selección mayor en 1997, colaborando a su vez con la selección Sub 20 en Malasia. En 1999 hizo su segunda incursión como jefe del Departamento de Deportología en la selección mayor. Es en ese período en el que desarrolló la técnica de control bioquímico del entrenamiento, la que sigue aplicando no sólo en la selección mayor sino en equipos locales. Fue decisivo para la incorporación de esta metodología lo asimilado en el Centro de Alto Rendimiento de Cerro Pelado, en Cuba, donde estuvo en 1999.

La tarea del médico deportólogo es evaluativa y se extiende a todas las categorías que componen la selección. No sólo se trata de aplicar al fútbol la fisiología del ejercicio, sino también de decodificar los términos técnicos para ponerlos al alcance del Departamento Técnico, de los entrenadores y de los propios jugadores.

El fundamento de este trabajo es el control bioquímico del estado del deportista a través de análisis de sangre, donde las diez variables encontradas en la urea señalan la fatiga acumulada por el jugador. A nivel de la selección mayor, hay que constatar el estado en que se recibe al jugador, que viene de un medio altamente competitivo, a lo que debe sumarse la fatiga del viaje. Luego es preciso constatar las condiciones en las que se lo devuelve a su club de origen.

 

La urea como universo

“Es un trabajo de alta precisión –expresa Barbosa–, ya que el jugador al que le da mal la urea exige un entrenamiento y una dieta diferenciada. Otra modalidad de detección la aporta la enzima creatinquinasa (CK), que está en el citoplasma de la fibra muscular. Mide la intensidad del entrenamiento y permite detectar una lesión antes de que aparezca en la ecografía de partes blandas. El problema que tiene esta técnica es que puede llevar a confusiones, particularmente en los deportes de contacto, en los que hay abundancia de hematomas que pueden ser mal interpretados. En Europa se la está abandonando para los deportes de contacto”.

El análisis de urea es más confiable y a través de él se pueden analizar diecisiete o dieciocho variables. Nosotros, por razones de costo, las limitamos a diez. A través de un aparato computarizado podemos realizar hemogramas, funcionales hepáticos y renales y detectar otras variables”.

 

¿Han recibido jugadores con anomalías?

Las que tienen que ver con fatiga son comunes, pero en ocasiones aparecen otros problemas, como los renales, debidos al consumo de suplementos inadecuados. Pero además hay que estar atentos a otros indicadores, como el perfil tiroideo, la testosterona y el cortisol, por ejemplo.

 

¿Qué tratamiento se da al jugador con esos datos?

Hay que tener en cuenta que esos análisis se hacen antes y después de los partidos de la selección. Después de estos hay jugadores que necesitan masajes profundos, suplementación con distintas sustancias, aplicación de frío, baños de contraste, es decir, medidas para que se recupere más rápido, sobre todo cuando los ciclos entre competencia y competencia son cortos. Hay que tener en cuenta que el control bioquímico es sólo uno de los elementos de un análisis más exhaustivo, que incluye, por ejemplo, el estudio de los materiales de Match-Análisis, a cargo de una empresa argentina, donde se mide el recorrido de cada jugador, las distancias, la velocidad y otras variables. Todo ello se complementa con el análisis técnico que nos brinda la empresa de análisis Kizanaro. Es decir, que nada se deja al azar.

 

¿Cómo se logra estar actualizado en un entorno en el que los requerimientos de la alta competencia se incrementan permanentemente?

No tenemos superabundancia de recursos, pero eso se contrarresta con el desarrollo de las comunicaciones, que nos permite estar al día en todos los aspectos. Por ejemplo, siempre pusimos énfasis en el desafío que implica jugar en la altura, pero últimamente el tema del calor ha sido excluyente en la deportología. En Barranquilla utilizamos ciertos suplementos que le encargué a [Christian] Stuani. Son comprimidos que disueltos en agua aportan vitamina C, sodio, potasio y otros elementos. Ahora bien, una cosa es el suplemento en sí y otra es la disposición del plantel a utilizarlo correctamente, y los jugadores respondieron de manera ejemplar. El resultado está a la vista: nos trajimos un punto de Barranquilla, cuando la última vez que competimos allí nos vinimos con cuatro goles. Previamente estuve en contacto con el número uno en la deportología futbolística a nivel mundial, Sebastián Racinais, que trabaja en el Hospital Aspeter, de Doha, el principal del mundo en la materia. Lo había consultado en 2014, cuando debimos jugar en el nordeste brasileño. Entonces me hizo un bosquejo de lo que había que hacer para adaptarse al calor, lo que me repitió y actualizó antes de ir a Colombia.

 

¿En qué medida incide la disciplina y motivación del grupo en estos temas?

Fui deportólogo de tres selecciones y parte del proceso desde sus orígenes. En el 97 el plantel no era homogéneo. Había grupos… no había proceso ni nada que se le pareciera. El gran artífice del cambio fue el maestro, que respetó al jugador, que inculcó un espíritu de grupo, que le brindó mejoras en el Complejo –donde no tiramos manteca al techo– y generó este equipo al que hoy los resultados lo acompañan. Lo principal es que sean buenos jugadores y también buenas personas, lo que también es un mérito de Tabárez. El trabajo de prehidratación que hicimos para el partido con Colombia involucró a todo el grupo, que participó en la preparación de los insumos, realizando trabajos que no le corresponderían a un jugador de fútbol.

 

Llama la atención que jugadores que vienen de clubes poderosos se ponen la celeste y juegan con mayor intensidad que en sus instituciones ¿A qué se debe esto?

Esa pregunta me retrotrae a 2005, a mis inicios con la selección. Fuimos con la Sub 15 que dirigía Ángel Castelnoble a Argentina y le oí decir al Pato Fillol, que dirigía la Sub 15 argentina: “Estoy preocupado, porque de Argentina no van a salir jugadores como hasta ahora”. Creí que me estaba tomando el pelo, porque yo era un profundo admirador del fútbol argentino. Pero hoy podemos ver los problemas que tiene la selección argentina y a la vez ver que esta selección nuestra tiene atributos parecidos a aquella que les envidiaba.

Me contaba [Edinson] Cavani que cuando van a Qatar con el PSG se alojan en una academia, a la que fue la Sub 20 uruguaya recientemente y donde entrena la selección catarí. Tiene lo último de lo último y de yapa, cuando salen, les extienden una alfombra roja. Edi me cuenta eso y yo me pregunto: ¿Cómo viene de ese mundo y se la juega acá? No sé. Hay una parte de la película que me pierdo.

 

A propósito de “ese mundo”. ¿Cómo incide en el desarrollo físico y futbolístico de los muchachos?

Decisivamente. Nadie puede negar que Luis Suárez es un monstruo, pero estando en el Barcelona mejoró enormemente. El gol que hizo en Barranquilla es obra y gracia de un medio muy exigente. No sólo mejoró pegándole a la pelota, sino en las asistencias, en el manejo. Tanto Luis, como Cavani y el Pelado [Martín] Cáceres jugaron juntos en la Sub 20. Los tres se desarrollaron físicamente de manera notable en Europa, particularmente Cavani, lo que me llevó a replantearme el concepto de que el crecimiento termina a los veintiún años. Ellos siguen desarrollando su físico. A los veinte años, Cavani sufría de enormes problemas con la suplementación para que ganara en peso y desarrollara la masa muscular. Sin embargo, en Europa logró lo que aquí seguramente no habría podido.

 

Doctor, usted monitorea el desarrollo del jugador desde las divisionales inferiores a la selección mayor. ¿Qué continuidad existe en esa trayectoria que comienza en etapas muy tempranas?

Nosotros hacemos exámenes a niños preséptima, nos preocupamos por su desarrollo biofísico, tratamos de aportarles suplementos, pero la realidad es que en 2005 evalué a 71 jugadores y ninguno llegó a la selección mayor. Sólo uno llegó a Sub 15, luego a Sub 17 y a Sub 20, pero no a la mayor. Después de esa generación, que era la noventa, llegaron Abel Hernández, que explotó en Sub 20; Coates, que fue Sub 17 y Sub 20, pero no Sub 15, y Gastón Ramírez, que no fue ni Sub 15 ni Sub 17.

 

¿Cómo se logra el disciplinamiento de gurises tan jóvenes?

Es difícil. En la mayor este tema está a cargo del cuerpo técnico, pero podemos dar fe de la prédica que se hace desde que entra como Sub 15 a través de un equipo que incluye dos psicólogas. Allí se predican valores, pero no a todos les llegan por igual. Hay que contrarrestar en el Complejo, en pocas horas, el lastre que se trae de una vida en sectores humildes. A esa edad podemos pedirles que presenten una fotocopia del certificado de estudios, ir a hablar con los adscriptos, buscarles soluciones, pero a medida que van creciendo aparecen los representantes y la relación pasa a ser otra. Crecen económicamente, acceden a otros bienes de consumo que nunca hubieran imaginado y a veces la elección que hacen es equivocada. Pero existe otro tema aún más profundo. A un buen porcentaje de los gurises que me llegan les detecto anemia. Desde la raya de cal los incitan a que corran, que dejen el alma en la cancha. Y a mí, que chequeé a esos gurises, que sé que en el hemograma les salió un porcentaje de glóbulos rojos menor al que tiene una mujer menstruando, eso me duele. Pero en definitiva, ese es un problema que excede lo estrictamente futbolístico.

 

 

LA IRRUPCIÓN DE BRASIL

 

Respecto al momento en el que la medicina deportiva comienza a ser decisiva en la preparación de los equipos, Barbosa no tiene dudas: “En América Latina al menos, el momento decisivo fue el año 1986, en Brasil. Y es curioso, porque en ese momento Brasil vivía muchas dificultades. Sarney había implementado el plan cruzado, la inflación se había disparado pero en materia de medicina deportiva andaban volando. Promovieron gente joven y generaron una fuerte infraestructura. Desarrollaron sistemas de entrenamiento basados en el principio de que para el deporte de alta competencia, el sistema inmune debe estar impecable.

Todo esto se potenció con otra revolución, la de las tecnologías de la comunicación, que permitieron que las innovaciones estuvieran disponibles y que, por ejemplo ahora, estemos trabajando con los fisiólogos del Arsenal, del PSG, del Chelsea, del Barcelona, del Paris Saint Germain… Todo eso nos permite estar actualizados y seguir las investigaciones que se realizan en el mundo. Ahora se está desarrollando el área de la neurociencia y se ha descubierto que el deportista de elite suele tener un cerebro diferente al común, con mayor número de neuronas y una interacción compleja entre ellas, proceso que se puede estimular. Al mismo tiempo, el aspecto nutricional es un inmenso capítulo que se abre y que nos puede llevar a conclusiones insospechadas”.

 

 

 

DOPAJE: CORRIENDO DE ATRÁS

 

“En materia de técnicas antidoping me formé con el doctor Pedro Larroque, que estuvo presente en los Juegos Olímpicos de Seúl, cuando se constató el dopaje de Ben Johnson.

Larroque me inculcó principios éticos, pero también me dejó claro que las técnicas de detección del dopaje iban cuatro años atrás del desarrollo de drogas cada vez más sofisticadas para que pasen desapercibidas. Ya en 1988 él me decía que las máquinas de control son capaces de detectar una gota de una sustancia programada en una piscina. Pero los detectores registran diez sustancias (constantemente renovadas) y de antemano se sabía que para los Juegos Olímpicos de 2016 ya se habían programado sustancias indetectables por los métodos utilizados. Ya para los Juegos Olímpicos de 2012 se tomó la decisión de congelar muestras de sangre, las que se conservan durante siete años. Si en ese período se logra detectar una sustancia dopante, se quita la medalla en forma retroactiva.

En lo que a nuestro trabajo se refiere, debemos tener muchas precauciones con lo que el deportista consume, controlar otros aspectos, como los insumos que adquirimos, dónde y a quién se los compramos y cómo los suministramos. El diseño de esa estrategia nos ha dado buenos resultados”.

 

 

 

EL FÚTBOL Y LAS ETNIAS

 

“Hay variables que superan mi capacidad de entendimiento –expresa Barbosa–, por ejemplo que la gran mayoría de los jugadores que llegan a la selección mayor hayan nacido en el primer semestre del año”.

Yo replico en tono de broma: “O que los grandes equipos uruguayos hayan tenido en su plantilla dos o tres negros, ni menos ni más”.

Barbosa replica: “Eso no es ninguna broma. Nos lleva a un tema de actualidad, como es la exuberancia física que tienen los africanos. Los grandes jugadores negros que brillaron en Uruguay, en general lo hicieron por su excelencia técnica y no por su exuberancia física. Eso tiene que ver con el hecho de que para los esclavistas, el mercado nuestro era relativamente marginal. Las etnias que aportaban biotipos más adaptados al trabajo duro en los ingenios eran derivadas al norte.

No es casual tampoco que hoy el negocio de las transferencias en Europa tenga el ojo puesto en determinados países que se repiten en finales y semifinales, como Camerún, Sierra Leona, Nigeria…Tengo la impresión de que además de otros factores –como la deriva migratoria– pesa el hecho de que existen etnias que proveen personas con muy buenas condiciones atléticas, y otras que no tanto. Tal vez haya sido una percepción subjetiva, pero cuando jugamos contra Sudáfrica en el Mundial de 2010, en el túnel yo no vi tipos físicos como por ejemplo el de un Caicedo, que por suerte no juega contra nosotros por doble amarilla. Todavía no me explico cómo les ganamos de atrás en Quito. Tienen una montaña de músculos y me consta que algunos países del continente están promoviendo el deporte en zonas donde predominan afrodescendientes con contexturas físicas exuberantes, como lo está haciendo Ecuador en algunas zonas, entre ellas la de Esmeraldas”.