Sí, LA VERDAD QUE SÍ

Por Ignacio Alcuri

 

Era inconcebible que el Montevideo Shipping Co. bajara a la B el año de su centenario, el primer centenario que celebraba un equipo de fútbol uruguayo. Pero el campeonato pasado había sido nefasto y los puntos arrastrados se contaban con los dedos de una mano del Turco Jamed, que era carpintero y alcohólico.

Los dirigentes de los demás clubes, en un gesto inédito que habría sido noticia en todo el mundo si en 1974 los diarios hubieran llenado sus páginas con pelotudeces como ahora, modificaron el reglamento para devolverle dignidad a una institución castigada por las penurias económicas y las decisiones de un presidente que no paraba de lastimarse por cortar madera en pedo.

“Otórguense diez puntos al comienzo de la competencia al cuadro decano”, decía el artículo agregado por unanimidad. El Shipping terminó octavo, no perdió la categoría y todos contentos.

Hasta que llegó el torneo siguiente y los dirigentes del equipo beneficiado

descubrieron que podían reclamar otros diez puntos, ya que el texto en ninguna parte decía que el beneficio era por una única vez. Presentaron un escrito ante el tribunal correspondiente y hubo que aceptar el pedido debido a la pésima redacción del artículo.

Ya no había forma de sacarles esos puntos (ni forma de que salieran

campeones con los dos muertos de frío que tenían por delanteros), lo que no impidió la realización de una Asamblea General con el objetivo de reparar el reglamento de cara al año siguiente.

Apenas se necesitaba una mayoría simple para exterminar al artículo de la polémica y no se obtuvo, para sorpresa de los periodistas y las instituciones que perdieron la votación. Ocho equipos, además del famoso Shipping, creyeron tener evidencia suficiente como para demostrar el decanato, lo que les aseguraría la famosa ventaja al comenzar cada torneo, a perpetuidad.

Fue así que durante los siguientes años se habló muy poco de fútbol y mucho de actas fundacionales, fusiones sociales y toda clase de documentos del siglo XIX en donde la talabartería X saludaba al grupo de amigos Y que (“sin lugar a ningún tipo de duda”) luego se transformaría en el club Z. Las canciones y las cargadas dejaron de hablar de logros deportivos y se centraron únicamente en decir que ellos y no los otros fueron los que tuvieron antes la idea de correr atrás del esférico espejito de color que trajeron los ingleses.

Un día el campeonato cambió, para acomodarse a los deseos de la televisión, y se votó un nuevo reglamento desde cero, pensado para eliminar toda ventaja extradeportiva excepto las que siempre tuvieron los equipos de mayor convocatoria. Los diez puntos pasaron al olvido pero era demasiado tarde: las hinchadas se habían obsesionado con eso de pelearse por quién era más viejo, aunque se tratara de una discusión que ya carecía por completo de sentido.

 

 

 

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