QUESO RUSO

Por Agustín Lucas

 

“Fijate de que lado de la mecha te encontrás,

con tanto humo el bello fiero fuego no se ve…”

 PR

 

Alguna vez allá en el tiempo alguien ligó la palabra revolución con la palabra ternura. No es tan allá en el tiempo como parece. Nos servimos de frases para figurar la lucha. Necesitamos ídolos. Idolatramos a nuestros próceres por sus cruzadas libertadoras, y sentenciamos a nuestros futbolistas por una borrachera o un exceso en la verbalidad. Hay quienes no son ni ídolos, ni próceres, sólo están ahí como maestros. O como hermanos. Quizás ya no hay próceres pero hay redes sociales. Y los éxodos cortan la calle, y frenan tránsitos cuyo humo no huele tan solo a combustible. Pero la ternura que nunca se pierda.

El Indio Solari dijo “primero socializar, después penalizar” y llamó a pensar en el proyecto macrista de bajar la edad de imputabilidad. Al rato dijo que “todo preso es político”. ¿Y qué tiene que ver el Indio Solari en todo esto? Quizás la ternura. Quizás la revolución. Porque pronunciar frente a las 300.000 mil personas del pogo más grande del mundo, que podría -y puede, hasta quizás debe- ser el último, esas líneas de pensamiento, es una penúltima jugada revolucionaria, en un recital que hedió a ocaso, para siempre en la eternidad. Llevó el talento, la magia, y como un predicador se permitió en la influencia, una grieta de luz para el otro. Un espacio para el pensamiento. No solo hacer brillar amores. Ni esto ni el resto de lo que pasó  tienen nada que ver con el fútbol, ¿o sí? El amarillo de la prensa, la deformación impune de los hechos, la generación de una persecuta continental jugando a matar gente como en un videojuego, se parecen bastante al mundillo del fútbol. La noción de avalancha también se parece. Y la noción de exceso. Los centinelas de traje y corbata que juegan al serio, al intelectual, los Poncio Pilatos del nuevo milenio, también se parecen. A veces, hasta son los mismos. ¿Somos unos anormales entonces? ¿Quiénes, “la gente”?

 La coyuntura es el movimiento. El pensamiento, la fiesta, y el movimiento. Mientras, el trabajo. A veces los proyectos. Casi nunca la guita. Cada tanto la poesía, casi siempre sin darnos cuenta, a veces en canciones que son como los colores, por cantantes que son como jugadores. No sé qué tiene que ver el Rock, quizás es que hay algo que me gusta aún más.

Las hinchadas del rock y del fútbol también se parecen. Y si no preguntemos a los tatuajes y a las banderas. A los cueros al viento agitando mástiles. A los championes heridos. A los caídos sociales. Y a los refranes eternos de un verso que alguien escribió en el desborde de un vino. A las letras góticas con verdades que sentencian lo inexplicable. Y si no hay amor que no haya rock entonces, y que tampoco haya fútbol.

 

Tener en cuenta al amor nos da más chance de entenderlo todo. Vislumbrar cambiar el mundo es un éxtasis, pero la fortuna está en el diálogo. Y en las pequeñas revoluciones del barrio. De la casa, del cuarto, de la cama. Del laburo y de la cancha. Y del movimiento. La participación es fundamental. Callar debería ser una opción y no un estado. Decir debería ser un derecho y equivocarse el click de la tolerancia. Cantar una forma de hablar y dormir un ritual. Comer una pausa y delirar una posibilidad. Y sin embargo seguiremos discutiendo si es 442 o 433 cuando en realidad es lo mismo o una está en la otra y al revés. Y le pegaremos de zurda o de derecha (en política pegarle con las dos es una epidemia no una virtud). Y la violencia estará en nuestras reacciones. Y discutiremos sobre rock y sobre revolución. Sobre conservadurismo y libertinaje. Y sobre fútbol, claro. Una vez escuché que la revolución más difícil es la de los afectos. Pero que la ternura nunca se pierda.