FABIÁN COITO: FORMADOR, ENTRENADOR Y ESTRATEGA

UN CAMPEÓN ES PARA SIEMPRE

Por Juan Aldecoa

 

“Estaba mirando el partido, por la importancia y la magnitud del evento, y porque me encantaba mirar a la selección juvenil. Uruguay tenía la gran chance de conquistar el evento y al final lo hizo”. Esa frase podría ser de cualquier futbolero, pero es de Fabián Coito, el entrenador de la selección sub 20 de Uruguay. El testimonio pertenece a una entrevista que fue publicada en La Diaria el lunes 28 de julio de 2014, seis meses antes de la primera experiencia de Coito como director técnico de la categoría sub 20 y como previa del Campeonato Sudamericano que organizó Uruguay entre enero y febrero de 2015, en Maldonado, Colonia y Montevideo, y que posicionó a la celeste en el tercer lugar del certamen. La pregunta que antecedió la respuesta que le da comienzo a esta nota fue: “¿Te acordás qué estabas haciendo el 8 de marzo de 1981? Ese día Uruguay ganó su último Sudamericano sub 20”. Él lo recordaba. Tenía catorce años recién cumplidos y ni se imaginaba que tendría la chance de dar la vuelta olímpica con Uruguay como entrenador de esa categoría tan laureada. Desde ese torneo de 1981 la selección no volvió a festejar un título.

Hasta este 2017, pasaron 36 años y Uruguay levantó la copa unos días antes del cumpleaños número 50 de Fabián Coito.

 

 

Cumpliste diez años dentro del proceso de selecciones nacionales. El objetivo que buscaste siempre fue formar juveniles y clasificar a los mundiales, ¿cómo se encara este nuevo desafío de afrontar un Mundial pero con el logro deportivo del título sudamericano? ¿Cambia en algo?

Todo cambia. Todos los grupos son diferentes. Los objetivos macro siguen siendo los mismos: jugamos un torneo y vamos a ver si podemos clasificar al Mundial, luego ver si podemos ganarlo y si no se puede ganar nos conformamos con la experiencia y el crecimiento. Ahora como campeones sudamericanos nos mueve la intención de tener la posibilidad de estar en la definición del torneo. Después veremos en qué condiciones llegamos a esa instancia, y no nos podemos olvidar de qué hay que hacer para llegar hasta ahí. Es diferente también porque la experiencia del cuerpo técnico es mayor; porque el grupo de jugadores es muy bueno desde el punto de vista futbolístico y humano, y porque tuvieron respuestas muy maduras a situaciones difíciles. Eso hace imaginar que podemos conformar un equipo de fútbol fuerte pensando en el objetivo que tenemos por delante. Igualmente, mi intención es que vivan una gran experiencia desde el punto de vista del enriquecimiento de su cultura, de su crecimiento como personas, y devolverles a los clubes un futbolista crecido y desarrollado con respecto al que nos dieron en el momento en que se inició este proyecto de sub 20.

 

La adaptación a la altura fue ocurriendo a medida que transcurría el Sudamericano a pesar de que a priori no era lo que deseaban.

La altura era un factor a considerar, pero nunca pensé que iba a determinar un resultado deportivo. Sí iba a influir, como otros factores: el rival, la estrategia, los jugadores, el momento, el día, etcétera. Como cuerpo técnico y como entrenador, todo lo que puedo atender está bueno por lo menos intentarlo. La altura era uno de esos ítems. Queríamos ir con una anticipación que nos permitiera no solamente una adaptación desde el punto de vista fisiológico, sino que también hubiera situaciones en las que pudiéramos ver cuáles eran las respuestas de cada chiquilín. Y fue así. Diría que los dos partidos más flojos fueron los primeros ante Venezuela y Argentina. Venezuela estaba desde el 26 de diciembre, por lo que su adaptación a la altura era perfecta. Pero había otras cosas en juego: ¿cómo un grupo de chiquilines soportaría desde ese día una concentración? Ese era otro tema del que se encargarían ellos. En nuestros primeros dos partidos, si bien no perdimos –empatamos contra dos rivales que fueron al Mundial, quiere decir que no eran tan fáciles– el rendimiento no fue óptimo. La cuestión de la altura la pudimos sobrepasar pero con cierta dificultad.

 

Para la disputa del Mundial la lista tiene que ser de 21 futbolistas y no de 23 como en el Sudamericano. A la hora de hacer ese filtro, ¿cómo se maneja la “tolerancia a la frustración”?

De 23 jugadores pasamos a 21, del grupo que jugó el Sudamericano hay que sacar dos. Y si se incorpora alguno, más también. Suena hasta difícil y raro: hay que sacar de un equipo que salió campeón, ¿con qué intención? Es por un tema de número, claro, ¿pero por qué habría que agregar o modificar un plantel? Porque es posible. Los que juegan bien al fútbol siempre tienen las puertas abiertas para integrar un equipo. Porque si bien ganamos el torneo, tal vez desde el punto de vista futbolístico veamos que hay que reforzar algún lugar o determinada posición. Además la incorporación de un futbolista no solamente enriquece por su aporte, sino que les da la pauta a los demás de que nadie tiene el lugar asegurado. Siempre sin mentirles, la preparación fue de esta manera y no vamos a modificar todo el grupo si la experiencia fue muy buena. Habrá que vivir esa instancia, pensarla, evaluarla y cuando llegue el momento tomar la decisión.

 

De los 23 campeones hubo tres que no vieron minutos, ese aspecto también debe ser difícil de manejar.

Emanuel Gularte estuvo enfermo en la primera fase y quedó muy atrasado en sus posibilidades y con los dos goleros me quedé con una pena bárbara pero [Santiago] Mele hizo un campeonato tremendo. Si con Venezuela nos hubiéramos podido coronar, Adriano Freitas jugaba el último partido porque fue un bastión del grupo. Siempre bien, un apoyo incondicional para todos, cuando hablábamos a nivel grupal él siempre tenía respuestas maduras, pensadas. Fue brillante. El tercer golero, Juan Tinaglini, tenemos claro que quizá no juegue. El segundo es la primera alternativa, y el tercero difícilmente juegue. Entonces, además de tener buenas condiciones, buscamos un perfil especial, que esté preparado para poder no jugar un partido y estar un mes viendo todo desde “afuera”. Eso no es fácil de encontrar en esta edad. Alguna decisión fue basada en eso, sabiendo que si todo es normal algunos jugadores no van a jugar, pero entonces se analiza qué aptitudes tiene para estar con nosotros: ¿es solidario?, ¿es compañero?, ¿es honesto?

 

¿Cómo manejaron la frustración después del partido con Venezuela en el hexagonal final?

Hubo que cerrar ese partido rápidamente, como lo habíamos hecho con todos aun ganando. Con Venezuela había muchas cosas que no debíamos repetir y otras cosas que teníamos que reiterar: la mentalización, la preparación del partido, a qué le dábamos espacio. No era decir “hay que ganar para salir campeón”. Está bien, entonces primero hay que preparar algo para ganar. Lo único que no se sabe en el fútbol es el resultado antes de jugar el partido. Lo queríamos, lo deseábamos, pero nada era seguro. Esa noche, después de la derrota con Venezuela, me quedé a mirar Argentina-Brasil. No creo en nada divino con respecto al resultado de un partido, pero sí creo que las cosas se van dando. Cuando Argentina le empató el partido a Brasil en la última jugada, en el último respiro, dejaba buenas cosas para nosotros. Primero, que Brasil ya no tenía chance de ser campeón, y después que Argentina forzosamente tenía que ganarle a Venezuela. Entonces, pensé: “Por algo pasan las cosas”. Al otro día descansaron, le quitamos drama a lo que había sucedido y hubo una linda reunión, que no estaba programada, en la que los dejamos hablar y manifestarse. Estábamos dos puntos arriba del equipo más cercano y faltaba un partido, si esta situación nos la presentaban antes de jugar el torneo nadie podía negarse.

 

En ese último partido con Ecuador aparecieron varios cambios en el equipo.

Seis. Había muchas cosas que condicionaban el partido en la previa, la carga de los 36 años sin salir campeones, la camiseta, la gente, los amigos. Pero le dimos más espacio a la preparación desde el punto de vista futbolístico. Queríamos tener argumentos para ganar el partido, sorprender al rival y tener gente fresca para jugar un partido de mucha intensidad y de mucho desplazamiento y recorrido. Sobre esos tres puntos armamos el equipo.

 

Usted dice que la sub 20 generó una identidad, ¿por qué?

Creo que entre las juveniles y el uruguayo hay una química muy fuerte. La sub 20 en particular es la de más relación con la gente porque ya son jugadores que juegan en Primera, los conocen, todavía no se fueron al exterior. Además, heredamos una historia de que Uruguay en esta categoría es ganador o por lo menos define. Y se estaba haciendo esquivo por varias razones: o porque aparecía un Neymar en Brasil, o por la altura, etcétera. Eso cada vez genera más cosas hasta que un día se logra. Se venía intentando y nos estábamos arrimando cada vez más.

 

El próximo paso es la preparación para el Mundial de Corea del Sur, ¿en qué etapa está la selección sub 20?

Si bien no la tenemos todos juntos, la preparación se está haciendo. Los chiquilines ya están jugando en sus clubes en Primera División, otros juegan en Tercera, hay algunos que nos interesa observar. Es una preparación a distancia. Como grupo se hará cuando armemos el calendario: comenzarán a trabajar todos juntos en la última semana de marzo o en la primera de abril.

 

Será su cuarto Mundial con una selección juvenil (dos con la sub 17 y dos con la sub 20), ¿su idea es seguir trabajando como formador o dar un paso más hacia los mayores?

La sub 20 es una combinación de formador, docente y entrenador-estratega, porque el futbolista está mucho más cerca de ser profesional y algunos ya están en Primera División o juegan en el exterior. Por lo tanto, aquel entrenador-educador se transforma en un entrenador-estratega, porque la sub 20 así lo demanda. De las juveniles es en la que estoy más cómodo porque me permite trabajar desde el punto de vista técnico táctico, armar estrategias, planificar partidos, ganar información y compartirla con los jugadores, proponerles desafíos desde el punto de vista futbolístico y colectivo. Si bien es una categoría juvenil estoy muy cerca del fútbol profesional, que es lo que me gusta. Un día lo voy a hacer, por lo tanto algún día tendré que empezar en ese aspecto. Así como el jugador se forma en juveniles, mi carrera en ese sentido también fue buena: hice la escalera de juveniles para llegar, algún día, a dirigir a los adultos. La prioridad hoy es la selección: me gusta, estoy cómodo, tengo experiencia, gané un espacio en un lugar que conozco. Pero hay que buscar el lugar. ¿Ir a la sub 15 otra vez? No. Habitualmente, desde que está el Maestro [Óscar Washington Tabárez] nadie hizo más de dos períodos seguidos en una sub 20 por una cuestión de posibilidades y de convencimiento porque él considera que dos períodos es suficiente para que un entrenador comience a trabajar en otro lugar.

 

Comenzó en la sub 15 en 2007; ¿qué cambios futbolísticos y sociales hubo en estos diez años que pasaron?

El chiquilín viene con las mismas cosas que venía en aquel momento. Hoy, mirar es una forma de aprender, y se puede ver mucho más que en años anteriores. La globalización le permite a ellos convivir con el fútbol mucho más que hace unos años. Con respecto a mí como entrenador he vivido experiencias muy grandes, muy fuertes, y he crecido mucho en todo aspecto. Ellos con el mundo han cambiado mucho. El adolescente y el mundo han cambiado mucho. En aquel momento, en la sub 15 de 2007, había dos computadoras en el hotel, hacían fila para usarla y entrar en Facebook, leer algún mensaje, relacionarse con la gente. Eso generaba ciertas cosas, yo veía sus respuestas. Hoy la relación de ellos con la tecnología no la ves porque están en su mundo, es más personal aun. Entonces, pasaron de hacer fila para usar las dos computadoras que había en el hotel en el que nos alojábamos en Porto Alegre a lo que pasa hoy: compartir información por intermedio del celular. Hay una persona encargada de eso –Pablo Batata Alonso, profesor de Matemáticas– que fue incorporado para este Sudamericano y ha sido un éxito: toda la información necesaria se le manda al futbolista al teléfono.

La etapa intermedia fue la de la sub 17 en el Mundial de México 2011, todos cargaban con su computadora y teníamos grandes conflictos al momento de controlar el uso de ese elemento. Con la evolución ha ido cambiando la formación. Hoy el teléfono es su medio de relacionamiento con el mundo y entre ellos.

 

Pero también hay tiempo de realizar otras actividades como grupo dentro de la selección en cada viaje.

Sí. Específicamente hablando de esta sub 20, en ese sentido  la primera fase nos vino notable. Este grupo necesitaba compartir, convivir, y la tranquilidad de Ibarra nos aportó eso. Estábamos en un lugar exclusivo para nosotros, fue muy parecido a lo que vivimos en la Posta del Lago cuando se organizó el sub 20 acá en 2015. Era un lugar donde había independencia pero todos estábamos relacionados en un patio central, salías de la habitación y te veías, estabas comunicado. Había verde, había una cancha de fútbol, tenía lugares para descansar, para recrear, era ideal para un retiro espiritual. Todo eso nos ayudó mucho, nos unió, y eso cada vez cobra más importancia en un plantel. Logramos la clasificación, nos fuimos para Quito al hexagonal final, y ahí ya pasamos a vivir la experiencia de estar en un torneo de nivel. El hotel era cinco estrellas, la alimentación era excelente, pero perdés independencia, convivencia, relacionamiento, empezás a convivir con la familia, el periodismo, los captadores, el torneo. El estadio estaba a dos cuadras, lo veías todo el tiempo, las delegaciones de los equipos estaban ahí nomás. En Ibarra para entrenar teníamos una cancha ahí mismo en el complejo u otra bien cerca a diez minutos; en Quito ya había que hacer 45 minutos de viaje para entrenar y otros 45 para volver.

 

Pero tiempo para conocer el lugar donde se está siempre hay.

Cuando nos tocó fecha libre en la primera fase hicimos una actividad. Como los partidos eran día por medio no había mucho tiempo. En el hexagonal fuimos a la mitad del mundo, pero ya cuando el cansancio y la fatiga se hacían una carga preferíamos que descansaran. Creo que es muy importante la recreación, la intención también es que se vengan con un conocimiento del país que han visitado.

 

¿Cómo analiza la decisión que se tomó con Rodrigo Amaral, uno de los capitanes de esta selección?

Si no compite da ventajas. Si bien se ganó la clasificación al Mundial, hay que potenciar el grupo en cuanto a futbolistas y a preparación. Mi opinión como entrenador es que esa preparación física aparte que están realizando con el jugador no es la ideal. Un jugador que necesita ritmo no debería alejarse del entrenamiento con un equipo. Me gustaría, por la importancia que tiene Amaral, que creciera en su preparación y no que se alejara de un equipo.

 

¿Cómo tratan la llegada de los contratistas que rodean a los jugadores de esta edad?

Es un tema complejo, pero no porque sea malo. A los efectos del deportista hay padres que son mejores que otros. Ojo, no entro en el amor que cada padre o madre tenga por su hijo. Lo que digo es que hay algunos que no los presionan, los apoyan; otros les exigen. Y el caso de los representantes es parecido: hay algunos buenos y otros no tanto. No es fácil de tratar. En el caso de Rodrigo [Amaral], con la relación de tantos años que tenemos con él, me parece que hubiera sido bueno que nos consultaran. Pero no por capricho. El torneo empezó el 20 de mayo, lo que se haya hecho el año pasado o lo que pueda proyectarse es un antes y un después; tenemos que estar en las mejores condiciones cuando comience el Mundial. Yo no le hubiera cambiado la decisión, tal vez, pero hubiera estado bueno que nos consultaran. Cuando vuelva a competir veremos cómo está.

 

Con vistas al Mundial, ¿qué pasará con Federico Valverde y Rodrigo Bentancur?

Si Real Madrid lo permite, y al parecer así será, Valverde será considerado. Bentancur está muy ilusionado, vamos a hacer las gestiones para que pueda estar. Él quiere estar, el cuerpo técnico de Boca siempre se ha manifestado a favor de que participe en la selección aunque ahora dicen que es muy importante para ellos. Veremos.

 

Sin haber entrenado en ningún momento en la preparación del Sudamericano pareciera que Bentancur calza justo con este proceso de selecciones.

Su primer partido fue contra Venezuela en el debut. Es un chiquilín muy mesurado, pero lo tiene incorporado porque no lo puede haber adquirido en un mes. Eso es parte de él. Rodrigo Bentancur es un crack. Es ideal para la selección, pero no es un producto de la selección. Estuvo un mes con nosotros y fue a competir. Hay cosas que uno intenta incorporar y transmitir durante años y él ya las tiene adentro, las manifestó en la competencia, como la manera de declarar y comportarse ante la derrota. Si vieras la tranquilidad que tenía el día del partido con Ecuador no lo podías creer. Pensábamos, en broma: “No sabe lo que nos jugamos”. Y lo sabía perfectamente, lo tenía claro, y jugó uno de los mejores partidos del Sudamericano.

 

“La formación de deportistas es el mayor resultado de las selecciones juveniles, y hay que mantenerlo”, me dijo en 2014. ¿Cómo analizá esa evolución?, ¿siguió en ascenso?

Es una evolución permanente. Los adolescentes cambian sus gustos, sus motivaciones, y la motivación de una persona está relacionada a la necesidad. Entonces hay que ir informándose y entendiendo qué es lo que quieren. Eso es lo más importante de este período de selecciones, que apunta a lo humano y demostró que se puede tener buenos equipos de fútbol y competir cuando se le da espacio a la parte de la persona por encima del futbolista. Sigo pensando que lo mejor es la formación. Estoy muy feliz por haber ganado el torneo, pero mi mayor felicidad radica en que fui parte de algo que ellos recordarán para toda la vida. La experiencia, la formación de un lindo grupo, las dificultades, las respuestas, todo eso me gratifica mucho más que el propio torneo conseguido. Me interesa la persona.

 

 

DIEZ AÑOS DESPUÉS

 

Fabián Coito cumplió diez años como entrenador de las tres categorías juveniles de la selección uruguaya. Comenzó a trabajar en el Complejo Uruguay Celeste en 2007, un año después de que surgiera el proyecto de selecciones nacionales de Óscar Washington Tabárez.

Su debut como entrenador de la selección sub 15 fue el 4 de mayo de 2007, en la victoria de Uruguay ante Estados Unidos 2-1, en un partido internacional amistoso. Con la categoría de los más chicos dirigió los sudamericanos de Brasil 2007 y Bolivia 2009 –en total estuvo al frente de la sub 15 en 37 encuentros, de los cuales ganó 24, empató dos y perdió 11–, para ser, desde 2010, el entrenador de la categoría sub 17 durante cuatro años. Con los seleccionados menores de 17 años debutó el 23 de junio de 2010 –un día después de que Uruguay le ganara 1-0 a México en el Mundial de Sudáfrica– con triunfo 2-1 ante Chile. Con esa selección Coito dirigió en 96 ocasiones: ganó 43 partidos, empató 23 y perdió 30, y dirigió los sudamericanos de Ecuador 2011 y Argentina 2013. En ambos casos consiguió la clasificación a los mundiales (México 2011 y Emiratos Árabes Unidos 2013). En la Copa del Mundo que organizó México la sub 17 de Coito se quedó con el segundo puesto del torneo al perder la final con los organizadores 2-0 en el estadio Azteca.

La historia de Fabián Coito al frente de la selección nacional sub 20 tuvo su puntapié inicial el 15 de abril de 2014, otra vez con Chile y con victoria 3-0. En esa categoría de los celestes disputó tres torneos oficiales: el Sudamericano de 2015, con sede en Uruguay –en el que consiguió el tercer puesto–, el Mundial de Nueva Zelanda del mismo año y el Sudamericano de Ecuador 2017. A su pasaje por las divisiones formativas hay que agregarle la participación en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, en los que la selección sub 22 de Uruguay obtuvo la medalla de oro tras derrotar en la final a México 1-0. El 2016 empezó con la preparación de una nueva selección –algunos futbolistas repetían de la sub 20 anterior– que competiría en enero de 2017 en el Sudamericano de Ecuador. La historia ya es conocida. Uruguay fue campeón; salió primero en el grupo A, con ocho puntos –empató ante Venezuela y Argentina y le ganó a Perú y Bolivia–, y en el hexagonal final ganó los primeros tres encuentros ante Argentina, Brasil y Colombia, perdió ante Venezuela y dio la vuelta después de ganarle a Ecuador en Quito. La celeste perdió un solo partido en todo el Sudamericano y logró el título con cinco puntos de diferencia sobre los otros tres clasificados al Mundial de Corea del Sur (Ecuador, Venezuela y Argentina), que se disputará entre el 20 de mayo y el 11