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El fútbol no tiene memoria, por Pablo Aguirre Varrailhon




GONZALO CHORI CASTRO, DEL PORONGOS DE TRINIDAD AL MUNDO

 

Ambiente distendido y natural en la sede y estadio del Club Atlético River Plate en el Prado. En una mesa bajo un frondoso árbol lo esperamos después del entrenamiento, junto al sol y pájaros cantando en armonía, a pocos metros de dos canchas de fútbol 5 donde juegan niñas y niños con moño escolar. Gonzalo es el último en salir del vestuario, recién vestido de “civil”, sin los “tarros” y las pilchas de entrenamiento.

El entrevistado nota el calor y trae botellitas de agua bien frías para todos; nada puede fallar. Había que romper el hielo para repasar su pasado, presente y adivinar el futuro.

 

Gonzalo o Chori, ¿por qué te dicen así?

Por mi padre. Mi padre en realidad es el Chori, yo soy el Chori chico. Lo que pasa es que ahora yo soy el Chori, y él es Chori viejo [ríe]. Mi viejo salía en los carnavales como bailarín, y cuando se movía se “quebraba como chorizo seco”, como dice el dicho, y le quedó el Chori. Viste que el chorizo seco vos lo querés quebrar ¡y no se termina de romper! [vuelve a reír]. Y de ahí la barra le puso el sobrenombre.

 

Tus hermanos también juegan al fútbol

Mis hermanos están jugando: Juliana en Defensor, Francisco en Nacional de Flores, y Lucas (el más chico, tiene 17 años) en Porongos. Mi viejo jugó 25 o 30 años en Porongos. Si no me equivoco jugó hasta los 42.

 

Tu hermana, tu padre y vos tienen algo en común acá en el Saroldi.

Varias cosas, sí. Mi viejo jugó una previa de Copa Conmebol (1996). Clasificaron por una liguilla y les tocó jugar con River, que siempre con los de Porongos comentamos que no nos dejaron jugar el partido de ida en Flores: lo jugamos en San José y empatamos 2-2. Y acá sí nos ganó bien River. Tengo una foto y varios recuerdos con él acá en la cancha [se refiere al Saroldi]. Tenía esa costumbre, hasta los 14 o 15 años, entraba como “mascota”. Mi padre jugaba de cinco, o volante por fuera, incluso de lateral. Siempre más marcador que creador.

 

¿Cómo fue tu infancia en Trinidad?

Muy linda. Los recuerdos del barrio… bueno, hasta el día de hoy tenemos un grupo con los amigos del barrio Independencia y tenemos una relación muy linda. Trinidad es una ciudad chica y nos conocemos todos. Jugaba en Porongos, después un año en Nacional de Flores, volví al club e hice todo el baby fútbol hasta los 13 años. Teníamos un buen equipo y con muchos nos vemos hasta hoy. Los que estamos en Montevideo nos juntamos una vez al mes, alguno propone un lugar y es la excusa para vernos.

 

Sos muy arraigado a Trinidad.

Siempre tira Flores…

 

¿Cómo sobrellevaste la lejanía estando en Europa tantos años?

Estaba haciendo la carrera, lo que me gusta, jugando en el primer nivel mundial de una de las grandes ligas. Disfrutaba ese momento y sabía que cada seis meses regresábamos a Flores o a Durazno, de donde es mi señora. Ahí nos turnábamos, un rato en cada lado. A veces se hace difícil juntar la familia, porque están los chicos, y nosotros a veces tenemos libre un lunes o un martes y van a la escuela. Pero siempre que podemos nos hacemos un lugar para ir.

 

¿Cómo nace la vinculación para venir a Nacional?

Había venido a Nacional con 12 años a una prueba y ya querían que me quedara, pero mi vieja prefería que no. Le dimos la palabra a Nacional pero tenía que seguir estudiando. No quería que estuviese lejos de la familia. Al año se me dio la oportunidad de ir a Durazno, entonces estudiaba en Flores y jugaba allá, eso fue hasta los 17 años. Jugaba en un cuadro llamado Juvenil, pero en la semana practicaba en Porongos. Como jugaba en Durazno me tocaba jugar en su selección y tenía que ir todos los días. Me turnaba quedándome en casas de compañeros y para estudiar volvía de madrugada.

 

Pero ya jugabas con mayores.

Sí, después de los 15 ya jugaba con los mayores en Durazno. No jugaba siempre pero alternaba. Y tuve un torneo donde Juvenil me prestó para jugar una fase de grupos [de la Copa de OFI] a Porongos. Cuatro o cinco partidos con 16 años. Al año siguiente ya se dio el pase y me vine a Montevideo.

 

¿Es duro el fútbol del interior comparado con el profesional?

Es fútbol. El fútbol uruguayo tiende siempre más a destruir que a construir, por lo que todo se empareja mucho. Y ha sido duro siempre. Ahora acá un poco menos por el tema del VAR, o que hay veinte mil cámaras. Y como me decía mi viejo: antes vos entrabas al área y era una guerra a ver quién pegaba primero. Si no te veía el juez y el línea marchaste, ¡cuarto árbitro no existía! Cambió todo y creo que para bien del juego. Puede pasar igual, uno que llega tarde a la jugada, pero no a hacer daño a propósito. Pero sí, se ve más el roce en el fútbol del interior.

¿Seguís el torneo de OFI?

Sí, lo seguimos a Porongos y si cuadra lo acompañamos. Yo me crie y mi viejo pasó una vida ahí. Mi madre era la cocinera, y viajábamos con papá cuando jugaba. Ahora mis padres están de nuevo como los cocineros, pero ya no soy mascota [ríe a carcajadas].

 

Los Castro son referentes en Porongos…

Y sí, mi padre jugó muchos años y estuvo tres veces de las cuatro que Porongos fue campeón del interior (1988, 1994 y 1995).

 

¿Cómo fue llegar a Nacional con edad de cuarta división?

Ya me había acostumbrado cuando jugué en Durazno, entonces no tuve problemas en dejar la familia, la casa. En Nacional yo me quedé en la residencia (unos cuatro meses), y como tenía unos tíos, la hermana de mi padre, me mudé con ellos. Lo principal pasó a ser el cambio de compañeros que es algo habitual en el fútbol cada temporada.

 

¿Qué jugadores admiraste de chico o tenías como espejo?

En mi época miraba mucho a Julio César Dely Valdés, cuando estaba en Nacional y hacía goles todos los partidos. A Ruben Sosa y Enzo Francescoli también los miraba mucho. Cuando fui creciendo, uno que admiraba cuando arranqué era Andrés D’Alessandro que aparecía en River argentino, junto a Cavenaghi, Saviola, Aimar… una camada que tenía cosas para ver. Uno mira, trata de sacar algo, pero en realidad no nos parecemos en nada uno a otro y cada uno tiene que construir su propio yo. Un pedacito acá, otro allá, lo que te dice un técnico y otro te vas construyendo porque es la manera de encontrarse uno mismo y hacerse como jugador.

 

¿Como juvenil en qué puesto aspirabas jugar?

Yo era enganche, un puesto que desapareció. Entonces cuando llego a Nacional todavía se jugaba con enganche pero en primera ya no. En ese momento estaba Daniel Carreño y jugaba con una línea de tres o cuatro volantes y dos puntas, por lo que me tuve que adaptar a jugar de volante o punta. Así me manejé en mi carrera, media punta al lado del nueve, o volante por fuera que fue donde más jugué en Europa. Algunos técnicos en el transcurso del partido me mandaban de media punta. En un equipo pasó que éramos tres zurdos, uno por derecha, otro de punta y otro por izquierda pero con libertad de movernos y elegir donde jugar. Uno de mis fuertes es la asistencia, no es que me guste más que hacer un gol pero me reconforta y mis números en esa función son mejores.

 

¿Es difícil construir nuevas relaciones cada año en un grupo?

En Uruguay es más fácil por las costumbres. En cambio cuando vas a otro país se nota. Vos llegás y también viene gente de otros países, cada uno con su manera de actuar, su religión… Cuando fui a Europa me juntaba más con argentinos, brasileños, sudamericanos en general. Pero no es por no compartir con el español, sino que tenés mayor afinidad. Por suerte nunca tuve un problema con nadie en ese sentido. Soy de relacionarme, trato de ser abierto y de buscar integrarme no importando el origen de los otros. Si después no funciona, bueno…

 

Cuando volviste, ¿sentiste algún cambio importante en el fútbol uruguayo después de once años jugando fuera del país?

No muy grande, esa es la realidad. Al fútbol uruguayo le cuesta. Ahora, de a poco, los clubes están invirtiendo en infraestructura, que es un poco la carencia que tenemos. Porque jugadores sobran y yo creo que van a seguir saliendo, y si les facilitamos que tengan mejor infraestructura con mejores canchas, por ejemplo, a la larga es mejor para nosotros y para el espectáculo.

 

¿Y el aspecto físico?

Y… acá terminás corriendo menos porque algunas canchas no te ayudan a jugar rápido, entonces están siempre bien parados y el esfuerzo es menor. En el fútbol uruguayo se te hacen fuertes los equipos que se meten atrás y te juegan de contra.

¿Es verdad que el profesionalismo en Europa se aprende de otra manera? ¿A vos te cambió en tus hábitos?

Eso sí, la verdad que lo noté en Nacional también al regreso. Se mejoró mucho en juveniles, por ejemplo en hábitos alimentarios, ya que el fútbol se vuelve cada vez más físico, y si no estás bien te pasan por arriba. Lo técnico tiene que estar, pero si no acompañás con físico no jugás, fíjate que en el puesto del 10 que jugaba dos metritos para acá y dos para allá, desapareció. Y no solo en el fútbol, la gente en general también apuesta a lo físico, por ejemplo, con el crossfit, zumba, la alimentación, etcétera. Y algo que en Uruguay no cambia, por ejemplo, es en no alimentarse con mariscos, pescado. O solo comés milanesa de pescado, es un tema cultural.

 

¿Cómo afectan las redes sociales a los jóvenes que comienzan su carrera? En tus comienzos no había.

Creo que afecta mucho, para bien o para mal, pero afecta. El tema es aprender a usarlas. Con 15 años publicás una foto

–porque te puede pasar– con la camiseta de Peñarol porque sos hincha y capaz que más adelante te toca ir a Nacional, pero esa foto quedó guardada y las redes te matan. Vos lo hiciste con todo el amor por tu club, pero te toca ir a otro y eso te puede poner en contra a la gente para tu carrera; eso pasa factura. Leer las redes sociales es lo peor que hay: primero que se esconde el que te insulta, porque no viene acá a la puerta a decírtelo; y está el que lo lee. A mí no me importa, ya esto me agarró grande y sé que tengo que escuchar a mi técnico, los compañeros y la familia. Después pasa que las redes pueden hacer echar un director técnico, a ponerte la hinchada en contra, en eso el tema mediático es jodido, difícil, y tenés que aprender a convivir con eso pero no es fácil para los chicos.

 

¿En Europa trabajan con psicólogos? Es un aspecto cada vez más importante en el deporte.

En los equipos hay psicólogos, y creo que acá también se está implementando. Es importante, está la presión de jugar en Nacional o Peñarol y con 17 años estabas tomando mate en la plaza con tus amigos –siendo un desconocido– y pasar a tener que ganar el domingo, y el otro domingo también, y así. Ganar y rendir, con toda la gente atrás.

 

¿Cómo lo llevaste en tus inicios?

Bastante bien, pero a mí me gusta y cuando el partido es más difícil, mejor me siento. Después depende de la cabeza de uno, la concentración, el día a día no es fácil porque en la calle se vive mucho, no es solo jugar. Tenés que estar preparado no solo en la parte técnica, táctica, sino preparado mentalmente: el fútbol de elite es muy exigente. Ganaste 4-0 hoy y el miércoles tenés que ganar de vuelta, y si no ganás no te perdonan ni se acuerdan que ganaste hace unos días. Como decimos nosotros: el fútbol no tiene memoria. Nacional ya ganó el bicampeonato, el tricampeonato se le puede complicar y es todo negro, todo malo.

 

Fuiste a Mallorca, ¿cómo es vivir en la isla?

Es espectacular. En España, sea el equipo que te toque, está en una ciudad muy buena, en general es un país muy lindo porque tenés todo y con la facilidad de tener el mismo idioma. Un club que tenía el objetivo de salvarse del descenso y nada más, cumpliendo con eso está todo bien. Al Mallorca ahora lo maneja un grupo de Estados Unidos que comenzó en 2015, yo ya me había ido. Pero cuando estaba en 2009, el club había ingresado en Ley Concursal. Ponen gente a manejar el club y hasta que no se pague toda la deuda los ingresos los manejan ellos. Entre 2005 y 2010 la mayoría de los clubes españoles ingresaron en esa ley por la crisis, fue muy jodido. Después los clubes se sanearon y comenzaron otra vez.

 

¿Ves viable ese modelo en Uruguay?

La gran diferencia es que la televisión paga mucho dinero. Pero mucho dinero. Creo que llega a ser 80% de los ingresos de un club que te asegura armar un buen equipo. En la liga española el cuadro que sube a primera maneja 30 o 40 millones de dólares de presupuesto. Después están Barcelona y Real Madrid que manejan 300 millones. El problema es que hay disparidad con el resto, no como en Inglaterra que es más parejo.

 

Los españoles son más parecidos a nosotros: dos equipos acaparan mucho…

Sí, en España hacen eso y en la televisación lo hacen ver, mientras que los ingleses no, es más parejo y eso hace que el torneo sea más equilibrado. Pero en el fútbol uruguayo no hay ingresos grandes por televisación. La diferencia con Nacional y Peñarol es eso, y después ellos manejan un buen número de socios. ¿Entonces los demás clubes qué tienen que hacer? Tienen que vender, apuestan a los chicos. Yo sé que la gente quiere ganar la Copa Libertadores, pero para eso también tenés que invertir. Ves los equipos brasileños y argentinos e invierten para salir campeón y acá no tenemos ese capital para invertir; podés pelear un año, estar ahí… pero lo veo muy difícil por un tema de lógica de mercado y encima se te llevan los mejores jugadores.

 

Viviste los mejores momentos de la liga española, justo cuando salen campeones del mundo y Uruguay obtiene el cuarto puesto, ¿cómo se vivió esa euforia?

En el Mundial [Sudáfrica 2010] yo estaba de vacaciones en Uruguay y tuve que volver antes de que se jugara el tercer y cuarto puesto porque empezaba la pretemporada. Para Uruguay estar peleando el torneo, fuerte y con posibilidades es lo mejor que te puede pasar como uruguayo. Verte con la ilusión de saber que el Mundial ¡está ahí, que se puede ganar! Pero bueno, fue Holanda que nos tocó, y ya a ese nivel te tocan grandes selecciones, si estás en una semifinal no es porque te regalen las cosas. ¡En Flores cuando terminaban los partidos hacíamos caravana! Y España ya había ganado una Eurocopa en 2009 que se había vivido con una euforia grande y después el Mundial, años muy buenos de la selección española.

 

Jugaste en Real Sociedad. ¿Los vascos cómo toman a la selección española?

Bien, no es que la sientan tanto… pero bien, la respetan. Cuando llegué ya estaba acordada la paz por lo que había sucedido, y habían entregado las armas [se refiere a ETA]. La gente hincha por España, no todos, son más bien simpatizantes. Fijate que la selección tampoco va a jugar ahí… Al estadio de la Real Sociedad no va, a Bilbao no va… Juegan en Andalucía, Sevilla, Córdoba, Madrid… A Barcelona no sé si van. El tema político es pesado, se hace sentir, por más que hayan llegado a un acuerdo existe un recelo entre Cataluña, País Vasco y el Estado, aunque no como antes.

 

El Clásico Real Sociedad versus Athletic Bilbao, ¿es pasional como acá?

Sí, sí, son muy pasionales, pero allá cada uno es hincha del equipo de su ciudad. Los de San Sebastián son de la Real Sociedad, y cuando vas a Bilbao lo mismo, hay rivalidad. Pero cuando vas a la cancha no hay tanto fanatismo. Mi suegro con mi concuñado estaban en Bilbao cuando fuimos a jugar y un amigo de San Sebastián los invita para ir a la previa del partido. Y ellos iban un poco asustados en la parte del casco antiguo de la ciudad y estaban todos los de la Real, los del Bilbao… ¡todos juntos! Tomando algo, se sacaban fotos, cambiaban bufandas de los equipos, y ellos no lo podían creer viendo lo que es un clásico acá con una hinchada por acá y otra por allá para evitar problemas. Allá puede existir un problema pero es mínimo, cada uno grita por lo suyo y listo. ¡Ellos no podían creer que se jugara un clásico y estuvieran todos juntos!

 

El 19 de enero de 2013, con Real Sociedad juegan de local contra el Barcelona de Messi, Xavi, Iniesta, Puyol, equipo que saldría campeón ese año. Van 25 minutos y pierden 0-2. Y aparece un muchacho…

Y el 20 de enero es San Sebastián, fecha patria… En los tres años y medio que estuve Barcelona de local no nos ganó nunca. No sé por qué, pero no nos ganó nunca, siempre lo complicábamos. Pero en ese partido hice el gol del descuento en el primer tiempo, la peina Antoine Griezmann, controlo afuera del área y la cruzo. En el segundo es una jugada entreverada, pateo y roza en Iniesta –creo–, descoloca a Víctor Valdés y empatamos el partido. Un ratito después hacemos el tercero, imagínate. Nos ayudó irnos con el gol del descuento al entretiempo, si no nos hacían cinco, no te perdonaban. En el partido de la primera rueda (visitante), primera fecha y primer partido que jugaba hago el 1-0, pero nos metieron cinco… Por suerte en San Sebastián le dimos vuelta el partido de atrás, y cuando termina nos invitan al Ayuntamiento a izar la bandera por el día de San Sebastián. Fue espectacular: le ganamos al Barcelona en esa fecha y después que seas un invitado de honor… ¡no iba cualquiera!

 

Al Real Madrid también le hiciste goles.

Sí, creo que dos, a Casillas y López, al Barcelona cinco o seis.

 

¿Te recuerdan allá?

Sí, más que nada en las redes cuando cumplís años. Lo que me gustó mucho fue que la Liga misma hizo un video de jugadas y goles míos que te hace pensar que algo bueno hicimos [ríe]. Los clubes te recuerdan, y también dejás amigos que es lo lindo del fútbol al conocer otras culturas y otras personas.

 

¿Entre ellas está Lionel Scaloni, el actual entrenador de la selección argentina?

Sí, Scaloni tiene una linda aventura en Porongos de Flores… En los 100 años del club fue invitado Nacional, y como yo iba a jugar en Porongos me piden si puedo invitar compañeros que estaban en Europa. Y bueno, vino Juan Albín, el Cebolla Rodríguez, Chengue Morales y… Lionel Scaloni. ¡Y jugaron eh! El primer tiempo fue empate a un gol que lo hizo el Cebolla, y después, bueno, se hicieron los cambios y ganó Nacional. ¡Hay foto! Hicimos una buena amistad, vino a mi boda en 2011. Es un loco lindo, un crack. Andaba complicado pero se hizo un rato para venir. Como soy amigo de Poroto Germán Lux, muchas veces fui a Carcarañá (Argentina) que queda cerca de Pujato, de donde es Lionel. Entonces iba a lo de Poroto y a verlo a él. Por suerte tenemos una relación que perdura.

 

¿Por qué no jugaste más en la Selección?

¡Eso hay que preguntarle a Tabárez! [ríe]. Fui citado un par de veces, jugué amistosos y después es jugar y esperar la oportunidad. Después es decisión del cuerpo técnico y hay que aceptarlo. Yo estaba tranquilo porque en mi club estaba haciendo las cosas bien. Si yo me merecía más que otros, es una decisión del técnico, no mía. Los momentos que fui los disfruté y era mágico cada vez que vestí la Selección. Hincha soy, ¡salía en caravana por Trinidad! Aparte uno tiene amigos en la Selección.

 

¿Qué es más fuerte emocionalmente, una Copa Libertadores o una Champions?

Para mí la Copa Libertadores. Es el día anterior del partido… de visitante… en Brasil se pasa jodido con los fuegos artificiales. Ahora es más tranquilo porque actúa la Conmebol. Esa presión es linda. Capaz que no podés descansar, pero es muy lindo y si hacen esas cosas es porque algo pasa, un poquito de miedo tienen [risas].

 

¿La mayor emoción con la camiseta de Nacional?

Salir campeón.

 

¿Más que un clásico?

Sí, ser campeón es redondear el trabajo del año. Ganar los clásicos, también, pero si tengo que elegir uno prefiero ser campeón. El clásico no deja de ser un partido, muy importante por todo, por la gente… Yo prefiero el campeonato no solo por el trabajo individual, sino lo grupal, el día a día, y llegar a la copa es poder decir “lo logramos”.

 

¿Si te dan a revivir un momento, un gol?

Incomparable el gol que hice en el clásico [el del Intermedio 2019, disparo de afuera del área]. Es único, por cómo se dio, cómo veníamos nosotros, no muy bien, y ese clásico fue el cambio de chip nuestro que nos llevó al campeonato. Pero también era un clásico que podía marcar si tocaba perder… Al final salió redondo con ese golazo en un partido que fuimos muy superiores a Peñarol y lo ganamos bien por 3-0. Sin excusas, sin nada. A veces aparece el tema del árbitro, o algo… ¡no hubo nada en ese partido! Solo que fuimos superiores a ellos, y ese gol… bueno, le dicen el clásico del Chori. A mí me marcó mucho.

¿Para venir a River, Juliana te dio referencias? Ella jugó hace unos años.

Le pregunté un poco cómo era el entorno, pero algo conozco y también tenía referencias de compañeros, como Michael Santos (hoy en Talleres de Córdoba). Acá es chiquito y se conoce todo. Cuando tomamos la decisión sabíamos que veníamos a un club ordenado que está tratando de hacer las cosas lo mejor posible. Ahora nosotros trataremos de responder en la cancha con el objetivo de clasificar a una copa internacional. No solo por el prestigio de jugarla, también ayuda económicamente, no nos vamos a mentir. Es un respiro grande para los clubes.

 

¿Por qué elegiste River? Me imagino que tuviste varias ofertas.

Hubo varias. Primero, yo quería jugar en primera división. Tuve ofertas de equipos de la B, y más del exterior… Pero quería quedarme en Uruguay. Me vine de Europa por eso, ya quería instalarme y no volver a salir. La vuelta fue un tema familiar, dijimos con mi señora: ya cumplimos; estuvimos once años afuera, tenemos dos niños de seis y ocho años. Cuando nos volvimos tenían tres y cinco de edad, era el momento justo, y pude ir a Nacional. Y estar cerca de la familia. Uno que podía ser era Defensor, pero no se dio. Apareció River, hablé con el Chavo [Gustavo] Díaz, tuvimos una buena conversación. Vinimos a sumar a un plantel joven, con algunos “viejitos” [ríe] que estamos ahí para dar una mano y tratar de potenciar esa juventud.

 

¿Sentís diferencia con los árbitros? No es lo mismo un grande que un club en desarrollo.

No, no… Los árbitros se pueden equivocar, es parte del juego. Tampoco soy mucho de hablar y meterme con los jueces. Trato de respetar. No soy de los que hablan todo el tiempo. Si hablo, es para ayudar, para que el partido fluya. Pasa que en el fútbol uruguayo hacés un gol y empezás a hacer tiempo, que esto, lo otro… Claro, de 45 minutos terminás jugando 15 o 20 minutos. No está bueno para el espectáculo. Y uno si habla con el juez es para eso, para jugar, porque ellos terminan tomando las decisiones. Puede haber alguna discusión por algo… pero alguna vez… Trato de tener mucho respeto: ya salir del vestuario, que te estén puteando… es sacrificado, y son parte de que el juego salga bien.

 

¿Cómo pasaste esos meses que no jugaste?

En familia, disfrutando. Tratando de tomar unas vacaciones, lo hablábamos con mi mujer que nunca habíamos tenido vacaciones en verano. Porque si veníamos de España era invierno acá. Hacer las cosas que por el fútbol no podés con los amigos, la familia.

 

¿Entrenabas de algún modo?

Sí. Estuve un mes y medio que no hice nada, lo tomamos de vacaciones absolutas. Y como el torneo empezaba en abril sabía que tenía tiempo. Iba al gimnasio de unos amigos todas las mañanas con Sebastián Fernández, sabiendo que podíamos ir a un equipo en cualquier momento.

 

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

Como una buena persona. Tratando de ser buen compañero en cada lado que estuve, eso es fundamental. Después si jugaste bien o no está en los “fenómenos” que analizan el fútbol. Mientras digan que fui buena persona y buen compañero me alcanza.

 

¿El fútbol tiene poca memoria?

¡Cortita! [ríe].

 

¿Te deja amigos el fútbol?

Deja amigos [lo dice firme]. Muchos compañeros, y amistades que esperemos mantener en el tiempo.

 

¿Qué futuro imaginás para vos? ¿Director técnico?

Director técnico, no. Trabajar voy a trabajar.

 

¿Periodista?

Mmm… no descarto [risas]. Descarto en el momento ser técnico. No tengo el curso hecho, y aparte sería estar metido en la misma rosca. Quiero salir un poco, llevo veinte años casi, desde el 2002, en el fútbol profesional. Tenés responsabilidades, tenés presión, ¡y te la ponés vos mismo esa responsabilidad! De momento quiero salir un poco, el tema de técnico lo quiero dejar apartado. Quién te dice que en dos o tres años quiera serlo. Tengo caballo de raid, quiero correr alguna carrera. Y después sí quiero trabajar, de representante, de periodista… pero de algo hay que trabajar porque queda mucha vida por delante. Por suerte estoy bien, hice una buena carrera.

 

¿Hay Chori para rato?

De momento, mientras me sienta útil, pueda ayudar y las lesiones me respeten, sí. Yo soy un agradecido a mi físico, tuve solo lesiones musculares de recuperar enseguida. Tuve una fractura cuando tenía diez años que fue lo que más me costó recuperar. Y las lesiones musculares son parte de la exigencia. Pero si puedo ser útil, seguiré jugando.

 

 

 

Juliana, “la mejor de los Castro”

 

Ella arrancó en baby fútbol y después tuvo problemas porque no la querían dejar jugar. Ahí mi madre hizo todo lo posible para lograr que pudiera hacerlo. Juliana no se daba cuenta, pero mamá la pasaba mal por eso: no entendía por qué no la dejaban jugar. Era baby fútbol, siete u ocho años. Mi madre incluso vino a hablar a Montevideo y al año siguiente pudo jugar mixto hasta los 13 o 14 años. Después le sale la oportunidad de jugar acá en Montevideo, entrenaba allá entre semana y el fin de semana venía a jugar. Siempre que podía la acompañaba, y como siempre decimos: de los Castro es la mejor [ríe]. Y los números lo demuestran. Lamentablemente no tuvo la oportunidad de hacerse profesional porque recién ahora está el fútbol femenino dando pasos importantes en ese sentido, comparado con lo que es a nivel mundial. Ojalá siga creciendo.

 

 

 

 




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