Logo

Dejen jugar al Tanque, por Adrián Marcelo López Hernaiz, Adriano (La Plata, Argentina)




EL REGRESO DE SANTIAGO SILVA A LAS CANCHAS SE CELEBRA COMO UN GOL

 

Santiago Silva nació en Montevideo hace 41 años. Gran parte de su trayectoria como futbolista profesional la hizo en Argentina. Sus mejores pasos fueron vistiendo las camisetas de Banfield y Vélez Sarsfield, en donde se destacó como goleador de equipos sólidos que salieron campeones. También llegó a vestir –entre otros clubes– la pesada casaca de Boca Juniors.

 

Alcanzó notoriedad debido a un conjunto de factores: excéntrico para festejar sus anotaciones, calvo por elección, máximo goleador uruguayo en el fútbol argentino y trotamundos que lleva defendidos veinte equipos en siete países (diez de Argentina, cuatro de Uruguay, dos de Italia, uno de Brasil, uno de Chile, uno de Alemania y uno de Portugal).

A simple interpretación, parecería que hay algo de inestabilidad en sus caminos, dado que no llegó a asentarse más de dos temporadas en una misma institución.

Desde otro enfoque, la historia cambia: un deportista que inicia su carrera a los casi dieciocho años y hoy sigue vigente –firmando contrato con Aldosivi de Mar del Plata, de la Primera división del fútbol argentino–, significa que tiene una condición atlética digna para seguir perteneciendo al alto rendimiento.

Y aquí está el punto.

A finales de 2019, Silva fue noticia por haber dado positivo en un control antidopaje mientras defendía los colores de Gimnasia y Esgrima La Plata. Gracias a una medida cautelar presentada ante la Justicia, el delantero pudo continuar jugando. Fue en su paso por Argentinos Juniors que se conoció la decisión final: quedó ratificada su penalidad de dos años sin jugar profesionalmente, sanción que caducó el último 11 de diciembre.

¿La sustancia prohibida? Ni drogas sociales ni suplementos con la intencionalidad manifiesta para aumentar su resistencia física. Nada de eso. Lo que detectó el análisis fue una medicación con testosterona en un tratamiento para ser padre.

Para un futbolista de su edad, una sanción de tal naturaleza habría significado el retiro de la actividad.

Sin embargo, Silva resistió. Tuvo la dignidad de anunciar públicamente un asunto que nunca debería haber salido del ámbito privado, pero lo hizo a los únicos fines de demostrar su inocencia. Además, hubo causa común en distintos protagonistas del mundo del fútbol, incluida una manifestación que se viralizó por internet y que contó con el apoyo de colegas, periodistas y aficionados: #DejenJugarAlTanque. Quienes no parecieron acusar recibo fueron las esferas de poder que gobiernan el fútbol a nivel nacional, continental y mundial.

El problema de fondo pasa por cuestiones éticas, políticas y sociales. ¿Toda ley es legítima? ¿Qué costo tendría sentar jurisprudencia en un caso como el que aquí se menciona? ¿Siempre la sanción es ejemplar?

Suele ser un tema álgido de discusión la presencia de dopaje en el deporte. Está claro que debe ser condenada si se intenta obtener una ventaja, porque ello alteraría el ejercicio de la actividad en igualdad de condiciones. ¿Pero qué sucede con los adictos a drogas sociales? Quitarles la posibilidad de trabajar en algo que ayuda a su recuperación física y mental sería un contrasentido.

Si bien lo de Silva va por otro carril, también merece ser analizado. Castigar a una persona por querer formar una familia es de una falta humanitaria demasiado grande. Duele que el deporte –vinculado a la salud, la integridad y la creación de lazos– no siempre mantenga esos valores en su práctica profesional.

El espíritu amateur de Silva es lo que mantuvo vivo su deseo: cuando alguien es víctima de una injusticia, no le queda otra que seguir de pie, sin bajar los brazos y con la dignidad de saber que cada adversidad lleva consigo aprendizajes.

Los verdugos ni siquiera reparan en estos asuntos. No les importa. Están más ocupados en justificar sus cargos que en cuidar a los protagonistas, acaso lo más noble que tenga –en este caso– el fútbol.

#DejenJugarAlTanque es una bandera.

Ojalá que en todas las canchas lo aplaudan como reconocimiento a su constancia y que esas ovaciones sean como “tener de hijo” a los que lo despojaron por querer ser padre.

Su regreso vale más que cualquier gol.  

 




Para acceder a todos los artículos suscríbete.