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Confiar y esperar, por Diego Martini Lemos




LUIS GOROCITO, LA PELOTA, LA REINA Y EL DESPUÉS DE MÉXICO

 

Son las cuatro de la tarde y la luz del sol pega fuerte en Aguascalientes, lo cual viene bien cuando el frescor se hace sentir por esta época. Adentro todo es igual, nada es mejor. Algunos juegan al fútbol, se la pasan y gambetean, a las risas. Otros tiran de tres, prueban con tabla, y van abajo a buscar el rebote. Otros, unos que se creen pinchesgringos, le dan al bate y corren a la base para no quedarse atrás pensando que son Babe Ruth. Hace una hora que Goro le juega una partida a un compañero y no puede con él. Se toma la barbilla, piensa. Esto no es como en el área, donde se mueve como pez en el agua con su tamaño. Acá le da al marote y busca la mejor opción para derrocar a la reina blanca, que ya tiró a varios para afuera. Entre un caballo y un alfil, a la avanzada de algunos guapos peones, va, a la uruguaya. Jaque y el rey queda arrinconando entre tres, un paso en falso y la queda. Pero Goro no se confía, sabe que su compañero es bueno y que va a zafar. Un movimiento y sale, raspando, pero la vuelta sigue y hay que terminarla.

Así se mueve la tarde en el Centro de Reinserción Social en Aguascalientes (Cereso para varones), uno de los 31 estados que conforman a México, la casa de Luis Gorocito desde 2014, cuando se fue desde Racing Club de Montevideo en busca de sueños, esos mismos sueños que lo marcaron de guacho, cuando vivía en La Aguada y se movía por el barrio, después de las clases en la escuela 133, yendo a jugar a la plaza del Palacio Legislativo. Su papá era el DT. Después cruzando de barrios, para irse hasta el Cohami, de la Liga Paso Molino del baby, en las viviendas de Millán y Lecocq. Jugaba en el medio, con la 10, moviendo la guinda como el argentino Pipo Gorosito, con la de River Plate o San Lorenzo, a quien llegó a junar alguna vez por TV y por quien su padre tenía especial paladar.

Lo vieron y lo quisieron tener. Primero Liverpool, apenas un año, y luego Racing, donde creció y se formó, ya jugando como referencia de área. Todo pasó rápido. Tenía 18 años, y el mismo DT que lo había tenido en cuarta y tercera, Osvaldo Streccia, lo subió a primera a hacer la pretemporada con el equipo. Le tocó debutar un tiempo después, con Jorge Giordano como DT, ante River Plate, por el Apertura 2012 en el Saroldi. Unas fechas después, en Sayago, cuando Racing perdía 2-0 con Cerro, puso el descuento, anotando su primer gol en la máxima categoría. Luego vino Miguel Piazza al equipo y, con él como DT, le anotó un gol a Juventud y otro a Peñarol, en el Estadio.

El campeonato 2013-2014 fue el suyo. Líber Quiñones, su amigo y referente en la cancha, se había ido a Danubio, por lo que el mote de goleador le quedaba a él. No defraudó. Marcó ocho goles en el equipo de Rosario Martínez y tuvo una tarde tremenda con tres ante Miramar Misiones. Igualó con Líber Quiñones en la tabla, solo tres por detrás de Romario Acuña, Iván Alonso y el Chapa Blanco. Para el Clausura, Racing tuvo a Mauricio Larriera, con otra forma de juego, más ofensiva, que lo tenía para definir las varias situaciones de gol que aparecían. Marcó seis, por lo que completó catorce en la temporada, seis menos que el goleador absoluto del torneo, Romario Acuña, con la de Cerro.

 

Ándale, manito

 

Sus goles, su disciplina, su esfuerzo, hicieron que el Necaxa mexicano se fijara en él y comprara su ficha para disputar el ascenso en 2014. Viajó, firmó contrato y se acopló bárbaro al equipo de Miguel Fuentes. Debutó el 31 de julio por Copa MX y logró marcar su primer gol por el campeonato ante Zacatepec. Terminó con cuatro tantos el campeonato 2014-2015. El campeonato 2015-2016 lo tuvo al frente, de nuevo, marcando dos goles en los primeros cinco partidos. Jamás imaginaría que el 15 de agosto, ante San Luis, volvió a extrañar tanto el vestuario y estar a la orden para entrar.

Tampoco imaginaría que después de todo lo bueno, pudiera venir lo malo. La madrugada del 16 de agosto una riña en un bar, al que había ido con amigos y con su compañero de plantel Alejandro Molina, terminó mal. Luis Mariscal, un joven de 22 años, perdió la vida en noviembre por lesiones recibidas esa noche.

De un momento a otro a Goro lo esposaron, lo subieron arriba de una camioneta policial y lo trasladaron a Fiscalía. Pasó una, dos y seis noches detenido. Los medios tomaron el hecho enseguida como carne de cañón, las redes explotaron. Lo trataron de asesino y le dieron en el piso.

Lo privaron de su libertad, acusado de homicidio doloso y lo trasladaron a prisión, junto a su compañero Molina. En 2017 la carátula del caso pasó a “homicidio culposo generado en riña” y en el proceso judicial fueron pasando cosas raras. A Gorocito le tocó estar preso cuatro años y él sabe, y tiene bien claro, que no mató a nadie. “Esta es mi verdad, vos podés creerme. Pero al joven que falleció, y lo lamento profundamente porque me pongo en el lugar de su familia, y sobre todo de sus papás, yo no lo toqué”.

El camino no fue sencillo, el caso se hizo mediático y hubo que aguantar y ser cauto. Goro sabía que no podía desesperar y la llevó lo mejor que pudo, luchando como un león. Su familia fue su gran sostén, firmes y dándolo todo.

 

Esta es mi revolución

 

El sábado 21 de setiembre de 2019 quedó marcado en el calendario. Salió de la cárcel. El corazón explotaba y la energía rebotaba hasta en su rostro calmo. Estuvo con el viejo, que se fue a vivir a México para estar cerca de él, acomodó la jugada y se vino volando a Montevideo. Fue todo de golpe, el movimiento encima, el ruido, los autos, el avión. “Me empecé a marear. Era demasiada intensidad”. Volvió a casa, donde estaba mamá y las hermanas, los amigos, el barrio. De ahí a la cancha, su lugar en el mundo. Y se fue hasta Sayago, derechito, por Millán.

Racing estaba peleando el descenso y recién había asumido como DT Eduardo Favaro. Esa semana era especial, de clásico ante Fénix, y el Negro quería estar ahí. Llegó y entró a su lugar. Abrazó y se emocionó con el Peludo Julio, el utilero del club, y se fue guiando por lo que lo sorprendía. Líber Quiñones, que había ido a buscarlo al Aeropuerto, lo hizo sentir de nuevo en casa, al tiempo que saludaba a los compañeros que no conocía.

Un día y a la cancha. Se calzó los cortos y volvió a entrenar. Quería explotar de felicidad, saltar, correr y hacer 800 goles. Pero tenía que estar cauto. Esta era su revolución y su camino. Volviendo a ser, volviendo a querer. Entrenando duro y ver qué podía pasar después.

El sábado fue a la cancha, la gente lo saludaba y le daba para adelante. Clima especial, de clásico. Los equipos a la cancha, y la foto. “Bienvenido, Gorocito”, decía el cartel con el que posaron los jugadores de Racing. Y se emocionó. Estaba de nuevo acá.

La historia continuó, Racing bajó a Segunda División y Gorocito siguió trabajando duro, guiado por la pintada en la pared de la puerta del vestuario cervecero: “Trabajo, respeto, humildad, disciplina”. Firmó contrato, y otra vez a las canchas.

Con el Grillo Biscayzacú al mando, pandemia de por medio, Gorocito volvió a pisar el césped en la primera fecha ante Rampla Juniors, el 12 de agosto, con triunfo de su equipo por 2-1, ya con 27 años. “Me tocó debutar en el primer partido y estaba tan metido que casi no se me pasó por la cabeza la situación de volver. En el ómnibus me caían mensajes y ahí me cayó la ficha. Fue que me emocioné y me di cuenta de que volvía. En la cancha no me di cuenta”.

 

¿Cómo te sentís ahora después de todo lo que viviste, del proceso y de estar de nuevo jugando?

Estoy muy contento. Estoy agradecido. Con mi familia, con mis amigos, con mi representante, con Racing. Llegar temprano al vestuario, aprontar el mate, charlar con compañeros, prender la estufa, entrenar, valorás todo eso en el día a día. Lo extrañaba tanto que lo hago con todo el gusto del mundo. La responsabilidad, el horario, el vivir para esto. Me levanto hasta una hora antes para estar, y ya vivo el entrenamiento o el partido.

 

¿Por qué ni bien llegaste a Uruguay te fuiste enseguida para la cancha de Racing?

Es mi segunda casa. En ese momento quería sentir la situación del fútbol, gracias a Dios la gente del club y el cuerpo técnico de ese momento me permitieron entrenar. Llegué un sábado al mediodía a Uruguay, el lunes ya estaba en el Roberto saludando y el martes estaba entrenando. Si bien lo primero que querés ver es a tu familia y tus seres queridos, era esto. Porque es pasión, es el sueño de chico. Volver a este lugar, de donde salí.

Te da nervios volver al vestuario, cambiarte, ver las caras conocidas. Volver a pisar una cancha, eso no tiene explicación con palabras.

 

¿Cómo cambiaste rápido el chip después de salir de prisión para volver a la sociedad?

Cuando venía en el vuelo desde México tenía dolores de estómago. Porque es otro ritmo, te mareás. Veía autos, movimientos, y el ritmo te confunde. Me mareaba por ver la velocidad y el ritmo de la ciudad, el ruido. Muchas veces me sentía mal. Todo eso lo tenía que ir acostumbrando de nuevo al cuerpo. Empezamos de a poco. Cuando llegué me recibieron notable. Racing siempre tuvo grupos humanos buenos, buenas personas. Se acercaban a ver cómo estaba, me preguntaban cómo había sido la situación, cómo lo había llevado.

 

Entrar a la cancha, patear la pelota, sentirte jugador de nuevo… ¿Cómo fue?

El primer contacto con la pelota me hizo acordar a cuando debuté en primera. Parecía que vivía todo de nuevo. Los pies tienen memoria. Me hicieron acordar cuando a veces me equivocaba y metía algún gol [ríe]. Era mucho el entusiasmo, pero traté de bajarlo a tierra y estar tranquilo. Estaba emocionado, pero intentaba que de afuera me vieran tranquilo.

A medida que iba entrenando, si bien lo venía deseando desde hacía mucho, traté de estar tranquilo. Obviamente en el día a día me daba emoción.

 

¿Qué es lo que has trabajado desde que llegaste?

En Racing me dieron la confianza de que manejara todo tranquilo, que no quisiera hacer cosas que quizá el físico no estaba acostumbrado. Lo principal es el tema físico, la figura física. Cuando jugaba estaba fino. Ahora intento mejorar eso. Tengo que bajar de peso de a poco y ganar musculatura. Entreno en el club, voy al gimnasio, me cuido en las comidas.

No me pongo presiones. Objetivos sí. Ir sumando minutos, y que el equipo ascienda. Estoy soñando con hacer un gol, pero lo primero que quiero es aportarle al club. Si me toca entrar a defender lo haré. Tengo que estar preparado para poder aprovechar esos momentos.

 

¿Pensaste que no ibas a jugar más profesionalmente?

Hubo un momento en que pensaba que el fútbol se me iba, pero el apoyo de mi familia me dio la confianza de querer intentarlo. Pasar de no querer volver, a ponerme el chip de que cuando me tocara salir, iba a volver. Por eso cuando salí era una emoción de que se me iba a dar de nuevo, mi familia me pedía que me enfocara en mantenerme bien. Mis padres y mi hermana fueron un pilar en eso.

 

¿Volvés para atrás a aquella noche del 16 de agosto?

No voy tanto para atrás, si no te hacés daño. Pensar qué hubiera pasado si no hubiese estado ahí esa noche... Ya pasó. No te podés torturar con esa situación, si no nunca vas a avanzar. Muchas veces me preguntaba qué hubiese sido de seguir en Necaxa. ¿Dónde estaría ahora? Pero mi presente es este, mi objetivo es ir paso a paso y pelear ese ascenso.

 

Estuviste cuatro años privado de libertad, en un país que no era el tuyo, ¿cómo estuviste?

Fueron momentos difíciles. Sentía mucha frustración. Había momentos en los que me desesperaba, pero gracias a Dios no me tocó vivir situaciones difíciles. Tenía mi pilar, que era mi familia y mis seres queridos. Estaba todo el tiempo en contacto con ellos, siempre para adelante, siempre positivos. Si no se daba algo, igual me alentaban a seguir, a seguir creyendo. También el estar ocupado ahí, haciendo deporte, estudiando, trabajando o haciendo algún curso. Mantenía la cabeza ocupada en el día a día, con buenos compañeros. Hacía ejercicio o deporte, o estudiaba. Eso me hizo bastante llevadero ese tiempo. Obviamente no es fácil, alejado de tu familia, privado de tu libertad. Pero todo eso me hizo mantenerme enfocado.

 

¿Qué cosas hacías adentro para mantenerte enfocado? ¿Cuánto influye eso en tu día a día?

Todos los días jugaba al fútbol, básquetbol, había gimnasio. Había un área de carpintería y hacíamos algún mueble o algún cuadro que podíamos vender. También se podía estudiar. A mí me gusta mucho el ajedrez y quemaba mucho jugando ahí. Había actividades para que no estuvieras sentado todo el día pensando lo que vivías. Capaz alguna vez estuve acostado, porque hay días o fechas que te pegan. Pero yo era de los primeros en salir y apoyaba a mis compañeros que vivían la misma situación.

 

¿Cuánto de fútbol había adentro de la prisión?

En cada celda podías tener tu TV. La Liga mexicana la pasaban por canales abiertos, yo veía la liga los fines de semana y la copa entre semana, casi todas las noches fútbol. Había una cancha grande y otra más pequeña. Siempre se armaban equipos y había campeonatos.

 

¿Hiciste muchos goles ahí?

[Se ríe]. Hice muchos. Teníamos lindo equipo, buenos jugadores. Jugaba de cinco. Estaba en el medio y trataba de organizar el equipo. Si yo jugaba arriba, atrás era un relajo. A los nenes les apasionaba ir para adelante.

 

¿Cómo te afectó que todo el tiempo se hablara de vos, que te señalaran, que te dijeran “asesino”? Estaba tu versión, la de la Fiscalía y la de los medios, que no te jugaba a favor.

Sonaban muchas versiones. En algún momento me angustiaba porque no decían cómo fue realmente. Yo sé lo que hice, y lo que no. Soy consciente. Desde el día uno le decía al abogado, a mi familia, para que consiguieran los videos de la plaza y vieran la situación real. Vos si querés podés creerme o creer la versión. Pero un video de un banco, que solo la jueza puede solicitar, nadie lo puede editar, era una prueba clave para ver cómo fueron las cosas.

 

Vos sabías que te peleaste con un joven, pero con el que lamentablemente falleció no te involucraste…

Al muchacho que falleció no lo toqué. Yo respondo, intercambio golpes con el primero que me agredió. Pero no lo toqué a él, por suerte se ve eso en los videos. Lamentamos mucho lo que pasó. Nadie quería que pasara eso. Te ponés en la situación de los padres, de su familia.

 

¿Hubo cosas raras en el proceso judicial?

Hubo varias cosas en el proceso, fue un caso muy mediático. La primera jueza tenía una presión muy grande. Ella tenía como prueba las declaraciones de ellos. A nosotros nos hundía eso. Cuando llegan los videos esa jueza declara que no coinciden con la declaración. Justo cuando va a cambiar todo, a ella la sacan y ponen a otro juez. Eso quizá me hizo pensar que podía haber algo detrás. Las pruebas estaban, se veían y estuvimos ese tiempo. Fiscalía pedía que estuviéramos cincuenta años. Ellos estaban día a día pidiendo más tiempo. Cuando aparecieron los videos, ellos desaparecieron. Incluso solicitamos de nuevo la declaración de los ofendidos, pero no se aparecieron. Nunca aparecieron. Eso nos demoró meses, porque se solicita, no van, se pone multa y volvés a solicitar.

 

A medida que eso pasaba, transcurría el tiempo para vos, privado de tu libertad, encerrado. ¿Qué hacías? ¿Cómo te mantenías emocionalmente? ¿Llegaste a ver el video?

Estar fuerte de cabeza es lo más importante, tener calma. Sabía que tenía las pruebas y quería que la situación cambiara. Era consciente que si me desesperaba adentro, los desesperaba a todos y se volvía un caos. Trataba de estar tranquilo y que manejaran todo los que estaban afuera. Vi los videos en una audiencia, en los juzgados. No vi lo que había pasado con el joven, luego en los videos se ve claramente. Era consciente de lo que había hecho, y obviamente lo lamento. Es una vida. Nadie quería que pasara eso, que se viviera la situación. Sabíamos que los videos legalmente podían aclarar la primera versión.

 

¿Las cosas que sentías las hablabas con alguien? ¿Cuánto te cambió la cárcel?

En la cárcel hablaba con algunos compañeros, con mi familia. Lo que sentía. Si te guardás cosas, se te acumulan y es un caos. Me apoyaba con mis compañeros, dándonos aliento y metiendo mucha cabeza.

Hoy veo el mundo distinto. Valorás mucho las cosas y pensás más. Jamás me imaginé que podía pasar eso, tampoco provoqué la situación. Si hoy me enfrento a una situación así, o vas por la calle con el auto y chocás, pensás antes de actuar. Y valorás mucho más todo, las charlas con tus padres, con tus hermanas. Salir a tomar mate. Cosas a las que no le dabas importancia.

 

¿Sentís que sos una persona más completa por la experiencia que viviste?

Lo bueno, lo malo, te sirve de experiencia para ser mejor persona. Valorás las cosas. Quizá muchos que me conocen dicen que estoy más tranquilo, algunos me dicen que mantengo la misma energía. Eso va en lo que te toca vivir. Si quizá me tocaba tener que sobrevivir en el día a día, capaz la cabecita no era la misma. Pero gracias a Dios no me tocaron esas situaciones. Yo trato de valorar todo, ahora, lo que tengo, lo que soy.

Creo que cada persona es diferente, pero todos necesitan esa rehabilitación. Si vos en vez de trabajar querés hacer relajo, seguramente salís y hacés lo mismo. Las posibilidades para cada uno están para que cambie algunas situaciones de su vida.

 

¿Qué te llevás de la cárcel?

Me llevo amistades. Si bien hay gente ahí adentro que cometió delitos y pagaba su condena, hay gente que también está injustamente. Pero yo valoraba lo que hice con todos. Porque somos seres humanos. No soy nadie para juzgar a las personas. Eso lo valoro, con compañeros internos, como también con la familia de otros internos que iba conociendo. O mismo algún custodio con el que podíamos hablar, o los trabajadores sociales. Eso lo valoro mucho. Me llevo consejos y hasta hoy mantengo trato con gente que aún está detenida, o con alguno que salió. Unos compañeros me regalaron un juego, que es una especie de ludo con dados. Pasábamos noches jugando ese juego, me lo mandaron desde México a Uruguay.




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